El 23 de enero de 1958 y su impacto político en América Latina

Por: Ramón Rivas A…

El dictador Marcos Pérez Jiménez huyó y la nación recobró su libertad. Fue el fin de la doctrina del Ideal Nacional que legitimó el poder militar como el fundamento de la unidad nacional. Fue una lección histórica para aquellos pueblos de América Latina bajo el yugo de sus déspotas y dictadores. En efecto, la instauración de la democracia a partir el 23 de enero de 1958 representó en perspectiva histórica la muerte de las dictaduras y los militarismos a lo largo y ancho de la geografía latinoamericana. Las más diversas dictaduras, constituidas y consolidadas en nuestro continente, por mucho tiempo impidió el desarrollo libre de nuestras naciones.

Esos dictadores como Perón, Somoza, Rojas Pinilla y Chapita Trujillo propusieron una estrategia política contra el comunismo y aceptaron los regímenes de facto necesarios para evitar que nuestros pueblos se convirtieran en satélite del poder ruso. Ello, se acentuó con la presencia del comunismo cubano y aceleró la necesidad de esas dictaduras para defender el orden burgués y capitalista ante el peligro rojo. Estos regímenes de facto contaron con el apoyo de los más diversos gobiernos de los Estados Unidos. El temor de que los símbolos de la hoz y del martillo penetraran la conciencia de miles de hombres y mujeres en Hispanoamérica, obligó al imperio americano a justificar las dictaduras.

Sin embargo, el problema fue complejo por cuanto esas dictaduras significaron asesinatos, persecuciones, exilios, hambre y pobreza. Es decir, enriquecían a unas castas militares y a unas oligarquías, empobreciendo material y espiritualmente a la mayoría de hombres y mujeres. Y, sobre todo, porque se vulneraban los derechos humanos. En nombre del orden burgués se cometieron todo tipo de atropellos.

Fue el gran estadista de nuestra América, Don Rómulo Betancourt, quien se opuso radicalmente a esa concepción política propiciada por los Estados Unidos. No. Para él, era ineludible que las naciones de América latina asumieran el camino de la democracia que le llevaría prosperidad material y cultural a millones de hombres y mujeres. Así, se combatiría la epidemia del comunismo. No con dictaduras.

De allí, su esfuerzo político en el país y en el exilio para enfrentar las dictaduras y la posibilidad que nuestras naciones vivieran dignamente en libertad. Asimismo, estuvo convencido de que la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez significaría el fin del militarismo y la expansión de la democracia en el continente americano. Insistía, que la democracia tenía que convertirse en el modelo político para enfrentar firmemente a las dictaduras y al comunismo.

Dentro de esa perspectiva política e ideológica, el 23 de enero de 1958 abrió los caminos para que América Latina se encaminara hacia la democracia. Por un lado, la prensa de la época recogió la alegría de un pueblo que expulsó al tirano de Michelena. Y, por el otro, ese acontecimiento político estremeció el espíritu de América y se convirtió en una referencia para acelerar la muerte de los militarismos.

Los dictadores sabían que el 23 de enero de 1958 colocaban en peligro sus gobiernos. Por lo que colaboraron con los enemigos de la democracia para desestabilizar políticamente al país. Se equivocaron. Se impuso el poder civilista y democrático de la patria de Cecilio Acosta, arremetiendo contra esos tiranos. El 23 de enero de 1958 echó los cimentos de la democracia y logró que en el mes de diciembre de ese año los venezolanos escogieran a su presidente en unas elecciones libres.

Un éxito histórico que puso a temblar a los dictadores caribeños. Así se consolidaba y fortalecía la democracia en Venezuela y en el resto de América Latina. Nuestros pueblos combatieron a la dictadura y al comunismo y canalizaron su destino vital en el marco de las instituciones libres. Los gobiernos americanos y el mundo reconocieron el valor cívico de una junta de gobierno y de un pueblo en defensa de la constitucionalidad. En la era global, la democracia latinoamericana fue una victoria política contra las dictaduras y el comunismo.

Una victoria política en la que Don Rómulo Betancourt, Rafael Caldera, Jóvito Villalba y un pueblo hambriento de libertad tienen un puesto bien ganado en la civilización occidental. El 23 de enero de 1958, una fecha histórica, que contribuyó a la consolidación y fortalecimiento de la cultura democrática del país. Un legado histórico para las futuras generaciones que tienen el reto y el desafío de promover un proyecto de nación en sintonía con las grandes transformaciones políticas, económicas, jurídicas y culturales en la rea global.

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