Desfile ferial bidireccional

Por: RamsésUribe…

En estos tiempos posmodernos repletos de cosas y eventos magníficos, nunca faltan los sin sabores sociales que afectan sin discrimar a ciudadanos comunes o a las élites del poder. Por ese motivo se hace necesario en sentido profiláctico social y psicológico, evadirse de tan exigentes contrariedades como las que padecemos todos en Venezuela, tal como lo afirma Elena García Guinea en su texto “Desfóguese a gusto».

El reciente pasado domingo 31 de enero se presentó con relativo éxito el conocido desfile de la Feria del Sol con toda su alegría y festividad desbordante, como un aliviadero, un escape colectivo, no unicamente de la crisis que agobia esta bella república democrática, sino además para llevar a cabo la catársis obligante de la rutina del día a día emeritense con sus miles de personas que acudieron al llamado del rey Momo caminante.

Si todo lo relacionado con el mencionado desfile supuestamente estaba listo; bien planificado y organizado, ¿cómo pudo retrasarse horas en comenzar?. Ciertamente otros países nos llevan una morena incluso también en la realización de este tipo de eventos pseudotradicionales. Es muy probable que más de uno se chamuzcó el peinado por decir lo menos. No fue un simple error la demora, es un bochornoso e inaceptable irrespeto al público ávido de una pizca fugaz de diversión grupal. Para colmo de las calamidades, alguien le puso la guinda a la torta achocolatada: el Mercado Principal fue cerrado precisamente ese día!

Es inaudito que un ícono de la Mérida contemporánea y con un teleférico en la larga lista de espera por su reapertura verdaderamente completa, no se haya abierto al pueblo festejador. Ese tiempo de espera se hubiera buscado, parafraseando a Marcel Proust, en algo más productivo en dicho establecimiento. En su lugar hubo que deambular ese rato largo en el pavimento ultracaliente. La pobre gente sedienta y no menos enfadada se tuvo que conformar haciéndose com menudencias culinárias y la contemplación algo borrosa por el intenso sol que encadilaba, de baratijas callejeras.

Aunque no me agradan mucho los desfiles y si otros eventos de esta feria, hay que tolerarlos porque como ya mencioné en líneas anteriores, los expertos psicoanalistas y sociólogos insisten en sus investigaciones en que estos sucesos sociales son efetivamente una catársis colectiva, uno de los efectos benéficos de la cultura popular que tiene, como todos sabemos, “amigos a montón”.

Al momento del progreso del desfile se me figuró en la imaginación una escena paracarnavalezca que haría la delicia y harta felicidad para casi todos si fuese realidad: se trata de la marcha de una comparsa/carroza con estrictas medidas de seguridad; compuesta de un selecto grupo de genuínos funcionarios, civiles y políticos corruptos «disfrazados» con sendos uniformes de presidiarios con sus trajes a rayas, con cadenas y grilletes de los buenos avanzando penosa y lentamente directo a la cárcel pero no de papel y fantasia sino a una de verdad…

Ramsés Uribe  (Prof. ULA Núcleo Universitario Valle del Mocotíes)
ramaseum@yahoo.com