Destrucción institucional para mantener poder

Por Germán Rodríguez Bustamante…

Nadie jamás pudo haber pensado que Venezuela pudiera llegar a los niveles de deterioro descomunal que experimenta en lo económico, social y político. Posiblemente el hecho de no vivir una experiencia traumática como la actual en el pasado reciente tiene a los ciudadanos en una total apatía, desorientados, sin entender y comprender la gravedad de la situación que enfrentan. Desconocen su propio entorno y la narrativa mediática del régimen construye escenarios imaginarios, que contradicen las realidades cotidianas que los ciudadanos enfrentan.

Después de años de erosión, el sistema político se ha convertido en un híbrido de rasgos mínimos democráticos y mayoritarios autoritarios, una mezcla muy inestable para las libertades civiles. Las reglas internas pueden cambiar día a día y los centros de poder de la banda compiten ferozmente por el control. El régimen en la actualidad es totalmente y absolutamente autoritario, para coexistir con instituciones democráticas. Para ello avanzaron en la colonización institucional con el brebaje del poder comunal, hasta la destrucción completa de las bases republicanas. Pero a su vez es muy débil para resolver los problemas fundamentales, visto la catástrofe económica, social y política.

El país parece hundirse lentamente, sin encontrar alternativas que le permitan salir de la dramática situación en que se encuentra. Una situación caracterizada por la deriva dictatorial del régimen de Nicolás Maduro y su probada incapacidad para el manejo de los asuntos públicos, que ha generado hiperinflación, destrucción de los servicios básicos, escasez de combustible, alimentos, medicinas e incremento del índice delictivo. Realidad que ha obligado a más de 7.5 millones de venezolanos, a abandonar la Nación por el genocidio impuesto, pero desafortunadamente enfrentando condiciones climatológicas y sociales, en algunos casos peores que las que motivaron la huida.

En este contexto, la AN 2.020 interpreta a su gusto las leyes, las ajusta y amolda a los deseos del ejecutivo. El poder electoral totalmente subordinado al ejecutivo, oscurece las elecciones previstas este año, postergando la publicación del cronograma, delegando su competencia al bufón de la corte, ejecutor de la manoseada política del régimen. Parte de la oposición democrática se encuentra en una coyuntura en este momento, luego de la elección primaria del año pasado, visto la inhabilitación de la ganadora y con una muy baja probabilidad que le permitan postularse. Posibilidad que depende de la presión externa e interna, la internacional existe, aunque un poco disminuida, pero internamente el descontento que muestra los estudios de opinión, no se expresan en protestas y reclamos que permitan tal evento. El régimen intimida, secuestra y puede llegar a cometer delitos de lesa humanidad sin inmutarse en lo mínimo, para conservar el poder. A pesar de esta descripción dejar el camino libre a Maduro no es la mejor alternativa.

Nicolás Maduro, con la sombra, que no se le quita de Diosdado, los hermanos Rodríguez y de los militares que han pasado a ocupar el 70% de los puestos más importantes del manejo de todas las instituciones del Estado y de la administración pública, sostiene el poder no sin sobresaltos. Adicional a esto, el Estado ha entregado el territorio y el control del mismo a grupos vinculados con el contrabando, la corrupción institucionalizada y el negocio del narcotráfico, que actúan en todos los negocios públicos, incluyendo los recursos de la franja del Orinoco. Con alianza de las mafias internacionales que también allí se afincan con las respectivas inversiones, que se realizan para la explotación de los riquísimos recursos minerales que allí existen. Esta destrucción institucional sostiene a un régimen que convive en la misma, la consiente y la permite para contribuir en este estado de desconcierto generalizado en que se encuentra la Nación.

En este contexto el régimen sale ganando ya que el caos le permite sostener el poder a la fuerza. El país sitiado por una banda de carroñeros que esperan por la descomposición del cadáver para consumir hasta el último hueso, cada uno con sus propios intereses. Tristemente los ciudadanos abandonados a su suerte, sin posibilidades de salir ilesos de este trance. El país en una profunda depresión, en el foso, en las profundidades más oscuras. Las soluciones instrumentadas carecen de fundamentación económica, social y política, con lo cual profundizarán la crisis afectando la calidad de vida de los venezolanos en su gran mayoría. Quedará una élite protegida por el manto del poder, calaña política que se niega negociar una transición, a pesar de los fenómenos sociales y de salud en desarrollo, y el desastre de su gestión. Prefieren gobernar sobre las cenizas del país, poco le importa las emergencias que padecen los venezolanos.

La sociedad en una suerte de sumisión total, los trabajadores activos y jubilados esperando la gentileza del régimen para adecuar sus ingresos, los enfermos entregados buscando recursos para medicamentos y tratamientos en jornadas de solidaridad, los empresarios doblegados sobreviviendo en silencio para evitar represalias y la clase política desorientada sin saber qué hacer ante la coyuntura. El caos sobre el orden prevalece en este juego macabro de destrucción institucional, sin embargo, los ciudadanos claros en el camino electoral como único y exclusivo medio para salir de este desastre planificado, que debe ser interrumpido de forma definitiva este año, no hay mas opción.

Profesor Faces-ULA              

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04-03-2024