Del fin de un ciclo histórico: el parto de una Nueva Venezuela

Por: Juan Carlos Delgado Barrios*

Con la muerte de Chávez se suponía que se  cerraba  un ciclo histórico que nació de momentos aciagos de la patria y que fue parido con el dolor de la violencia que lo engendro. Sin embargo, en Venezuela victima de manejos dolosos electorales  se continúo arrastrando al régimen chavista  como un cadáver insepulto, con las consecuencias de un proceso agotado que lejos de avanzar se hunde en sus mismos fracasos y miserias. El mismo Chávez temía que un día iba a conflictuar su revolución y había que pasar a la mano de hierro y declarar la dictadura para mantenerse como lo han hecho los hermanos Castro en Cuba, en si es el mismo modelo de régimen. De allí que estamos seguros que el régimen esperaba este desenlace histórico que vive hoy nuestro país. Ellos  preveían  que en algún momento habría una rebelión frente a la imposición de su socialismo del siglo XXI, que es unidimensional en su pensamiento, militarista, centralista e intolerante con la pluralidad, para ello se prepararon para aplastar las protestas mediante la fuerza militar, a la cual apertrecharon bajo la cortada de que había una amenaza de una invasión imperial e hicieron llamar a la FANB y las policías socialista, revolucionaria y chavista para comprometerlas en el proceso que imponen;  armaron a sus seguidores con la justificación  de una revolución pacifica pero armada, – el pueblo en armas en la unión cívico –militar-, milicias informales inundan los cuarteles y colectivos armados que actúan como paramilitares son entrenados para la confrontación..

En esa misma dirección, desarrollaron un sistema de control de las comunicaciones sociales para imponer la masificación abusiva del discurso revolucionario, la censura, la autocensura y por ende, el silencio informativo. Establecieron un marco legal, que es inconstitucional, para criminalizar las protestas, para utilizar la justicia como instrumento de defensa de los intereses de la revolución y no de arbitraje de la sociedad, para poder sentenciar a los disidentes que protesten como terroristas y como delincuentes con delitos de Lesa Patria, en criollo, traidores de la patria. Desmontaron el sistema económico bajos rígidos controles a los fines de eliminar cualquier alternativa autónoma de generación de riqueza y de empleo independiente, con la premisa, todo debe estar bajo el control del Estado. La empresa privada está bajo la amenaza de todo un sistema legal e impositivo que le impide actuar con libertad en sus cuerpos gremiales. Derriban todo vestigio de organización autónoma para debilitar a la sociedad civil  o cualquier forma de sociedad intermedia. Suponiendo que ya todo estaba controlado, no contentos con decenas de leyes que coartan las libertades constitucionales, convierten en ley de la república al Plan de la Nación o Plan de la Patria donde en unos de sus ejes imponen el Socialismo como Credo Nacional.

Pero no atendieron la conseja popular “nunca arrincones a un pueblo porque podría suceder dos cosas, sentarse en el suelo y entregarse sumiso o  pasar por encima y derrumbar al tirano”. Sobre todo, intentar acorralar a un pueblo como el venezolano que tiene herencia de Libertadores.  Así, llego de pronto el momento esperado por Chávez, precisamente a un año de su muerte, con un país sumido en el descontento, con la inflación más alta del mundo, con la inseguridad que coloca a Venezuela como uno de los países más violentos del planeta; con una administración pública penetrada por la corrupción; con una progresiva escasez de alimentos y demás insumos para la sobrevivencia cotidiana de la sociedad; con un sistema institucional, – justicia, militar, policial, parlamentario- muy desprestigiado y deslegitimado.   Lo que empezó como una protesta estudiantil en contra de la inseguridad se ha convertido en un huracán que amenaza con llevarse por delante a la llamada revolución.  El régimen pensó enfrentar un movimiento estudiantil de “manitas blancas” como lo llaman para desprestigiarlo  y se encontró con una muralla no solo de fuerza cuantitativa, por la cuantía de los estudiantes, sino por el poderío cualitativo, por la inmensa convocatoria y de contenido paradigmático,  que ha arrastrado no solo el sector político, sino lo económico, social y cultural. Tanto así que el destino del país en este momento gira alrededor de las luchas estudiantiles que se desarrollan en la búsqueda de condiciones que superen la incertidumbre que vive Venezuela, por oportunidades de calidad que merecen, por el reconocimiento como parte fundamental de la construcción del horizonte de la patria. Pero, sobre todo, porque se sienten asfixiados por un régimen que para imponer un viejo y fracasado modelo político ideológico están cerrando todas las puertas y las ventanas  de la sociedad venezolana.

No solo son estudiantes universitarios y de la secundaria que están manifestando, hay allí jóvenes trabajadores, sus hermanos, padres y abuelos.  No solo son los ricos, como dice Fidel Castro en un articulo de la prensa cubana, ni son los sifrinos como los llama Cilia Flores,  están allí juntos a ellos, la clase media venezolana y las barriadas populares que progresivamente se van uniendo superando la presión y el terror que imponen en sus espacios los grupos violentos y paramilitares del régimen.  Los que hemos sido estudiantes universitarios y que hemos trabajado décadas con ellos, desmentimos a Fidel Castro, ya que podemos afirmar que más del 85% de los estudiantes venezolanos de nuestras universidades son de los sectores populares y de las clase media, y sobre todo, podemos certificar son  jóvenes muy dignos, transparentes y sinceros en sus luchas. Las luchas que se libran hoy en Venezuela con seguridad son el comienzo de un nuevo amanecer donde no se solo se vislumbra el fin definitivo de un ciclo histórico sino que es el parto de  una Nueva Venezuela.

*Profesor Titular (Jubilado) Universidad de Los Andes – Venezuela, juancdula@yahoo.es