Covid/encovi

Por: Ramsés Uribe…

Cifras encovianas. Los datos arrojados por las universidades importantísimas de nuestro país (UCV, USB y UCAB), muestran un cuadro desolador. Pobreza a flor de piel. Desde luego que esto no es sorpresa alguna, pues ya se sabía desde hace varios años. En el 2014 se iniciaron estos estudios como una alternativa ante la acostumbrada opacidad gubernamental respecto de la realidad de las condiciones de vida del venezolano.

En nuestro país, desafortunadamente la mayoría de la población no puede obtener la canasta básica (79,3%), a pesar de tener un trabajo con sueldo mínimo; incluso con dos. Sin un buen ingreso económico se garantiza entrar al callejón gris y deprimente de la pobreza. El 96% de los hogares están en situación de pobreza y el 79% se encuentra en pobreza extrema. Nuestro país es el más pobre de Latinoamérica, incluso por debajo de Haití y cercano a los países pobres africanos y también es el segundo país más desigual de la región después de Brasil. Como consecuencia de esta carencia alimentaria, 30% de los niños presentan desnutrición crónica (630 mil niños menores de 5 años), según los investigadores de la Encovi (2019-2020).

La anterior información social no difiere de lo esperado en la región, pues el Banco Mundial (2020), refiere que entre 40 y 60 millones de personas caerán en la pobreza extrema (vivir con menos de 1,90 dólares diarios), en este año, en comparación con el 2019, como resultado del Covid-19. La ONU, actualmente señaló que la pobreza en la región podría pasar de 185 millones a 220 millones de personas, de un total de 620 millones de latinoamericanos; la cantidad de gente que vive en pobreza extrema ascendería de 67,4 millones a 90 millones.

Las estadísticas que vinculan pandemia con pobreza, ya están a la mano. El Banco Mundial estima que debido a la pandemia la pobreza extrema podría aumentar de 70 millones actuales a 100 millones. La Organización Internacional para el Trabajo (OIT) (2020) anuncia: América Latina y el Caribe es la región con más empleos perdidos por cuenta de la pandemia, con 41 millones de personas desocupadas, especialmente en Chile, Brasil, México y Colombia, como los más afectados y en todo el mundo se perdieron 400 millones de empleos por esta situación sanitaria.

Los números anteriores son espantosos; megainfames por sus efectos desastrosos. Es irresponsable descalificar los reportes científicos antes citadas, los gobiernos deberían informarse, preocuparse y al fin, ocuparse de resolver este problema. El fenómeno social de la pobreza es muy complejo y más duro que un número helado. Inclusive no escapan a este flagelo los países industrializados del primer mundo. Hay tantos diagnósticos certeros, pero pocas soluciones y peor, mejoras palpables en la calle y medibles. Para colmo, si hay un régimen político de corte socialista oprobioso y corrupto que dirijan países como Cuba, Nicaragua o Venezuela, la pobreza está garantizada. Efraín Villegas Quintero (1998), eminente escritor de unos 27 libros, conferencista, filósofo y psicólogo colombiano, quien tuve la oportunidad de conocer, apunta a algunas soluciones para el problema de la pobreza: que los empresarios compartan sus ganancias con los trabajadores, leyes drásticas contra el delito, elevar el nivel cultural de la población, impedir la miseria con acciones de todo tipo. En Venezuela hace falta solidaridad como hemos señalado muchas veces; es obsceno y grotesco sendas camionetas de alta gama frente a la miseria criolla; indigna que algunos comerciantes insensibles y ricachones lleguen a expoliar, atracar, esquilmar y pare de contar, como dice el periodista Alfredo Aguilar, a estudiantes y personas que no pueden pagar servicios, productos o alquileres, incluso en dólares. ¿Dónde ha ido a parar la humanidad de algunos?. Se fue muy lejos a la tierra infértil de la inconciencia nefasta.

¿Hay correlación entre el Covid y la Encovi?. Estas palabras técnicas son como homófonas; significan algo diferente aunque suenan parecidas. Sobre estos dos términos, nuestro amigo, ecologista insistente, Licenciado Leonardo Mora C., nos señaló recientemente que “estoy pensando, algo de lo que tenemos que darnos cuenta, en Venezuela el hambre y la pobreza está matando más gente que el Covid-19. De eso no tengo duda.” Sin duda tiene razón, la miseria de nuestro pueblo es injusta y criminal pues quiebra abruptamente el futuro del país.

¿Son culpables los investigadores por tan contundentes apreciaciones científicas?. No, son francamente realistas. La ciencia es precisa; ruda a la hora de mostrar las cifras, desde luego, si hay libertad de expresión. Ni el Covid, ni la Encovi es coba. Definitivamente, luego de ver los datos sensibles de la pobreza y el covid-19, si hay una ilación estructural, quizás no directa, pero sí está conectada con este simple axioma hipotético: a mayor pobreza menor salud. La pobreza acusada por estudiosos serios del Encovi y otros estudios, videos y fotos en las redes sociales dan cuenta de ello. Es cierto porque esa cruda realidad social es palpable en todo el país; se observa en nuestro entorno, con los vecinos y conocidos. Se observan muchos paisanos enflaquecidos desde antes de la pandemia. La verdad social no puede ocultarse impunemente.

Visión teológica: En los textos sagrados Dios siempre es un Dios de abundancia, por tanto promueve y valora la riqueza en manos de su pueblo. La imagen lastimosa del harapiento mendigo, no es lo que la divinidad quiere. En cambio, la persona rica en bienes materiales y espirituales es lo que Él anhela. Como se afirma taxativamente en Juan 10:10: …”El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”. Entonces, la divinidad quiere nuestra salud y prosperidad material y espiritual; combatamos la miseria material y espiritual, hagamos el bien y todo lo que esté a nuestro alcance para mantener la salud en esta época tan riesgosa, que la prosperidad material vendrá pronto por añadidura, con el favor del Padre Misericordioso.

 

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