Con fundamento: Urgente: Claros en la incertidumbre

Por: Bernardo Moncada Cárdenas…

«…debido a algunos riesgos y límites de la cultura de hoy. En ella se manifiestan: la ansiedad nerviosa y violenta que nos dispersa y nos debilita; la negatividad y la tristeza; la acedia cómoda, consumista y egoísta; el individualismo, y tantas formas de falsa espiritualidad sin encuentro con Dios que reinan en el mercado religioso actual»

Papa Francisco, Gautete et exsultate

« Profe, ¿Usted sí cree que saldremos de esto?»

(Interrogante con el que nos saluda cualquier andino en la calle)

El evidente y brutal drama que vivimos en Venezuela no es preocupación tan grande como debe serlo esta atormentadora confusión  con que se lo experimenta. Ha sido el mayor éxito de los retorcidos asesores pagados por el régimen diagnosticar nuestra penuria de sensatez como pueblo, diseñando una agenda de explotación de la misma, una agenda que –como el futbolista perverso que se ceba en la lesión del contrincante- provoca, agranda, multiplica, e insiste, en las tendencias más negativas del venezolano moderno. Así es dosificada una sucesión de emociones negativas que van del miedo a la agresividad ciega, del activismo sin objetivos claros a la parálisis desconsolada, de la entrega idolátrica a los líderes a la total desconfianza y rechazo.

Henos aquí, ante una dictadura detestada y desaprobada por la mayor parte de la nación, cercada en el foro internacional, empobrecida por sus propias malas políticas financieras y sus golpes infligidos al aparato productivo, contra la cual sin embargo se asume la actitud de minoría acorralada, atemorizada, en desbandada, dándose por vencida antes del gran combate. Con sus bravuconadas, burlas, amenazas y descaro, los jerarcas del gobierno parecen salirse con la suya. Venezuela entera da la impresión de haber perdido todo empuje, tanto a escala familiar, frente a los inéditos peligros planteados por la híper inflación, como a escala de política nacional, frente a las trampas tendidas por el régimen para descolocar las fuerzas democráticas ante situaciones de hecho. Así como los líderes políticos se ven como aves sin rumbo, el venezolano promedio, sumido en quejas e imprecaciones, parece incapaz de resolver los problemas concretos de subsistencia en la vida cotidiana.

Adictos a las malas noticias, no vemos la posibilidad de remontar a todos los niveles. Pongo por ejemplo mi espacio de trabajo, la Universidad. Es cierto que hemos sufrido el éxodo de numerosos y valiosos docentes, y que en mayor medida se ha reducido la masa estudiantil. Pero ello abre la puerta a afinar, ejecutar y evaluar decisiones que lleven a perfeccionar  fortalezas, planes de estudio, organismos de investigación nuevos, así como a captar jóvenes llamados por la vocación de enseñar, ansiosos de formarse como profesores e investigadores, a quienes se pueda guiar con mayor atención en su proceso formativo para enriquecer el personal docente. Es también cierto que su presupuesto anual, totalmente dependiente de la voluntad de un gobierno que desearía suprimirla, es irrisorio, pero es posible incentivar alianzas estratégicas transnacionales, con entes que puedan aprovechar nuestra capacidad instalada para desarrollar nuevos proyectos de investigación, o procesos educacionales a escalas variables, como los diplomados, creando así fuentes de financiamiento en divisas, posibilidades de reponer equipos, reactivos, instrumentos, que resultan imposibles de adquirir si se permanece sujeto a las dantescas condiciones del mercado impuestas por el desgobierno madurista. Ello depende de la iniciativa de personas y grupos, a los cuales las autoridades universitarias solamente tendrían que apoyar. Nada que ver con grandes programas presupuestarios ni clamorosas políticas institucionales.

Hoy está en boga el verbo emprender, y es necesario conjugarlo y ayudar a otros a formarse en el emprendimiento, de modo que mejoren las condiciones de su propia sobrevivencia. Es perfectamente posible. Y es posible hacerlo valorando nuevos tipos de relación social, más abierta y solidaria, donde se potencie la habilidad y voluntad de nuestros compatriotas, mientras se facilita un nuevo sentido de responsabilidad y amor al trabajo. Dejar de ser masa hambreada y resignada que de vez en cuando reacciona convulsivamente para ser comunidades de individuos claros y firmes  ante la realidad, como el barco a vela que avanza aun con el viento en contra.

Es a partir de un cambio de perspectiva y de actitud como éste, de una verdadera conversión, que se puede potenciar un juicio más adecuado sobre la situación política. De allí pueden resultar estrategias mejor pensadas, nada emocionales, recelosas, ni revanchistas, y menos centradas en ambiciones personales, en quién asumirá el poder, para unir fuerzas y aprovechar como se debe las debilidades del régimen mientras se fortalece la persona del venezolano convencido en su capacidad de incidir, independientemente de su jerarquía formal. Cada uno un líder, responsable y activo, tan claros en la incertidumbre que podamos ciertamente salir de ella. Es un urgente problema personal de cada uno de nosotros.

18.04.2018