De Los Andes a la luna en buseta

En 1865 se publicaba el cuento fantástico DE LA TIERRA A LA LUNA, escrito por Julio Verne, en el cual se relata cómo unos aventureros, encerrados en un descomunal proyectil, son disparados hacia la Luna gracias a un gigantesco cañón. Muchos años después –en 1969– los astronautas Neil Armstrong y Edwin Aldrin, en representación de todos los habitantes del planeta Tierra, hicieron realidad el sueño de poder, finalmente, caminar en la superficie lunar. Desde luego que esta hazaña no se logró con un cañón, sino con el cohete más grande construido hasta la fecha, el Saturno V.

Durante las misiones Apolo que llevaron unos pocos afortunados a la Luna, ir y venir no tomaba demasiado tiempo: digamos que tres o cuatro días serían suficientes para llegar, dar una vueltecita y luego regresar. Podemos suponer que es equivalente a salir de Mérida para visitar por un día la familia en Caracas y volver al siguiente.

En Los Andes es muy común montarse en una Buseta –versión autóctona del carrito por puesto– para ir a cualquier lugar. Hace poco, y como es normal por las distorsiones mentales de un físico experimental, me preguntaba cómo sería ir De Los Andes a la Luna en Buseta, suponiendo que existiera una autopista que llegase hasta allí. El ejercicio numérico es interesante, no solo porque es elemental llevar a cabo los cálculos necesarios, sino también por lo mundano que a veces resulta ser el conocimiento astronómico acumulado durante siglos de observaciones y teorías.

Empecemos calculando el tiempo de ida de Los Andes a la Luna en Buseta… Consideremos, en primer lugar, una Buseta típica, es decir una Dodge del 1975 con un motor V8 de 318 pulgadas cúbicas. Conozco bien ese motor, pues mi primer carro fue un Dart G.T. –usado–con motor V8-318 y caja automática de 3 marchas.En tercera, la velocidad de crucero –es decir casi a fondo pero sin fundir el motor– apenas alcanzaba los 110 kilómetros por hora (km/h). Ahora bien, sabemos que la distancia que hay entre Los Andes y la Luna es de unos 384 mil kilómetros. Pues dividamos ésta por 110 km/h y sabremos cuantas horas duraría este viaje fantástico. Resultado: 3 mil  491 horas. Con algo de vértigo y confusión, se asoma la sospecha de que éste es un valor descomunal por tratarse de un viaje en Buseta. Si dividimos el valor obtenido por 24 horas sabremos cuantos días duraría la travesía. Resultado: 145 días. Y si dividimos este último por un mes típico de 30 días llegaremos a la conclusión que para llegar de Los Andes a la Luna en una Buseta a 110 km/h,sin parar para ir al baño, demoraríamos casi5 meses.

Ahora bien, este resultado complica bastante la logística del viaje porque habrá que llenar la Buseta con víveres como para un año –pues para regresar hacen falta otros 5 meses– y esto reduciría sensiblemente el número de pasajeros por obvias razones de espacio, pero siempre existe la posibilidad de colocar la despensa en la parrilla externa que normalmente se encuentra en el techo.

Otro inconveniente serio es el combustible necesario para llegar–y regresar­– pues recuerdo que a la velocidad de crucero, mi Dartsolo recorría 5 kilómetros con un litro de gasolina, algo menos si el carburador estaba sucio. Si tomamos este valor como referencia, harían falta:384 mil km multiplicados por 2 y divididos por 5 km/litro. Resultado: 153 mil 600 litros de gasolina. ¡Vaya tanque! De hecho, este valor es equivalente a 5 gandolas llenas,cada una con una capacidad de 31 mil litros. Además, ya que es indispensable cambiar el aceite cada 5 mil kilómetros, se necesitarán también unos 900 litros de lubricante para el motor.

Como si esto fuera poco, luego de haber recorrido los primeros 4 kilómetros ya sentiríamos cómo el motor empieza a fallar debido a la altitud. Así que para lograr la combustión en el espacio, donde no hay aire, es indispensable tener un buen número de bombonas con oxígeno para así lograr la explosión de la gasolina en el motor. Además, el oxígeno es necesario para poder respirar dentro de la Buseta durante el largo viaje. Los CDs de Reguetón y Vallenatos, para no aburrirse durante el viaje, son un modesto aporte que, gustosamente, haceel dueño y conductor del vehículo. Ciertamente no son indispensables, pero el éxito de la misión podría depender de éstos.

A favor, podríamos asegurar que una Buseta Dodge del ´75cargada hasta el techo con víveres de todo tipo y con cincocisternas de gasolina, y una buena cantidad de bombonas, adosadas a ésta, representaría una experiencia formidable que ni siquiera el mismísimo Transbordador Espacial sería capaz de opacar. No obstante, esta vez, el logo no sería aquel famoso de la NASA, porque en el copete del techo más bien deberíamos leer algo más apropiado como, por ejemplo, LÍNEA LA PACIENCIA.

En conclusión, ya se habrán dado cuenta de que un eventual viaje De Los Andes a la Luna en Buseta, sería aún más fantástico que aquel emprendido en el relato original de Julio Verne, no solo por los argumentos antes expuestos, sino también por un sinnúmero de otras circunstancias que no consideraremos aquí por obvias razones de “espacio”.

Aun así, para los físicos es inevitable “echar números” a todo aquello que se le cruza por la mentesin importar lo estrafalario dela cuestión.Un colega –amigo desde hace ya muchos años– una vez me comentaba con mucho orgullo que el cuentakilómetros de su vieja y fiel camioneta Dodge–con un motor V8-318 idéntico al que monta nuestra mítica Buseta aeroespacial– había alcanzado los 750 mil…Solo se me ocurrió preguntarle, sin dudacon intencional picardía, si con ella había ido a la Luna y regresado.

Por: Franco Della Prugna

Físico, egresado de la Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela. Jubilado activo de la Fundación Centro de Investigaciones de Astronomía (CIDA), donde se desempeñó profesionalmente en el área de Óptica Aplicada del Departamento de Tecnología e Innovación.