El colapso camina a paso de vencedores

Por: Germán Rodríguez Bustamante…

La juramentación de Maduro impuesta por la fuerza de las bayonetas, produjo el rechazo mayoritario del continente, de la comunidad europea y de muchos países del mundo. La violación de las normas constitucionales del proceso fraudulento del 20 de mayo del 2017, fue advertido con anticipación por gran cantidad de naciones, en consecuencia el desconocimiento de la juramentación era más que previsible. A pesar de ello el régimen mantuvo a trocha y mocha su circo para su coronación, triste fue ver la poca participación de presidentes y representantes de países. A pesar de los esfuerzos financieros realizados, para traer a cualquier representante que estuviera dispuesto a realizar un turismo tropical, en nuestra destruida nación. El tartamudeo de palabras hecho por el presidente del TSJ, es muestra elocuente de los señalamientos realizados por el turpial Zerpa. El descontento general que existe en el país por la incompetencia, negligencia y corrupción también está presente en el TSJ.

Para los escépticos y soldados digitales les quiero recordar las palabras de Karl Marx Ya no queda nada que perder…Y hay todo un mundo que ganar. El apoyo a las decisiones tomadas por la Asamblea Nacional debe ser total y absoluto, por todos los venezolanos. No hay tiempo para dudas y reclamos, debemos actuar con sensatez, pero con fuerza y firmeza, no podemos dejarlos solos en esta hora. El colapso que experimenta el país en lo social, económico y político es horrendo. Tristemente  Venezuela, desde hace tiempo, dejó de ser una nación para devenir en una tiranía operada por delincuentes. El camino para derrocamiento de la dictadura hacia la consolidación de la democracia, está en gestación, los apoyos internacionales, las movilizaciones internas y la aplicación de la carta fundamental por parte de las FAN, son los ingredientes para terminar de fracturar esta falsa unión cívico militar. La nación se encuentra en manos de un “comité”, movido por las peores pasiones, muy tristes e inevitablemente ignorantes: el odio, el resentimiento, la sed de venganza y las ansias de la pandilla por mantenerse en el poder “como sea”. Los valores revolucionarios, soportados en el rentismo petrolero populista, el analfabetismo funcional, el culto al facilismo y a la mediocridad y la siembra de la corrupción del ser y de la conciencia, se convirtieron en la pócima ideal, para producir el colapso absoluto. Después de estos veinte largos e insoportables años de controles, derroches, desfalcos, y saqueos; adicional a atropellos y humillaciones tortuosas, injustas y despóticas, lograron el hecho concreto de: empobrecernos como nunca antes en la historia, limitados de toda condición humana y reducidos a seres de instintos básicos, como comer, reproducirse y resguardarse. En la actualidad somos sometidos y cada vez más dependientes de un “registro y control”, de una numeración, de una cifra más, a la que llaman “carnet de la patria”. Único medio de obtener alimento, medicamentos,  servicios básicos, en definitiva un modo de sobrevivencia, para poder mitigar las urgentes y crecientes necesidades. Es el sometimiento llevado a los extremos de la crueldad. El país convertido en un campo de concentración, cercado por sus fronteras. En estas condiciones es previsible y justificable la inmensa diáspora que muestra la nación, nadie quiere quedarse para soportar estos escenarios de genocidio selectivo.

El país ha colapsado por completo. Pasamos de la gran Venezuela a la Venezuela impotencia. Los controles económicos, comunicacionales, sociales y políticos resultaron ser el acta de defunción de una de las naciones potencialmente más ricas, pujantes, capaces, educadas y libres de Latinoamérica. Secuestrada por un ejército de ocupación de facinerosos, piratas y ladrones, con y sin uniforme. Lamentablemente la población fue progresivamente acostumbrándose con hemorragias de ofertas fantasiosas, y en algunos casos impuestas a punta de pistola, con acciones que terminaron destruyendo el aparato productivo. En conclusión el caos sobre el orden.  

Las cifras hablan por sí solas, ya han cobrado realidad, las banderas rojas que ondearon de otros tiempos van cayendo una tras otra. Las visibles grietas del acorazado criollo hacen aguas por doquier y van poniendo en evidencia las fragilidades, ante su próximo hundimiento. El colapso es más que una sospecha, es una realidad manifiesta. Es la evidencia del fracaso rotundo de un régimen que quiso poder consumir sin producir, enriquecerse sin trabajar, en medio de una época de bonanza de renta petrolera que no volverá.

Indudablemente una elite vinculada con la proeza revolucionaria, aprovecho las imperfecciones del sistema para acumular riqueza difícil de explicar y esconder. Lo cierto es que, la nación muestra las huellas de una destrucción programada expresada la misma en: servicios en términos generales destruidos; interrupciones en el fluido eléctrico a nivel nacional; suministro de agua potables irregular; vías de comunicación terrestre en estado de vulnerabilidad absoluta; sistemas de comunicaciones telefónicas y redes digitales en mengua total y recaudación de desechos sólidos irregular. Estas son las señales del avance a paso de vencedores de esta Dictadura decadente, que se niega a entregar el poder, a pesar de las contundentes cifras que muestran su naufragio. El momento es hoy, la luz está cerca, pero debemos hacer los esfuerzos para que no sea un espejismo. La Constitución es clara, todo ciudadano o ciudadana investido de autoridad o no, tiene el deber de restituir su vigencia. Apoyemos sin reservas las decisiones emanadas de nuestra Asamblea Nacional, único poder actual, cuyo origen es de la voluntad soberana y libre del pueblo venezolano.   

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