Con fundamento: Fuera del perol

Por: Bernardo Moncada Cárdenas…

Todos repetimos que nada será igual después de la pandemia. Imposible decir con exactitud qué efectos futuros tendrá la pandemia, pero con o sin ella vivimos una época en que “nada es igual mañana”. Los cambios se suceden a velocidad tan grande, y sus consecuencias se dispersan en direcciones y de maneras tan impredecibles,  que aquella certeza del porvenir, típica de inicios de este siglo, es hoy incertidumbre angustiosa. Los grandes temas que parecen ser la política y la economía se tornan tan indescifrablemente caóticos, que se prefiere hablar de una supuesta nueva moral, o de las veleidades menudas y chismorreos que ruedan en las redes, como si fueran grandes temas.

Lo único cierto es que el futuro puede pintarse apocalíptico, y no sabemos si vamos a parar en el paisaje urbano de propuestas cinematográficas como Terminator y Blade Runner, o en el escenario des-urbanizado, distópico y tribal, de Mad Max.

Estamos ante el mundo multipolar donde cada pequeño polo parece la mecha de un explosivo, donde el terrorismo sustituye las grandes guerras; donde China se yergue como un imperio capitalista con esencia comunista que arroja su sombra sobre todo el globo, mientras que, por otro lado, una poderosa y bien financiada agenda cuya estrategia se asoma ya desvergonzadamente, impone las premisas de un nuevo totalitarismo, un poder globalizado a través de esas redes que supuestamente traerían libertad y cultura.

Menos clamorosamente, también encontramos un nuevo humanismo que se expresa en la Economía Naranja, en el reclamo cristiano de una espiritualidad del Bien Común, la nueva ecología, la nueva vía para la libre empresa, redimensionada en los emprendimientos y las PYME. Mientras una fuerte inversión de conocimiento y recursos se va hacia la inteligencia artificial y la manipulación y explotación de las masas, otra va hacia la creatividad personal, las tecnologías limpias, la masificación de la agricultura orgánica, la política de lo que el Papa Francisco denomina Amistad Social, y las organizaciones intermedias que compiten con los partidos mediando entre el ciudadano y el poder.

Frente a la Economía Naranja, propuesta de una fuente de ingresos basada en la cultura y el arte, promotora del turismo, los museos, la difusión del saber, la actual Venezuela parece plantearse la alternativa de una Economía Roja o la que llamaremos Economía Azul. La primera reivindica la anacrónica posibilidad de un mundo dominado por el Estado, abanderado del socialismo comunista, sostenido por una cultura unidimensional y controlada, como todos los aspectos de la vida social, cuyos resultados ya se han hecho más que evidentes. Se apuesta a raspar la olla del petróleo y se agotan yacimientos minerales irreemplazables para sostener una oligarquía improductiva, un nuevo-riquismo que se empeña únicamente en dominar, gastar y substraer. La ribera opuesta, cuya imagen la da la autodenominada Oposición, hasta ahora parece plantear un regreso al pasado petrolero, a una democracia sostenida por ingresos incomparables e inversión foránea, y regida por liderazgos carismáticos, personalistas y populistas. Es cierto que asoman con fuerza creciente alternativas que escapan a esa forzada disyuntiva, colectivos que en la práctica están ya desarrollando otras propuestas, basadas en el valor del trabajo, de la cooperación, de lo educativo, de la responsabilidad social. Hay grandes empresas familiares que han prevalecido sobre la estimulación del caos y la ruina, internacionalizando sus productos y su plataforma, hay universidades privadas que han logrado tomar el ritmo de los adelantos y requerimientos planteados por este cambiante entorno, enfatizando su impacto social. Y no ha habido pretextos para quedarse atrás.

El pueblo venezolano parece en gran parte seducido por las corrientes de opinión que se mueven en las redes y que vocean los dos polos opuestos que se enfrentan por el poder. Pero ¿obedece esa percepción a la realidad? Puede ser que, con menos razonamientos, la gente esté más abierta de lo que se cree. Existe esa mayoría silenciosa que se expresa discretamente por debajo de los gritos arrogantes de los contrincantes, que para sobrevivir interactúa sin distingos de etiquetas ideológicas, y está preparada para formarse y emerger dando pie a una realidad que desafíe los males y las frivolidades que se quieren imponer los medios y la industria del entretenimiento, mientras la mayor parte del planeta padece hambrunas y violencias.

Para que haya futuro, no basta con cambiar una hegemonía por otra. El trabajo de recomposición que necesitamos no puede limitarse a rearmar el mismo rompecabezas que nos puso en el disparadero de 1998, ni subir al poder a quienes consideran estar en la cola con un derecho auto-designado. Hay que cobrar conciencia de la dimensión de los cambios necesarios no solamente en el fuero interno, sino de cara a un mundo desbocado, y vencer. De otro modo seguimos apuntando fuera del perol.

09-06-2021