El Big Ben Deportivo: «Como vaya viniendo vamos viendo»… el exterminio

Por: Andrés Mora…

La «Peste» en su afán desmedido de expropiar cuanta industria, empresa y tierra fértil le pareciera – motivo por la que Citgo se encuentra en «pico eʼ zamuro», gracias a la expropiación que de Crystallex hiciese el que firmaba con la «rabo eʼ cochino», y una de las razones fundamentales de la hiperinflación que sacude al país desde hace unos 38 meses como consecuencia de la destrucción del sector productivo, responsable, ésta, de la terrible contracción del PIB y de la drástica reducción de riqueza (insuficiencia de dinero), suplida artificialmente por el BCV con su «maquinita de emitir bolívares» – pareciese haber decidido expropiar, también, el «como vaya viniendo vamos viendo», la popular frase del recordado Eudomar Santos, para usarlo como «punta de lanza» de su política de Estado.

Ahora entendemos perfectamente aquel “Dios proveerá” que soltó el usurpador durante la presentación de su Memoria y Cuenta ante la AN en el 2016, la única vez, por cierto, que cumplió con ese mandato constitucional ante el último parlamento venezolano legítimamente elegido, queriendo dejar «a la buena de Dios» y «el destino» las consecuencias que trajera consigo la extensa devastación que, continuando con el legado de su predecesor y padre de la «Peste», ha provocado en la economía nacional su demencial dogmatismo ideológico.

Y es que «a la buena de Dios» ha sido dejada la selección masculina de voleibol que clasificó a Tokio 2020, magna cita del deporte mundial a efectuarse del 23 de julio al 8 de agosto, siempre y cuando el coronavirus lo permita. El asunto es que después de hacerse, contra todo los pronósticos y en una actuación épica, del cupo olímpico y de la «Peste» haberle prometido «villas y castillas» – “Apoyo Total” titulaba la primera página del diario Líder en su edición del 17-01-2020 –, a 180 días de la inauguración de los JJ.OO. el seleccionado aun no inicia su preparación, no todos los jugadores tienen su pasaporte al día y, para colmo de males, “además de haber padecido de Covid-19 por insalubridad del Gastón Portillo, sigue sin ningún tipo de apoyo económico o logístico”, como lo informara el objetivo y acucioso periodista Juan José Sayago en su crónica «Todo sigue igual: la triste historia del voleibol venezolano», «guindada» en triangulodeportivo.com.

Sin embargo, está lejos de ser la primera vez – en estos casi 22 años de pesadilla roja-rojita – que la desidia, ineptitud, ineficiencia y desinterés de los organismos que rigen el deporte de alta competencia en Venezuela se hacen sentir.

Para Río 2016, por ejemplo, los zulianos Nercely Soto y Alberth Bravo, cuarta y quinto clasificado a la justa por Venezuela, ella en 200 y él en 400 m planos, a quienes la planificación deportiva del Ministerio del Deporte los ubicaba en el exterior desde octubre 2015, estuvieron en realidad hasta marzo 2016 entrenando en la pista del «Pachencho» Romero – para ese entonces, y aún en estos días, en condiciones deplorables a pesar de los ingentes recursos aprobados desde hace más de cinco años para su recuperación – y que sólo al final de ese mes fue cuando pudieron viajar al exterior para entrenarse.

En ese limbo estuvo, también, Rosa Rodríguez, campeona panamericana de martillo en Toronto 2015, que ni pesas tuvo para entrenar. Lo vivieron, asimismo, la maratonista Yolimar Pineda y la balista Ahymara Espinoza, quienes vieron retrasarse en más de siete meses su preparación en el exterior. Inclusive, peor suerte corrió Elías Malavé, cuarto lugar en el Mundial de Tiro con Arco de Copenhague 2015, quien se perdió todas las competencias previas y hasta los campamentos con su entrenador. Sanciones no existían, pero sí una corrupción dantesca. Nunca antes vista.

No es justo que todos esos talentosos muchachos pasen gran parte de su juventud practicando, entrenando y sacrificándose hasta al fin alcanzar su sueño olímpico, para luego encontrarse inmerso en el surrealismo que significa ser parte de la «Generación de Oro», un grupo de deportistas de élite desasistido, dejado a su suerte y sólo tomado en cuenta para los fines propagandísticos del régimen. Hasta Rubén Limardo – nuestro flamante oro olímpico en Londres 2012 y quien ante su resonante triunfo cedió a los halagos y homenajes que le hiciese la «Peste» que, como es bien conocido, poco hizo para que coronara su sueño – ahora lo reconoce.

Pero así como la corrupción no ha permitido que en Venezuela exista una pista de atletismo decente desde hace dos ciclos olímpicos, este año comienza el tercero, tampoco hizo posible la construcción de nuevos hospitales. La «Peste» prometió 14 y ninguno fue concluido después de «desembolsarse» mucho más de mil millones de dólares. Ese enorme desfalco sumado a lo que se dejó de invertir en equipos, insumos, medicamentos e infraestructuras de los centros de salud existentes y a los miserables salarios devengados por el personal de salud, dio como resultado la Emergencia Humanitaria Compleja en la que se encuentra sumido el país desde hace varios años. Con ese apesadumbrado panorama se recibió la Covid-19.

Perspectiva que lo que ha hecho es empeorar. Por un lado se tiene la sanción que por una deuda acumulada de US$ 11 millones con la OPS – una minucia comparada con el billón de dólares o más dilapidados por la «Peste» – inhabilita a Venezuela a acceder a las vacunas contra Covid-19 que ofrecerá esa organización. Por otro lado, se tiene el subregistro que irresponsablemente el régimen mantiene de los casos de coronavirus en el país. Situación denunciada en mayo pasado por la Academia de la Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales basados en los resultados obtenidos de sus proyecciones y con las que coincide un estudio reciente del Imperial College London que ubica entre 1.500 (bajo), 3.200 (medio) o 6.000 (superior) casos por día.  

Seguramente la «Peste» le comentara con toda franqueza al coronavirus, su colega asiático, que su política para enfrentarlo es el “como vaya viniendo vamos viendo”… el exterminio de la población.

aemora@gmail.scom, @amoramarquez