Discurso de orden de la Prof Luz Marina Pereira en ocasión de recibir el titulo de Abogado con mención Summa Cum Laude

DISCURSO DE ORDEN DE LA DRA. LUZ MARINA PEREIRA GONZÁLEZ EN OCASIÓN DE RECIBIR EL TITULO DE ABOGADO CON MENCIÓN SUMMA CUM LAUDE

Voy a reproducir por completo, el que es considerado como el mejor discurso de grado de la historia. Fue pronunciado por Salvador Dalí,  y contiene tan sólo tres palabras: “Seré breve, terminé”. Se juega allí con el significado dual del verbo terminar, que señala por un lado,  el cierre del discurso y por el otro se relaciona, según la Real Academia,  con acabar, con aniquilar. Debo expresar que estoy en desacuerdo con Dalí,  porque me rehúso a aceptar que hayamos terminado.

Sería ilusorio pensar que ese título que recibiremos en pocos minutos,  nos convierta automáticamente en expertos de oficio, en profesionales dotados de una sabiduría incuestionable en nuestras respectivas áreas. Estamos en un proceso de transformación, pero la oruga de nuestro saber, aún no se convierte en mariposa.

El tránsito por la formación académica que hemos recibido en nuestros respectivos estudios, tan sólo nos ha dado las herramientas básicas para empezar a construir nuestro destino individual en el futuro. Nuestro reto es continuar aprendiendo, ascendiendo peldaños en un saber que, por esencia, será siempre incompleto. No nos quedemos estancados,  apostemos por el conocimiento, por la superación constante, por la actualización, por el aprendizaje permanente. Recordemos que los saberes se vuelven obsoletos a un ritmo vertiginoso y que lo que hoy constituye una verdad incuestionable puede ser que mañana carezca de vigencia por completo.

Si detenemos nuestra marcha, si nos convertimos en recipientes intelectuales vacíos, amparados en un título con el que pretendemos proyectar una supuesta experticia, estaremos destinados a ser, irremisiblemente, unos profesionales mediocres. Los invito a no desvestirnos en ningún momento del ropaje de aprendices, a no declarar nunca que hemos terminado; a no autoproclamarnos expertos en ninguna cosa. Ser expertos cercenaría nuestras alas; porque habríamos alcanzado un tope más allá del cual, por definición elemental, ya no podríamos continuar creciendo.

Este es un grado especial. Hoy es un día trascendental para esta Magna Casa de Estudios, porque entre los egresados nos encontramos los integrantes de la Primera Promoción de Derecho Interactivo a Distancia. La ULA se viste con sus mejores galas para escribir una nueva página en la historia de las Universidades venezolanas, convirtiéndose, con nuestro grado, en la primera universidad del país  en la que siendo su modalidad de estudios por excelencia presencial, se atrevió a expandir sus horizontes y ofrecer -por primera vez- una carrera de pregrado con modalidad a distancia. Lo soñó, dio un paso al frente y hoy, en ejercicio de su autonomía, nos egresa. Esa es mi ULA, esa es mi Universidad de Los Andes.

Hoy estamos de fiesta, hoy estamos de grado. Sin embargo, toda la alegría que encierra el reconocimiento a nuestra dedicación y a nuestro esfuerzo, el cálido abrazo que nos espera por parte de todos aquellos que celebran con sinceridad nuestro logro; no podrá impedir, de ninguna forma, que allá afuera vivamos una realidad contrastante. Hoy no pueden existir circunstancias ingratas que justifiquen nuestra evasión. Sería imperdonable en este instante, voltear el rostro, desviar la mirada y ser tan egoístas y tan superficiales, como para  pretender que aquí todo está bien y que en la Universidad no está pasando nada.

A escasos metros de la entrada de nuestro Rectorado, en un hecho también sin precedentes en la historia universitaria, han participado en una huelga de hambre, desde hace dieciocho (18) días, quince (15)  estudiantes, una  profesora titular, exdecana de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales, dos profesores jubilados, el Párroco de la Capilla Universitaria y un empleado. Esta mañana se sumó aquí en la ULA una estudiante de la UCLA para fortalecer el epicentro de esta lucha. Casi al mismo tiempo, internaron de emergencia a una de las estudiantes y forzaron el retiro de un profesor jubilado de 65 años. Esta mención, se la dedico a  esos valientes.

Pudiera alguien pensar que esta coexistencia de realidades, de la celebración y la fiesta, no se compagina con la severidad de tan extrema protesta; pero la misma no es más que una clara y contundente afirmación de que nuestra esencia universitaria tiene una dosis más alta de coraje que de miedo. Estamos de         paro indefinido, pero cumpliendo con la Universidad,  presentes en la calle, en la huelga y en los grados. No estamos callados, ni adormecidos, ni ausentes, ni sometidos – ni mucho menos arrodillados-  porque tal actitud entraría en profunda contradicción con nuestra naturaleza como universitarios.  Nos negamos a ser copartícipes de ese silencio mutilante que entrega su dignidad por su incapacidad de lucha. No queremos vivir el resto de  nuestra vida con la mirada baja, porque el dedo de la historia es implacable  y, más temprano que tarde, habría de señalarnos como culpables, si  bajo la excusa de la cobardía o de la subsistencia vamos cediendo terreno, primero en lo trivial y luego en lo esencial. Desde esta, para algunos, incómoda trinchera, de valores, de ideales y de principios, que constituye el quehacer universitario, rechazamos de forma contundente el innoble zarpazo con el que se pretende aniquilar lo que es innegociable para la Universidad: su Autonomía.

Estamos en pie de lucha, como reza la consigna estudiantil, pero esta no es una lucha exclusiva,  como se ha pretendido señalar, para que los profesores, empleados y obreros, recibamos mejores salarios. Esta es una lucha por la dignidad,  por la exigencia de condiciones presupuestarias que no sólo nos permitan seguir funcionando; sino que nos brinden la oportunidad real de dar una educación de calidad; que permita que  nuestros estudiantes puedan tener becas decentes que no los coloque en la disyuntiva de tener que decidir entre comer los fines de semana o fotocopiar las páginas de un libro. Esta es una lucha para que los comedores y el transporte universitario puedan ofrecer un servicio cuyo uso no constituya en sí mismo un acto degradante. Para que nuestros profesores jubilados sean tratados con el respeto y la consideración que merecen aquellos maestros que han consagrado su vida entera a formar a las generaciones, cuyas togas con cintas de múltiples colores, como las que vemos en el grado de hoy, nos hagan sentir orgullo y esperanza.

Este grado, como ningún otro, es un acto distinto. Hoy nuestra ULA está alegre, pero a la vez está triste.  Las lágrimas de la comunidad ulandina, corren por dentro. Lloramos, porque en cualquier país que se juzgue decente, ningún gobierno debería permitir que un universitario se inmole por la educación, eso es lo más contrario que puede existir a lo que  define a la  Universidad por Ley, como esa comunidad de intereses espirituales que tienen la noble y enaltecedora tarea de buscar la verdad y afianzar los valores trascendentales del hombre.

Los universitarios como la conciencia crítica del país,  jamás aceptaremos vivir en  las dimensiones grises de los conformistas, de los que no se atreven; de los que viven con miedo o de rodillas.  No queremos una educación mediocre que nos obligue como nuevos egresados a salir a buscar el sustento diario en callejones oscuros y perdidos; o que nuestros títulos se vayan a quedar en un cajón olvidado porque no hallen cabida en una estructura burocrática, politizada, llena de vicios y corrompida. Para que no nos derrumbe la desesperación, para que no nos someta la desesperanza, es necesario que trabajemos unidos, empujando todos en la misma dirección, como un gran equipo. Esa, es nuestra lucha.

Como egresados, quiera Dios que todo nuestro esfuerzo y sacrificio, de estos años de estudio, nos permitan degustar las mieles de un ejercicio honrado, decente, con un trabajo digno y una remuneración acorde a nuestras capacidades. Ojala que los únicos méritos a ser exigidos para ingresar a una nómina, sean los del conocimiento y que no siga formando parte de los requisitos para un cargo, la consabida práctica, perversa y ruin de tener que exhibir  el carnet de algún partido.

A Dios, a todas nuestras autoridades universitarias, a nuestros tutores, a nuestros Padrinos, a los profesores de todas nuestras escuelas y nuestras cátedras;  a los empleados, a los obreros, a todos los que con su aporte –grande o pequeño- hicieron que hoy fuera posible este logro -que ya en sí mismo es , inmenso-  a nuestros compañeros de grado, a nuestros amigos y familiares, que  en tiempos difíciles nos sostuvieron con su dedicación, con su entusiasmo, con su amor y sus plegarias. A los que ya no están, pero que nos acompañaron desde el cielo en cada uno de los escalones que fuimos ascendiendo; a todos ellos, quisiera dedicar un discurso especial. Seré breve: gracias.

El próximo domingo a las 12 y 30, con mi hija, el fruto de mi alma, de mi carne y de mi sangre, voy a unirme a la huelga de hambre por tiempo indefinido. Hago mía la consigna estudiantil, yo también voy a luchar por una Universidad Libre y Autónoma… Si no regreso, es porque me fui con ella…

Que Dios bendiga a los nuevos egresados de esta Magna, Ilustre, Excelsa, Universidad de Los Andes, mi  adorada Universidad Bicentenaria.

¡Muchas gracias!

Luz Marina Pereira González

Profesora Jubilada de la Universidad de Los Andes

Ing Civil

Ing. de Sistemas

Magister Scienciae en Recursos de Aguas y Tierras, Mención Obras Hidráulicas

Doctora en Educación, Mención Currículum

Abogado Summa Cum Laude