Construyendo sororidad

Los últimos tiempos  han hecho replantearme cómo vivir sin miedo los días de la  pandemia en los que se ha exacerbado  la violencia de género. Así, los feminicidios cubren las redes sociales y la tristeza, junto con  la injusticia, se instalan en nuestra alma y corazón. Recién conmemoramos a las mujeres en su día internacional y no puedo dejar de pensar en aquellas 228  que fueron ultimadas, en América Latina, por el solo hecho de serlo. Sin embargo, encuentro esperanza cuando nos unimos y somos todas a la vez.

La violencia contra la mujer se  produce independientemente de la edad,  credos y culturas. Todas esas desigualdades existen desde que nacimos, independientemente  de cual haya sido el lugar, viniendo acompañadas de impunidad y victimización de manos de una sociedad que, incluso  justifica el hecho y protege al agresor. Una mujer sin redes de apoyo es como un pájaro en vuelo sin su bandada. Es necesario concientizarnos que vivimos en riesgo constante de  ser agredidas. Se hace urgente construir sororidad. Sí, así como está escrito: sororidad. El  término se refiere  a la hermandad entre nosotras  con respecto a las cuestiones sociales. Es un neologismo empleado  para mencionar a la solidaridad que existe entre mujeres especialmente en las sociedades patriarcales. El concepto está siendo cada vez más empleado en temas relacionados con el género. Es un valor como la fraternidad pero vinculado al respeto y al amor  en el entorno femenino.

La palabra  sororidad,  empezó a ser utilizada en las ciencias sociales para conceptualizar que era urgente la creación de vínculos y alianzas entre las mujeres con el único fin de eliminar las presiones sociales que les afecta. Es una nueva forma de encarar los problemas mediante la creación de una relación más íntima y comprometida entre las féminas, creando así un empoderamiento social. Es un concepto que llama a las mujeres a diseñar otra mirada sobre las relaciones entre ellas partiendo desde el respeto, el amor y la empatía para alcanzar logros.

El término proviene de la palabra inglesa “sisterhood”, aunque también se utiliza en otros países: “sororité” en francés, “sororitá” en italiano. Sin embargo, la acepción es la misma: “amistad entre mujeres diferentes y pares cómplices que se proponen trabajar, crear y convencer que se encuentran y reconocer en el feminismo, para vivir la vida con un sentido libertario”. El concepto anterior es de Marcela Lagarde,  antropóloga mexicana. Sin embargo, mucho tiempo atrás Miguel de Unamuno  utilizó este significante en su novela La Tía Tula, 50 años antes de que la palabra fuese utilizada en el escenario femenino. Más allá de  los diversos matices que se le han dado a  la sororidad, ya es parte de la conversación feminista acerca de cómo lograr la igualdad de género. Hermanamiento, complicidad, alianza, solidaridad, todo ello es sororidad. Pero hay más, ya tiene un lugar en la RAE, desde el 2018.

Mi invitación es a construir sororidad entre nosotras muy en contra  de  la idea histórica que se nos ha asignado,  de ser enemigas en lugar de aliadas y hermanas, a pesar de las diversidades que tenemos, que nos fortalecen y nos hacen crecer. Desarrollamos sororidad  cuando diseñamos y participamos en círculos de mujeres más cercamos e íntimos como un centro espiritual. Independiente de las edades de las participantes en  estos círculos, constituyen movimientos revolucionarios. La participación  de cada mujer es una práctica de aprendizaje y crecimiento  que se nutre con las experiencias y sabiduría de cada una de ellas. Hacen construir respeto, amor, solidaridad, escucha activa y desarrollar afectos y admiración.

Construyamos  sororidad desde  la casa, la escuela, las comunidades, las universidades y los diferentes espacios laborales. Ayudemos a salir de la violencia  a otras mujeres. Esa que se inicia desde el mismo  hogar y que pasa por desconocer nuestros valores y derechos,  permitiendo que nos sean violados sin darnos cuenta. Aprendamos a sentirnos bien con nuestros cuerpos, más allá de la idealización establecida por la sociedad. Ayudemos a lograr la independencia económica de las mujeres, colaborando para  romper el techo de cristal, que muchas tenemos. Paremos de juzgar  el físico  y las decisiones de nuestras amigas y compañeras. Protejamos a otras mujeres en estado de vulnerabilidad, así abogamos por la libertad de acción del entorno femenino. Creemos ambientes armónicos y equipos afectivos y efectivos. Demos apoyo emocional y sicológicos a las demás mujeres.

Para cambiar las actitudes violentas, debemos darle a la educación el lugar prioritario que requiere. Tenemos que trabajar con los hombres. Transformando las masculinidades. Educar a los niños y niñas de igual manera. Permitiendo su desarrollo sin diferencias de sexo. Nosotras mujeres, somos agentes de cambio en el mundo.

Comprendamos que es un trabajo continuo, como la vida misma. Hay que escuchar con el oído del alma y del corazón. Volemos en compañía de las nubes y de las estrellas. Hay que dejar morir lo que hay que dejar morir. Valores y actitudes que ya no son útiles y que dañan. Fortalezcamos el vínculo con la intuición  de otras mujeres.

Paralelamente a la construcción de la sororidad con esas otras hermanas, encontremonos, conozcámonos y aceptémonos como las diosas  que somos.

Rosalba Castillo

rosaltillo@yahoo.com

20/03/20221