El Big Ben Deportivo: “Miggy” masacra al picheo por allá, el régimen al pueblo por acá

Por: Andrés E. Mora M…

“Miggy”, como se le conoce a Miguel Cabrera en el «Big Show», arrancó hace dos días – bateando de 4-1 con jonrón, su 488 de por vida, anotando una e impulsando 2 carreras  – su campaña 19 en las «Grandes Ligas» con un par de propósitos, seguramente, «entre ceja y ceja»: ser el guía de los jóvenes peloteros de Detroit y continuar «puliendo» sus rutilantes «numeritos». Estadísticas, por cierto, de «otro mundo» – de ahí que algunos relatores de beisbol en Venezuela lo apoden “el marciano” por cariño – «moldeadas a batazo limpio» en los «diamantes» estadounidenses, y que desde ya le garantizan su membresía a la exclusiva «Sociedad de los Inmortales» en Cooperstown.

La «Peste», por su parte, con el comienzo de este 2021, inició su décima octava «temporada» consecutiva de censura a la estadística oficial de la violencia en el país. Coacción típica de ella y que a nadie debe sorprender, ya que solamente está siendo consistente con la mordaza que le ha impuesto a un sinnúmero de otras actividades en Venezuela, entre ellas: al Boletín Epidemiológico desde el 2014, al IPC, entre otros indicadores del BCV, desde la época que lo presidía Nelson Merentes, a la libertad de expresión desde el mismo momento que tomó posesión el expresidente fallecido y, más recientemente, a los registros de casos positivos y fallecidos por la Covid-19. Así pues, entre mentiras y, cuanto mucho, medias verdades, han transcurridos los 22 años de la «Peste» azotando a Venezuela.

De tal manera que mientras el «maracayero» no hace otra cosa sino enorgullecer a nuestro gentilicio con cada nueva «visita al home» en el mejor «beisbol del mundo», la «Peste», con la opacidad que le caracteriza, lo avergüenza, ocultando, sin éxito – gracias al trabajo profesional y tesonero de organizaciones como el Observatorio Venezolano de la Violencia (OVV) – los «numeritos» relacionados con la violencia en el país. Estadísticas negras en las que de inmediato «salta a la vista» el renglón referido a la letalidad de la violencia policial, que ha venido ascendiendo de manera vertiginosa desde 2016. Realidad inocultable a la que se le suman otras aristas de letalidad, de la que hablaremos más adelante. 

Dicho lo anterior, adentrémonos, entonces, en esos «guarismos» que hemos mencionados. Tanto en los que, por su espectacularidad, nos fascinaran como en aquellos que aborreceremos por su  crueldad.

Con respecto a “Miguelito”, el equipo «bengalí» abrió la temporada alineándolo en la inicial – de hecho, fue vital en el triunfo 3×2 sobre Cleveland – confirmando lo de su gran forma física y la confianza que en él ha depositado A. J. Hinch, el nuevo manager de la divisa. Le corresponderá a Hinch, precisamente, gerenciar con éxito la alternabilidad del criollo como primera base y bateador designado para mantenerlo contento, saludable y, por ende, productivo. Al nuestro le hacen falta, después del «Opening Day», 133 imparables para alcanzar la mítica marca de los 3.000 hits y 12 «vuelacercas» para convertirse en el «miembro» número 28 del selecto «Club de los 500», ambos «tickets», de mantenerse sano, al «alcance de su bate» este año.

Pero hay más de “el marciano”. Al arribar a los 500 cuadrangulares, se uniría a Babe Ruht, Ted Williams y Manny Ramírez, los únicos en la historia de «las mayores» en conectar 500 o más «jonrones», 500 o más dobles y batear para .310 o más. Miguel inició el 2021 con 581 «tubeyes» y con un promedio de por vida de .313 en 9.153 veces al bate, número de turnos suficientes para actuar como «buffer» en caso de falta de consistencia con el madero.

Pero eso no es todo. Al llegar a los 3.000 hits, Miguel pudiera convertirse en el único en ostentar esos cuatro registros a la vez. Eso ocurriría luego que más de 19.902 peloteros han jugado a lo largo de los 145 años de historia de las «Grandes Ligas». El bate de “Miggy” ha sido letal para el picheo de la «Gran Carpa». 

Con respecto a la «Peste», el Informe Anual de Violencia 2020 del OVV es demoledor: “Desde el año 2016 hay un aumento sostenido de la letalidad policial en relación a las muertes provocadas por los delincuentes. Cada año hay más víctimas por haberse resistido a la autoridad que los homicidios de cualquier otro tipo. En el año 2016, por cada cien homicidios hubo 28 personas que fallecieron en las actuaciones policiales que calificaron como muertes por haberse “resistido a la autoridad”. En 2017 fueron 34 por cada cien; en 2018 fueron 72 por cada cien; en 2019 fueron 88 por cada cien y en este año 2020, por primera vez, fueron más los muertos por los policías que por los delincuentes: 101 por cada cien homicidios delincuenciales.”

Pero a la letalidad policial hay que sumarle la mortalidad generada por la corrupción, principal responsable de la Emergencia Humanitaria Compleja en el que se encuentra sumido el país mucho antes de la llegada de las sanciones internacionales, y que significó la destrucción de Pdvsa, la gran generadora de ingresos del Estado venezolano. Por lo tanto es una mentira más del usurpador cuando el pasado 29-M “le atribuyó a las sanciones disminución del 99% de los ingresos de Venezuela.”

Y aún faltaría una «pata» en la configuración del trípode de la muerte en que se sustenta el plan de exterminio que, pareciese, viene ejecutando la «Peste» en contra de los que permanecemos en Venezuela. Nos referimos a su gestión de la crisis generada por la Covid-19. El subregistro de los contagiados y fallecidos, y la dilación en lo referente a la vacunación – después de haberse vacunado el usurpador y sus colaboradores – da la impresión de buscar maximizar las víctimas fatales, pero minimizando su número en los reportes.

No hay duda, “Miggy” masacra al picheo por allá, y el régimen al pueblo por acá. ¡Así son las cosas!

Prof. Titular jubilado ULA – Cronista deportivo   

      aemora@gmail.com, @amoramarquez