Con fundamento: Mérida 465, oportunidad en múltiples frentes

Por: Bernardo Moncada Cárdenas…

«Inducir al ciudadano o al visitante a un nuevo contacto con la ciudad, recobrando su capacidad de maravillarse, su afecto, es construcción de ciudadanía y libertad, una tarea necesaria que conscientemente asumimos, pero que no debería limitarse al grupo de quienes la emprendimos. Rescatar la relación estética, afectiva, con la realidad ambiental que nos rodea, y lanzar una campaña para hacerlo con niños y adultos, es posible, necesario, ¡y, además, gratificante!» (Patrimonio y persona, septiembre 28 2022)

Poco menos de año y medio atrás, terminaba así una de mis columnas elogiando los valores que el patrimonio construido ofrece para la vida cívica.

Con los primeros atisbos de lo que la arquitectura significa como hecho humano, allá en los inicios de mis estudios, ya insistía en un permanente lamento y reclamo acerca de la indiferencia de ciudadanos y gobiernos ante el deterioro de nuestra imagen urbana.

Por pequeños que fuesen los logros en el rescate y preservación del patrimonio urbano, cada uno aparecía como significativa victoria, en una cruzada poco prometedora. Bien fuese por poca disponibilidad presupuestaria, o menguada voluntad política, poco o nada se ha hecho por evitar que la belleza del ambiente construido se trueque en ruina y desperdicio. Y no solamente faltan acciones que protejan los elementos característicos de la identidad ambiental, sino que ha progresado el vandalismo.

Dados semejantes antecedentes, no llamó nuestra atención el vistoso lanzamiento del Plan Mérida 465 ante los medios, “con el propósito de preservar la memoria histórica de la ciudad de Mérida”, acto realizado por el gobernador del estado el 17 de octubre del año pasado. “Sus motivaciones -pensamos entonces- tendrán el gobierno central y el regional para haberlo lanzado, amanecerá y veremos”.

Como inesperada respuesta, el inicio de 2024, previendo la conmemoración de los 465 años de haber sido fundada, comenzaron a verse acciones que, a creciente escala revisten el casco central con reparaciones y mejoras generadoras de la revitalización estética del mismo, acciones que se prolongarán al menos hasta octubre.

Al releer el alcance inicialmente establecido por el plan, y compararlo con el avance comprobado de lo hecho hasta ahora, podemos decir que el equipo de profesionales, integrando talento humano local y capitalino, ha rebasado las bondades anunciadas, hemos de reconocerlo; hasta la “Capilla de Piedra” (Nuestra Señora de Coromoto) construida por Juan Félix Sánchez en San Rafael de Mucuchíes, fue recuperada.

La imposibilidad de costear las extensas reparaciones requeridas por nuestra Catedral Basílica, por parte de la arquidiócesis, se vio vencida por la inversión que ahora recibe a través de esta labor. El plan 465 está resultando exitoso como iniciativa que el sector oficial -por los motivos que hubiese- adeudaba a la ciudad a lo largo de varias gestiones.

Ahora bien, lo que en cuanto a intervención positiva en el entorno físico del merideño se realice, no resultará un verdadero éxito si el merideño no los asume como su beneficio personal y comunitario.

Si el ciudadano no se educa en una conciencia de lo que significa el privilegio de habitar un espacio lleno de valores que todos disfrutamos y a todos nos enaltecen, de modo que quien pueda invertir en conservarlo y ponerlo en valor, invierta, y quien simplemente lo aprecie y trate con amor, lo custodie, poca duración tendrá lo realizado.

Porque no solamente el visitante que experimenta a Mérida, bien sea por razones de expansión o laborales, siente los beneficios de una ciudad que respeta y embellece su interesante memoria, sino quien es el transeúnte cotidiano que la usa los siente, aunque no se dé cabal cuenta de ello.

Este Plan 465, tan insólito como provechoso, representa una gran oportunidad para Mérida en múltiples frentes. Entendiéndolo así, todos debemos inducir al ciudadano o al visitante a un nuevo contacto con la ciudad, recobrando su capacidad de maravillarse, su afecto, ya que es construcción de ciudadanía y libertad, una tarea necesaria que conscientemente asumimos, pero que no debería limitarse al grupo de quienes la emprendimos. Rescatar la relación estética, afectiva, con la realidad ambiental que nos rodea, es posible, necesario, ¡y, además, gratificante! No está demás repetirlo.

07-04-2024