Por: Andrés E. Mora M…
Hay un par de desafíos que se llevan a cabo este fin de semana, ambos de pronóstico reservado, que han despertado un interés mayúsculo a nivel global. En el primero, a celebrarse hoy, sábado 28 de mayo, a las tres de la tarde, hora venezolana, dos maneras muy distintas de entender, ver y expresar el fútbol dirimirán la final de la UEFA Champions League en el verde césped del Stade de France, en la Ville Lumière, la “Ciudad Luz”,
Mañana, entretanto, en Colombia, sede del segundo duelo, la democracia – que ha visto incrementar del 5,9% al 20% el descontento y desconfianza que a ella le tiene la población de aquel país – convoca a la primera vuelta de las elecciones presidenciales con la participación de seis candidatos, de donde saldrán los dos que se disputaran, en una segunda vuelta – todas las encuestas descartan un ganador en la primera – a disputarse el 19 de junio, la responsabilidad de dirigir el destino de la hermana república en los próximos cuatro años.
Lo que suceda en Paris no incidirá de manera determinante en el fútbol. La Champions, la competencia de clubes más importante del mundo, continuará siendo el torneo anual emblemático del deporte más difundido y practicado en el planeta. De tal manera que el encanto emanado del engramado balompédico seguirá seduciendo a multitudes y cautivando a más seguidores, independientemente del resultado.
En el caso del desafío electoral colombiano, no se puede decir lo mismo. De quien resulte ganador dependerá si esta nación continúa enrumbada hacia un futuro promisorio, con la obligación ineludible e impostergable de hacer las correcciones a que haya lugar en ese sistema perfectible conocido como democracia, o dar un salto al vacío, como lo dio en su momento Venezuela, creyendo en el discurso mesiánico de un carismático líder populista.
La historia de la democracia contemporánea registra el fracaso de todos y cada uno de tales líderes, “individualidades” estas – “mesías” les gusta ser llamadas, autócratas se les denomina, y tiranos terminan siendo – que comparten la intimidad con la corrupción y cuya gestión es marcada, usualmente, por el colapso económico de la nación, que incluso hasta a la ruina del país puede conllevar, y por el lamentable saldo, previsible por demás, de opositores asesinados, torturados y desaparecidos, producto del reiterado irrespeto a los derechos humanos.
Por el contrario, la historia del fútbol está plagada de casos de individualidades que, en un momento de inspiración, «se echaron el equipo al hombro» conduciéndolo al título en un torneo de clubes y/o de selecciones. Paolo Rossi, quien guió a la azzurri a la obtención del Mundial España-82, es ejemplo de ello. Karim Benzema es el caso más reciente. “El gato” fue el protagonista de las tres remontadas épicas que la permitió al Real Madrid «aterrizar» en la capital francesa.
En Paris, decíamos al principio de esta nota, se enfrentan, entonces, dos propuestas diametralmente opuestas. El Liverpool, de Jürgen Klopp, apuesta al juego colectivo. El Real Madrid, de Carlo Ancelotti, se fundamenta en la inspiración de sus individualidades.
Los “Reds” juegan con sus líneas adelantadas, con sus dos centrales ubicados muy cerca de la mitad de la cancha, para presionar a sus rivales a lo que le suma la subida incesante de sus laterales, «ensanchando» la cancha con la intención de generarle espacios al letal tridente ofensivo compuesto por el egipcio “Mo” Salah, el senegalés Sadio Mané y, seguramente, el colombiano “Lucho” Díaz.
“La Casa Blanca”, por su parte, juega muy cómoda sin ser dueña de la pelota, aprovechando cualquier oportunidad, ya sea por error de la zaga contraria o creada por mérito propio, para hacerse presente en el marcador a través del buen momento que atraviesan tanto Karin Benzama como el «explosivo» Vinicius, y del plus que da Rodrigo viniendo del banco.
La posible ausencia de Thiago Alcántara en el mediocampo del equipo inglés sería una baja sensible al no disponer del jugador que maneje los tiempos, haga la pausa, cree y distribuya juego de manera excelsa con su prodigioso «pie de seda».
En las presidenciales colombianas la ausencia de electores sería una baja muy sensible también, ya que significaría dejar desguarnecida a la democracia en su zaga, con el riesgo que eso implica ante una «escapada» del candidato del Grupo de Río que le permitiese marcar el gol para «matar la partida» en la primera vuelta. Situación que esperamos no suceda, a pesar del creciente desencanto que en Colombia hay por la democracia. Desafuero cometido por la clase media venezolana en la elecciones de 1998, y aún estamos pagando las consecuencias. No es dejando de votar, precisamente, la manera de reclamar, sino exigiendo más y mejor democracia.
La elección del líder carismático populista en aquellas presidenciales del 98, derivó en un régimen que no conoce de fair play. Así lo demuestra, entre otros, el proceso abierto ante la CPI por los “presuntos” crímenes de lesa humanidad cometidos y la Emergencia Humanitaria Compleja que azota al país como consecuencia de su obscena corrupción. Lo más reciente de su “juego sucio” tiene que ver con el instructivo salarial de la ONAPRE que, «entre gallos y medianoche», sustituyó al Instructivo para la Aplicación de Beneficios Acordados en la Cuarta Convención Colectiva Única (I V CCU), vigente desde el 01-08-2021, violando flagrantemente los derechos laborales de los universitarios y el art. 89 de la Constitución: “Cuando hubiere dudas acerca de la aplicación o concurrencia de varias normas, o en la interpretación de una determinada norma, se aplicará la más favorable al trabajador o trabajadora”.
Una segunda vuelta permite enderezar entuertos, lo que no es posible en el sistema electoral venezolano. No te equivoques Colombia. Por cierto, por ahí anduvo Piedad Córdoba – aliada del candidato carismático populista de allá y del régimen autoritario de acá – en otro “mal entendido”, éste de 68 mil dólares en efectivo…
…Fin de semana, ¡pa`coger palco!
aemora@gmail.com, @amoramarquez
28-05-2022



