El Big Ben Deportivo: “A cada cochino le llega su sábado”… ya sea en Cataluña, Francia o Venezuela 

Por: Andrés E. Mora M…

Febrero finalizó con el mexicano Saúl “Canelo” Álvarez «dando la vuelta al ruedo», como se dice en el argot taurino, luego de defender con éxito sus cinturones de campeón mundial supermediano de la AMB y CMB – sin ni siquiera despeinarse, en lo que resultó ser la pelea de puro trámite pronosticada por las casas de apuestas que lo daban como ganador 50-1 – al vencer por KOT en el cuarto asalto al turco Avni Yildirim, primer retador del CMB y con quien tenía que enfrentarse en combate mandatorio como quedó establecido tras vencer en diciembre a Callum Smith por la corona vacante de ese organismo y en donde se hizo, además, de la corona de la AMB que ostentaba el nacido en Liverpool.

El tapatío, considerado el mejor boxeador «libra por libra» de la actualidad, aún permanecía en el «ring», cuando en la pantalla del Hard Rock Stadium de Miami se hizo el anuncio oficial del «cara a cara», el venidero 8 de mayo, con el británico Billy Joe Saunder, campeón mundial de la OMB, combate en el que estarán en juego los títulos de la división de los 76,2 Kg que, de las mencionadas tres organizaciones boxísticas, ambos poseen. Pero, evidentemente, sin perder de vista la pelea que protagonizará, probablemente, en el mes de septiembre contra el estadounidense Caleb Plant, campeón mundial de la FIB, de la cual saldría el segundo boxeador, el otro es el neoyorquino Teófimo López en el peso ligero, en ser campeón indiscutido de los cuatro principales organismos que rigen el boxeo a nivel mundial, además de contar con la distinción equivalente que hace la revista The Ring. 

Pero si la «faena» del “Canelo” fue acompañada con «música» para cerrar febrero, ¡Marzo comenzó «cortando rabo y orejas»!

Apenas se encontraba en sus albores, por «este lado del charco», el primer día del tercer mes del año – con el encuentro Atlanta Vs Boston asomándose con timidez en el horizonte de ese día, juego de exhibición en el cual debutaría Ronald Acuña Jr. pegando un doble por los lados del mítico “monstruo verde” del Fenway Park, el legendario estadio de los Medias Rojas, en su primer turno al bate – cuando un par de noticias estremecieron los medios de comunicación y las redes sociales.

La primera se refirió a la detención de Josep María Bartomeu, expresidente del FC Barcelona, y tres de sus más cercanos colaboradores por el “Barçagate”, la contratación de una empresa, I3 Ventures, dedicada, siendo él presidente, a mejorar su imagen pública y asociada a cuentas difamatorias en las redes sociales contra jugadores, opositores y el entorno del Barça. De ahí se derivan los presuntos delitos de administración desleal y corrupción entre particulares.

La segunda tuvo que ver con que Nicolas Sarkozy, expresidente de Francia durante el período 2007-2012, fue sentenciado a tres años de cárcel, dos de ellos en suspensión y uno en firme, al ser declarado culpable de intento de soborno y tráfico de influencias, por ofrecer un alto cargo a un juez, en Mónaco, a cambio de información privilegiada sobre una investigación por los fondos para su primera campaña presidencial.

La «Peste», que primero frunció el ceño al enterarse de ambas noticias, soltaría un suspiro de alivio que luego sería complementado con una amplia sonrisa en su rostro al pensar, convencida, “eso nunca nos sucederá a nosotros”. Conocedora de que la corrupción que se ha encargado de inocular a todo nivel en sus 22 años de destructivo ejercicio del poder, ha garantizado la devastación de lo que pudo haber sido un frondoso paisaje institucional y que, en lo que queda de su socavado suelo actual, solamente echa raíces la perniciosa impunidad, la cual se ha propagado por doquier como una dañina mala hierba. De ahí que, dentro de lo que es su concepción de gobernar, sea inadmisible que un expresidente, de lo que sea, pueda ser imputado, siquiera investigado, por la justicia de algún país por no tomar las «precauciones» por ella tomada en el suyo.

Recuerda, hasta con cierta melancolía por la enorme cantidad de personas que engañaron en su buena fe, las banderas anticorrupción que levantó en aquella campaña electoral de finales del siglo pasado que, con viento en popa para surcar el entonces complicado mar político de esa nación, azotada por una extensa temporada de «huracanes» social-económicos, le permitió llegar al poder para, una vez hecho los primeros anuncios grandilocuentes y efectistas, deslastrarse de ellas y, en una profunda fosa, enterrarlas junto con el compromiso de respetar los derechos humanos, la separación de poderes y el Estado de derecho, condiciones esenciales que, ni más ni menos, exige la democracia. Instaurando, en vez, un sistema autoritario para aferrarse al poder y al lucro ilegítimo.

Nos imaginamos a la «Peste» descubriendo las semejanzas que tiene con el sentenciado expresidente galo en aquello de manipular jueces y, por ende, la justicia. O encontrándose similitudes con el expresidente del Barça en cuanto a una administración desastrosa y ruinosa, un gobierno sin rumbo, cuya inercia lo llevó a dar tumbos continuamente, y sus frecuentes huidas hacia delante.   

Nos permitimos recordarle a la susodicha – a esa malévola y perversa «plaga» que tanto daño ha causado, y  sigue causando – un popular refrán que reza “A cada cochino le llega su sábado”…ya sea en Cataluña, Francia o Venezuela.

Prof. Titular jubilado ULA – Cronista deportivo        

      aemora@gmail.com, @amoramarquez

06-03-2021