De aquel 23 de enero a éste: De la historia al presente

Cuando, luego de días convulsos de estallido democrático y lucha en la calle por la libertad, el dirigente político y bien mentado padre de nuestra democracia, Rómulo Betancourt, logró regresar del exilio a Venezuela, a su llegada al país fue interrogado por los periodistas acerca de lossucesos del 23 de enero; en esa ocasión el que a la postre sería el primer presidente de la naciente democracia, señaló con su caustico decir de siempre que lo ocurrido en Caracas había sido el resultado de “la alianza entre La Charneca y el Country Club”.

Y es que, como bien sabemos, los sucesos venezolanos de inicios de aquel 1958, que derivaron en la huida del dictador y el rápido desmoronamiento del hasta ese momento infranqueable castillo de la dictadura militar, no solo fueron el resultado de un pronunciamiento castrense, ni se agotaron en la aparición de múltiples documentos condenando el régimen desde la intelectualidad; no, aquella histórica jornada, que dio al traste con la que creíamos en ese momento sería la última dictadura que nos tocaría derrocar, fue posible en efecto gracias a esa alianza que, digamos hoy, no solo unió a La Charneca con el Country, sino que tornó en compañeros de causa a sectores tan disímiles como el estudiantado, la iglesia católica, el empresariado, partidos políticos de diversas corrientes ideológicas y miembros de las propias fuerzas armadas, sectores que en los últimos días convergieron haciendo fuerza común contra el régimen perezjimenista, bajo la unidad de mando de una Junta Patriótica tan plural que en su seno coincidieron,de manera casi sorprendente,miembros del proscrito partido Comunista Venezolano con el propio General y expresidente Eleazar López Contreras, militar situado en las antípodas ideológicas de los seguidores del gallito rojo y que veinte años atrás había llegadoincluso a prohibir desde la presidencia las actividades de esa histórica tolda política.

He allí entonces la gran lección que, creemos, nos arroja desde el presente aquella jornada histórica de la que mañana 23 de enero de 2019, un día que pareciera no va a ser menos importante en la historia, se cumplen sesenta y un años: la gesta del 23 de enero de 1958 solo fue posible desde la unidad de propósitos de una diversidad de sectores sociales, políticos y hasta económicos que eran expresión de un país diverso y complejo. Es por ello que el historiador venezolano Manuel Caballero, se refirió a aquella jornada, calificándola no tanto como el triunfo de una oposición sino como el producto de una “acumulación de oposiciones”, significando con esta expresión la importancia de esa coincidencia estratégica de actores plurales y a veces, hasta enfrentados, todos los cuales pudieron por aquellos días ser capaces de hacer a un lado sus agendas particulares para privilegiar un bien superior: la lucha por la libertad y sobre todo, la construcción de una sociedad democrática, que fue lo que ocurrió durante los cuarenta años siguientes a 1958.

Y es que, valga subrayarlo, el principal saldo de lo ocurrido por aquellos días de fervor popular y de confianza en un futuro mejor, no fue tanto el final de una dictadura, pues tiranías hubo muchas antes de aquella encabezada por Pérez Jiménez. No, el gran legado histórico de esa jornada del 23 de enero, su herencia para el futuro fue y es aun hoy, el haberse constituido en piedra fundacional de nuestra democracia, el haber permitido pasar no ya de uno a otro gobierno militar, como ocurrió tantas veces en nuestro pasado, sino que por vez primera en nuestra historia y luego de ciento cincuenta años de existencia como nación, los venezolanos pudimos darnos una forma de gobierno democrática, encabezada por civiles movidos por valores propios de esa condición, un sistema político que contempló, y lo que es más importante, permitió durante cuarenta años la alternabilidad en el poder y sobre todo, abrió una época de libertad, desarrollo social y crecimiento económico sin parangón en nuestra historia.

Hoy, a seis décadas de aquellos días en que en las calles de Venezuela se gritó “Votos sí, balas no”, los venezolanos enfrentamos un reto enorme, pues como nunca, aquel legado de libertad se encuentra amenazado por un gobierno que ha probado a todas luces y sin empacho, su profunda vocación militarista y antidemocrática. Hoy, los venezolanos debemos mirar aquella jornada no tanto con nostalgia o curiosidad, sino sabiendo que toda historia solo tiene sentido desde el tiempo presente, que toda mirada al pasado sirve, solo si nos ayuda a comprendernos mejor, si nos permite ser mejores como sociedad.

Y no se trata de una vuelta al pasado ya que, sabemos, la historia no se repite, pero, no se nos olvide, sus lecciones están allí y justo cuando, a horas de otro aniversario más de aquella fecha cimera de nuestra historia republicana, diversos sectores populares de Caracas parecieran despertar de un letargo de casi veinte años, el eco de las palabras de Betancourt sobre la alianza entre La Charneca y el CountryClub retumba sobre los marciales oídos de nuestros carceleros y esbirros erizándoles la piel de miedo y, no tengo duda, trayendo consigo un viento de cambio,uno que insufla al restode los venezolanos una nueva esperanza: la ilusión de la vuelta a una vida vivible, la ilusión de vivir nuevamente en libertad.

Feliz 23 de enero, que no se pierda la memoria…

Prof. Rafael Eduardo Cuevas Montilla-Escuela de Historia

Fac. Humanidades y Educación, ULA-Mérida.

Foto: Leo León