De cómo el dólar salvó a Venezuela

Hacia el año 2018 se podría decir, estaba muriendo la economía venezolana y con ella todo el cuerpo social y los diversos ámbitos que conforman la viabilidad de la vida humana en un país. La desbordante hiperinflación, los incumplimientos de pago de deuda en los mercados internacionales (proceso de default) y las consecuentes sanciones que ello acarrea, la escasez y desabastecimiento de productos básicos para el consumo y satisfacción diaria de nuestras necesidades, fallas graves en todos los servicios públicos,  una crisis de migración y diáspora sin precedentes, sumado a los mayores escándalos de corrupción de nuestra historia, dio lugar al mayor caos y empobrecimiento que una sociedad puede experimentar. Todo esto no podía resultar de otro modo que en profundizar y acelerar la depreciación de nuestra ya deteriorada moneda. O quizá, cabe preguntarse si es ésta en última instancia la razón, origen y causa de todos los males.

Pero en realidad, ¿qué es lo que se deteriora o se “devalúa” cuando una moneda pierde valor? El dinero moderno se constituye en un sistema que se conoce bajo el nombre de dinero fiduciario (de “fiducia”), locución latina que significa “confianza”, lo que implica que el sistema monetario actual se basa en confianza, pues no cuenta con respaldo físico intercambiable por algún metal en los bancos, todo su valor se sustenta en la valoración subjetiva que la gente le otorgue a la misma, esto es lo que los economistas llamamos Demanda de Saldos Reales, pues al final, de que más nos sirve el dinero si no es por su poder de compra, presente o futura.

De modo que en realidad lo que en Venezuela se deterioró de forma irremediable fue la confianza en la capacidad adquisitiva de la moneda y con ello su demanda, este problema deriva en una pérdida de confianza y deterioro en todos los demás ámbitos de la vida pública nacional. Así, el trabajo y los salarios pierden valor. El capital, los inventarios y las ganancias pierden valor. Los ingresos tributarios del Estado pierden valor y desde luego, la palabra y la capacidad de hacer negocios pierden valor, destruyéndose en consecuencia la productividad, la iniciativa y creatividad del ser humano, es decir, se acaban todas las virtudes derivadas del sistema de intercambios voluntarios entre personas, lo que llamamos comúnmente el mercado. Claro, no podría ser de otro modo, pues acaso no es esta la lógica que persigue una política confiscatoria, de expropiaciones, de controles de precios, de limitaciones y pérdida sistemática de las libertades de la acción humana, en la subordinación del individuo bajo el colectivo para instaurar aquello que llaman el socialismo. 

En efecto, fue el propio Vladimir Lenin, líder teórico-práctico de la revolución socialista, quién determinó que: “la forma más hábil y más sutil de acabar con el sistema del capital -y en buena parte de generación de riqueza social- es atacando y corrompiendo la moneda”. Lo cual, en palabras de John M. Keynes, padre del intervencionismo estatal: “sitúa a todas las fuerzas ocultas del mercado y las leyes de la economía del lado de la destrucción, ocasionando desastres que nadie en un millón es capaz de pronosticar”. En definitiva, los propios teóricos del estatismo, y control del colectivo sobre el individuo (Socialistas, Marxistas-Leninistas y Keynesianos) ya advertían la clave para destruir la dinámica y entramado social de formación del capital, base de todo crecimiento y progreso de un país. 

Sin embargo, el cuerpo social, a diferencia del cuerpo humano, tiene más resistencia a morir, pues los riesgos fatales de la enfermedad están muchos más repartidos y las oportunidades de recuperación (o al menos de subsistencia) se multiplican en proporción al número que lo conforma. En medio de este agonizante proceso social, que atravesaba el país entre 2018 y 2019, tuvo su oportunidad de salvación en la incorporación de un viejo y conocido amigo que muchos venezolanos, producto de décadas de política económica fallida, habían aprendido a atesorar en sus casas – o como popularmente se suele decir “debajo del colchón”- hago referencia a no otra cosa que el dólar (podría perfectamente ser otra moneda, pero las preferencias en el país siempre se inclinaron hacia esta). Una vez más la iniciativa y creatividad privada del ser humano se sobrepuso a los intentos de su propia autodestrucción y comenzó a generar una “economía paralela”, valorando a precios en dólares, ya no solo los bienes inmuebles y de capital de alto valor (casas, máquinas, carros, etc.)  Sino también ahora los bienes y servicios de uso corriente y cotidiano, casi domésticos, de la economía (alimentos, medicinas, ropa, honorarios, etc.) 

El proceso de dolarización fáctica que tuvo lugar casi como por “generación espontánea social”, implicó dos consecuencias inmediatas que socorrieron la salvación del país y su economía: La primera, que retornó la viabilidad del comercio, esas operaciones sencillas que día a día se hacen en los pueblos y las ciudades, que son el alma de la economía, pues toda la confianza perdida en el bolívar y su incapacidad manifiesta, se recuperó y restauró con el uso del dólar. Y, la segunda, que automáticamente la política de control de precios (expropiación) y estatismo de los intercambios quedó sin efecto, dado que toda ley del tipo precios y costos justos establecía límites sobre precios denominados en bolívares, mas no en otra moneda, dándose así lugar a la libertad. Esas dos consecuencias juntas, crean una poderosa combinación salvadora que no es otra que el libre comercio, abriendo de nuevo paso así al libre mercado y la economía.

Ahora bien, esta nueva realidad y nueva economía ocurre con una singularidad poco vista en el mundo de hoy: la circulación corriente de manera simultánea de dos monedas (incluso más de dos si consideramos los lugares fronterizos donde se usa las monedas vecinas o criptomonedas en otros casos). Esto da lugar a la llamada economía “bimonetaria” que representa a su vez varios desafíos, problemáticas y también oportunidades, tanto en lo macroeconómico, como en lo financiero y evolución de la economía nacional. En próximos artículos examinaré las particularidades que se desprenden de un tipo de economía bimonetaria y sus implicaciones para el país.

Econ. Adalberto Alvarado

Profesor FACES-ULA

09-07-2023 (6)