Cuentos de camino

Por: José Luís Méndez La Fuente…

Las diferentes agrupaciones políticas y movimientos obreros de izquierda y centro izquierda del Ecuador están sosteniendo reuniones con el propósito de establecer un frente común, de carácter electoral, de cara a las próximas elecciones legislativas y presidenciales de comienzos del próximo año 2017.

Un acercamiento que, en principio, busca alcanzar una coyuntura frente a la derecha, que pueda presentar candidatos únicos en esos comicios y aproveche así, los espacios que la no presentación a la reelección del actual presidente Rafael Correa dejará libres. Esto último, algo que en nuestra opinión aún está por verse.

No sabemos si esa convergencia de objetivos e intereses llegará finalmente a conseguirse en el Ecuador actual, pues los encuentros, bastante heterogéneos de por sí, entre líderes de la vieja guardia socialista, partidos, sindicatos y agrupaciones indígenas, apenas comienzan, por lo que habrá que esperar el desarrollo de los próximos eventos.

Pero lo que sí parece seguro, es que aun teniendo éxito y conformando un bloque sólido, las circunstancias pueden cambiar y que no tengan que enfrentarse únicamente a la derecha. Así que la izquierda ecuatoriana debe estar preparada para cualquier imprevisto y esperar a que de verdad, las elecciones presidenciales que están anunciadas para el primer trimestre del 2017,no se efectúen, sorpresivamente, después del 24 de mayo del 2017, fecha a partir de la cual entra en vigencia la enmienda que permite la reelección indefinida; pues si esto sucediera, tendría además que cruzar los dedos, para que Correa no se presente, a última hora, a la presidencia nuevamente, cambiando de opinión.

Una circunstancia que es probable, si tomamos en cuenta algunos precedentes similares en la región y que llevaron a reelegirse a quienes lo tenían prohibido constitucionalmente, como ocurrió, por ejemplo, en Bolivia y en Venezuela. En el caso venezolano, debemos recordar que Chávez había llegado a perder, incluso, un referéndum cuyo objeto era enmendar la norma constitucional que le impedía la continuidad en la presidencia después de dos periodos en el cargo.

De cualquier modo, pensamos que conformar un bloque unitario de izquierdas no será tarea fácil. Entre otras razones porque definir que es la izquierda, o quién es o no es de izquierda en el Ecuador, puede resultar confuso. En efecto, el propio Rafael Correa fue llevado a la presidencia por ser considerado un socialista, un representante de la nueva izquierda del siglo XXI, junto con Evo Morales, Cristina Kirchner y, por supuesto, Hugo Chávez.

Hoy en día, sectores progresistas y de la izquierda tradicional, consideran que Correa nunca agarró el toro por los cuernos y que el socialismo le quedó grande. Otros piensan que su estilo es más parecido al de Chávez, quien practicó un nacionalismo populista, dentro de un marco convenientemente socialista en su país. Comparación esta última, que colocaría a Correa en el ámbito del fascismo del que los gobiernos de Chávez dieron sobrados ejemplos; aunque en este caso sería más explicable, dado su pasado militar, que en el de Correa. Un pasado que, en el fondo, Chávez nunca dejó, ni como presente, ni como futuro.

El problema en Ecuador, como en la totalidad de la América Latina actual, es que la izquierda sigue siendo un postulado, una doctrina creíble para los únicos que la pueden creer y seguir, esto es, las clases populares marginadas hasta hora por la política tradicional y los políticos tradicionales, incluidos los de izquierda. Por eso, desde finales del siglo pasado, en nuestro continente se votan a los políticos que surgen desde la no política, prácticamente de la nada, incluso sin partidos políticos de solera, que se hacen prácticamente en el camino, como Fujimori, Chávez o el propio Correa. Y por la misma razón las identidades ideológicas del pasado, antes tan definidas e identificables para cualquiera, hoy en día se desdibujan unas con otras, guardando apenas algún parecido con aquellas. Un parecido que aunque sea solo en lo superficial o en las formas del discurso, sin importar mucho su contenido, es más que suficiente, para que las nuevas generaciones de votantes puedan seguir soñando con el mismo credo, pero ahora con protagonistas diferentes.

De ahí, esa proliferación de partidos con poca militancia de cuadros, y con esa extraña mezcla de ideologías, que predican ser nacionalistas y socialistas a la vez, o de derecha neoliberal pero que cuando llegan al poder practican capitalismo de Estado; militarismos populistas de izquierda, ecologistas, humanistas, etc. todos tan propios de nuestras latitudes, que dependen al final del gurú de turno, para convertirse con personalidad propia en “Peronismo”,”Kirchnerismo,“Fujimorismo”,” Lulismo” o “Chavismo”.

Por ello, definir a Correa, al propio Chávez, o a cualquier otro político latinoamericano de ahora, como de izquierdas o de derechas, puede terminar siendo un ejercicio ocioso. Eso explicaría porque la revolución, por ejemplo, es “bolivariana” para Chávez y “ciudadana” para Correa, o porque después de una década no se ha hecho ninguna reforma agraria en ninguno de esos países, no obstante predicar el socialismo, la inclusión social etc.; o porqué el movimiento sindical ha sido dividido, retrocediendo y perdiendo terreno de manera significativa, a costa de esperar otras figuras sustitutivas más revolucionarias que nunca llegaron, porque no las hay, y de una legislación que les quito fuerza y debilitó sus estructuras.

Ni determinismos ideológicos, ni doctrinas, lo que ha venido imperando hasta ahora en gran parte de nuestra América Latina ha sido el personalismo. Lo demás, son cuentos de camino.

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