Con fundamento: Miércoles de ceniza, Venezuela 2024

Por: Bernardo Moncada Cárdenas…

«La felicidad del pobre parece

la gran ilusión del carnaval:

la gente trabaja el año entero

por un momento de sueño

para vivir la fantasía

de rey, o de pirata, o jardinero,

y todo se acaba el miércoles

Vinicius de Moraes (traducido) “La felicidad”

«Comienza hoy, miércoles de Ceniza, el itinerario cuaresmal de cuarenta días que nos conducirá al Triduo pascual, memoria de la pasión, muerte y resurrección del Señor. La Cuaresma nos ayuda y así salimos de las costumbres cansadas y de la negligente adicción al mal que nos acecha. En el tiempo cuaresmal la Iglesia nos dirige dos importantes invitaciones: tomar más viva conciencia de la obra redentora de Cristo y vivir con mayor compromiso el propio Bautismo.» Papa Francisco, 10/03/2014

Como declaraba el Papa veinte años atrás, vuelve el Miércoles de Ceniza, comienza el camino cuaresmal. Los creyentes practicantes acuden multitudinariamente a las iglesias para ser ungidos con la cruz de tizne, gesto que habla de penitencia y conversión.

Con el Miércoles de Ceniza quedan cerrados, en cambio, el carnaval y -en Mérida- las Ferias del Sol; todo se acaba el miércoles y los últimos juerguistas despiertan con dificultad para reincorporarse a la brega cotidiana, mientras las aparatosas (y costosas) tarimas son velozmente desmontadas, los artistas continúan sus giras con nuevos dólares en las maletas. Canta Serrat: “Vamos bajando la cuesta, que, arriba en mi calle, terminó la fiesta”. Muchos voltean amargamente sus bolsillos vacíos, aunque nadie les quite lo bailado.

Pensando en el futuro del país y del mundo, vemos que, durante el lapso de viernes a martes de carnaval, el intercambio de inculpaciones en que se va tornando la arena política a medida que se acercan las elecciones no ha cesado: por el contrario, es más ruidoso y colérico. Ciertos gestos arbitrarios del poder oficial quieren mostrar una invencibilidad que ningún ser humano tiene, impulsando el clamor iracundo del bando opuesto (tal vez con la intención de distraer el diseño de estrategias electoralistas). La contienda no conoce pausas, como las guerras que estremecen otras latitudes. Pobres de quienes seguimos noticiarios y redes.

El pueblo habrá necesitado esos días de bulliciosa distracción para sobrellevar un momento como el presente, pero ahora necesitará la esperanza de una nueva vía que fortalezca personal e interiormente, ante la vorágine de una realidad que es difícil de soportar y, más aún, de cambiar. Esa vía nos la ofrece la Cuaresma.

La Cuaresma nos ayuda y así salimos de las costumbres cansadas y de la negligente adicción al mal que nos acecha. Mas no se puede iniciar un camino, como el de la Cuaresma, sin tener conciencia del cansancio, de asumir la decepción y la tristeza, consecuencias inevitables de una vida vaciada de significado. Peor aún, de la vida de un cristiano que no se apoya más en Cristo.

“Conversión”, es un término deteriorado en el ámbito religioso. La palabra «conversión» –explica René Guénon- puede tomarse en dos sentidos totalmente diferentes: su sentido original es el término griego metanoia, que expresa un cambio del alma, o una «metamorfosis intelectual». Esta transformación interior, como lo indica la etimología de la palabra latina (de cum-vertere), implica al mismo tiempo una concentración de las potencialidades del ser, y una especie de «virarse» por el que la persona pasa «del pensamiento humano a la comprensión divina».

La palabra “penitencia” es la penalidad por una falta, o la disciplina que busca nuestra autocorrección depurando pasiones y sentidos. La penitencia es la acción consiguiente al tomar conciencia de la gran ilusión (espejismo, quimera) del carnaval de la vida, “del cansancio, de asumir la decepción y la tristeza”. Cuaresma significa literalmente “cuarentena”, en la que conversión y penitencia no son resultados de un juzgarnos despiadadamente con moralismos, sino necesidades de un mal que -quizá inconscientemente- soportamos muy dentro de nosotros mismos. No las vivamos como golpes de rejo, sino como caricias sanadoras.

¿Y todo se acaba el miércoles? Hoy, Miércoles de Ceniza de 2024, que no todo acabe, que sea más bien un comienzo. ¿Y si aprovechamos para que nuestro corazón deje de estar determinado única y principalmente por la conciencia de nuestras limitaciones, de los errores de que somos responsables, de nuestra vulnerabilidad ante la mentalidad y las calamidades del mundo? Dejemos de insistir sólo en el mal.

14-02-2024