Con fundamento: Fe, creencia, confianza, fidelidad

Por: Bernardo Moncada Cárdenas…

«Oración, ayuno y caridad fraterna conforman esa práctica ascética que es el signo sacramental de la Cuaresma… Esta práctica ascética trata de expresar, durante la Cuaresma, esa fe por la que Cristo es todo para nosotros y para el mundo».
— Luigi Giussani, 16 de febrero de 1975

Año tras año, en los países de tradición católica, el Miércoles de Ceniza abre el tiempo de Cuaresma. Muchos salimos del templo con la frente tiznada, a menudo como una evidencia visible de cumplimiento. Durante los siguientes cuarenta días nos privamos de algunos gustos, cumplimos prácticas recomendadas y procuramos “portarnos mejor”.

Es una tradición sana. Pero puede reducirse fácilmente a un ritual casi mágico: cumplir para sentirnos protegidos, para obtener algo que necesitamos —salud, trabajo, incluso un cambio político— o para tranquilizar la conciencia. Cuando eso ocurre, la Cuaresma se convierte en un código anual de sacrificios y buenas intenciones.

Sin embargo, vivir este tiempo es algo más hondo: expresar con gestos concretos «esa fe por la que Cristo es todo para nosotros y para el mundo».

En el lenguaje cotidiano solemos usar como sinónimos cuatro palabras que en la experiencia cristiana no significan exactamente lo mismo: fe, creencia, confianza y fidelidad. Entre ellas hay un recorrido que va de la mente a la vida.

La creencia es el término más visible. Creer es afirmar que algo es verdadero: que Dios existe, que Cristo es el centro de la historia, que la vida tiene un sentido que supera la muerte. A lo largo de los siglos, la Iglesia formuló esas convicciones en expresiones compartidas, como ocurrió en el Concilio de Nicea.

Pero el cristianismo no se agota en repetir fórmulas. Se puede profesar muchas verdades… y vivir como si no tuvieran consecuencias.

Ahí aparece la fe en un sentido más pleno. En el Nuevo Testamento, especialmente en las cartas de San Pablo, la fe no es solo aceptar ideas, sino comprometer la existencia. Es relación.

Cuando los Evangelios muestran a Jesús de Nazaret hablando de la fe de alguien, no está evaluando un examen doctrinal; reconoce una actitud de reconocimiento, apertura y entrega.

La confianza es el corazón de esa actitud. Porque creer que Dios existe cambia poco si no confío en Él. Confiar implica apoyarse, aceptar que no todo depende de mis cálculos. En una cultura obsesionada con el control y la inmediatez, confiar resulta casi contracultural.

Sin embargo, la fe cristiana es precisamente esa confianza activa en una promesa, incluso cuando el panorama no es claro.

La fidelidad, en cambio, introduce la dimensión del tiempo. Todos podemos vivir momentos intensos de fe. La fidelidad es lo que sucede después: permanecer. Seguir creyendo cuando surgen dudas. Seguir confiando cuando la realidad no coincide con nuestras expectativas.

La Escritura insiste en que Dios es fiel; no retira su alianza ante cada tropiezo humano. La respuesta coherente es intentar vivir esa misma constancia.

Podríamos resumirlo así: la creencia tiene que ver con lo que afirmo; la fe, con lo que decido; la confianza, con cómo me apoyo; y la fidelidad, con cuánto tiempo sostengo esa decisión. Son dimensiones distintas de una misma experiencia.

En tiempos donde fe y razón suelen presentarse como opuestas, conviene recordarlo: creer no es apagar el pensamiento; es admitir que la realidad puede ser mayor que nuestra medida. Confiar no es ingenuidad; es una opción libre frente a la incertidumbre. Ser fiel no es terquedad; es coherencia con lo que se ha descubierto como verdadero y valioso.

La Cuaresma, entonces, no es solo un catálogo de prácticas religiosas. Es una oportunidad para que esas cuatro palabras dejen de ser conceptos y se vuelvan experiencia. Se empieza creyendo, se aprende a confiar, se decide vivir en fe… y se madura en la fidelidad.

Vivir la Cuaresma es seguir estas prácticas sin ínfulas, como instrumentos expresivos, como palabra todavía balbuciente, infantil, caótica y torpe, que trata de responder al inmenso amor de Cristo. Cuando eso ocurre, la Cuaresma deja de ser simple norma anual y se convierte en fructífero y cierto camino personal de transformación y de relación con la realidad.

18-02-2026

“Comunicación Continua no se hace responsable por las opiniones y conceptos emitidos por el articulista”