Construyendo inteligencia emocional

Por: Rosalba Castillo…

El concepto de inteligencia emocional ha llegado a todos los rincones del planeta. Estamos diseñados para conectarnos. La neurociencia ha descubierto que el diseño mismo del cerebro lo hace sociable. Las relaciones con nosotros mismos y con otras personas se constituyen   en un puente que permite crear un impacto en la mente y en el cuerpo de las personas con las que interactuamos. Al pasar del tiempo  se ha descubierto que no es más inteligente quien tiene un elevado coeficiente intelectual, sino aquel que sabe adaptarse a los cambios. Relacionarse hoy en día, se constituye en la herramienta más valiosa que sin duda creara un mejor mundo para todos.

En la actualidad todos nos centramos en la inteligencia emocional como el gran paso para acercarnos como seres vivos, personas sociables en el planeta. Descubriendo esas capacidades innatas que nos permiten encontrar las emociones que nos mueven y la manera de gestionarlas para tener logros personales y globales. La Unesco, puso en marcha para 140 países, los 10 principios básicos del aprendizaje social y emocional. El mundo empresarial no ha sido ajeno a esta tendencia que hoy arropa a todas las comunidades, para despertar la productividad de las personas. Cuanto mejor nos conectemos, más felices y creativos podremos ser.

Al hablar de inteligencia emocional hacemos un viaje a nuestro interior para descubrir cómo nos sentimos, cuáles elementos detonaron nuestro sentir y así gerencias esas emociones. Siempre conoceremos qué nos sucede. De la misma manera lo hacemos con los otros, al acercarnos de una manera más íntima para comprenderlos, escucharlos y sentirlos. Todo comienza por ser capaces de encontrarnos, en nuestras posibilidades y limitaciones. Un poco de paciencia, otro tanto de tolerancia y otro de motivación nos llevará a descubrir lo mejor de nosotros y de los otros. En algunas ocasiones podremos fortalecer aquellos lados positivos que generalmente todos poseemos.

Daniel Goleman en 1995, por primera vez se acercó al concepto de inteligencia emocional, al referirse a la capacidad de reconocernos en nuestros propios sentimientos y en el de los demás, para el manejo de las relaciones. Así, se dan la mano el autocontrol, el entusiasmo, la empatía, la perseverancia y la posibilidad para motivarse uno mismo. La inteligencia emocional explica la importancia de estas emociones para construir espacios de encuentro con el entorno. Controlar estas emociones, nos acerca a la felicidad.

En tiempos tan difíciles como los que vivimos, nosotros somos responsables de cómo nos   afectamos y lo hacemos con las personas en nuestras vidas. Sin embargo, en la era de cristal en la que vivimos, en un entorno agresivo, nos centramos en vivir en una burbuja donde solo elementos externos nos brindan bienestar. Olvidándonos de que hay un mundo cercano y no tan cercano que requiere de unas mejores y más satisfactorias maneras de conectarnos.

Las empresas, las universidades, la publicidad entre muchos otros campos de la actividad humana requieren de seres inteligentes de manera múltiple. El desenvolvernos en equipo, en familia, en comunidades y de manera personal demanda la armonía y la paz para una solidaridad global. Esta pandemia nos ha mostrado en forma radical que nos necesitamos los unos a los otros. No estamos solos. El coeficiente intelectual es sinónimo de inteligencia, sin embargo, esta capacidad cognitiva solo aporta el 20% para el éxito en la vida. El resto tiene que ver con el manejo de las habilidades emocionales que seamos capaces de desarrollar en diversas situaciones.

La inteligencia nos llega a través de la genética. Sin embargo, la habilidad emocional podemos aprenderla o repotenciarlas con nuestras relaciones sociales. Aunque resulte más fácil a unas que a otras personas. No existen emociones positivas o negativas, existen emociones como consecuencias de las respuestas de las personas ante determinadas circunstancias. Se requiere de un trabajo consciente para comenzar y reconocer aquello que se mueve en nuestro interior, y luego comprender de dónde viene y sobre todo qué hacer con ellas. Ese aprendizaje ofrece una mejor calidad de vida al individuo y a quienes le rodean. Esa capacidad, sumada a la inteligencia intelectual resulta necesaria para la adaptación de las personas a diversos entornos y momentos de la vida como cumplir con las metas y objetivos de nuestra vida.

La inteligencia emocional no es una capacidad estática, sino que varía a lo largo de la vida y cada persona puede mejorarla con el paso del tiempo. La capacidad para reconocer emociones, y expresarlas no resulta tan fácil para algunas personas, pero es una facultad que puede desarrollarse en el tiempo y así lograr bienestar. Necesitamos con urgencia poder construir o empoderarnos de esta área de la inteligencia. Requerimos ser mejores personas, mejores hijos, padres, parejas, amigos, vecinos, compañeros. En fin, mejores habitantes de este planeta, para así poder toleras este y todos los momentos de crisis que vivimos y de todos aquellos que se nos acerquen en el futuro.

La vida nos necesita mejores seres. Nos necesita más inteligentes emocionalmente

rosaltilloyahoo.com

25 09 2021