El destructor avanza

Por: Germán Rodríguez Bustamante…

Drax el Destructor es un superhéroe ficticio que aparece en los cómics publicados por Marvel. Los poderes de Drax inicialmente incluían fuerza y resistencia sobrehumanas, así como la habilidad de proyectar rayos de energía cósmica desde sus manos. Después de su resurrección, sus habilidades físicas se incrementaron considerablemente más allá de sus niveles originales, pero sufrió de una severa discapacidad mental en su nueva encarnación.  En las diferentes encarnaciones el superhéroe paso por la pérdida de capacidades, y en consecuencia facultades sobrehumanas. Llegando al final a utilizar la gema únicamente para el fortalecimiento de su fuerza física, dado su reducido intelecto. Comparando el cómic con la realidad venezolana presente, surge un destructor no tanto con poderes sobrenaturales, pero si, con la intención deliberada de devastar la Nación.

Nadie jamás pudo haber pensado que Venezuela pudiera llegar a los niveles de deterioro descomunal que experimenta en lo económico, social y político. Posiblemente el hecho de no vivir una experiencia traumática como la actual en el pasado reciente, tiene a la población en una total apatía, desorientados, sin entender y comprender la gravedad de la situación que enfrenta. Se desconoce el propio entorno y la canalla mediática del régimen construye escenarios irreales que contradicen las realidades cotidianas que los ciudadanos padecen.

La gestión de gobierno ante los cambios experimentados en el entorno fue incapaz y negligente para anticipar algunos de ellos. Como resultado de ello muchas situaciones   tomaron por sorpresa a la estructura, generando una improvisación permanente y cotidiana en todas las medidas y políticas implementadas. El proceso reflexivo es fundamental para prever y evaluar los contextos con la finalidad de que la improvisación no exista: lo que pueda ocurrir en el futuro fue advertido, por lo tanto, se cuenta con las acciones concretas para mantener el camino, lo cual no es improvisación. A pesar de reconocer la existencia de la improvisación como herramienta de planificación, algunas circunstancias conducen a pensar en una acción predeterminada, por parte del régimen, para hacer daño, se pasa de la improvisación corriente a la destrucción programada.

El régimen revolucionario desobedece los principios de la planificación con la finalidad de mantener el poder político de unos grupos o elites, además de buscar influir en el agotamiento de los sistemas existentes, hasta verlos fracasar y así producir un impacto que resalte el nuevo sistema refundado, la experiencia dice que en todos los casos el remedio ha sido peor. Las Universidades no se han escapado de esta estrategia, las últimas visitas de Maduro y su corte en la UCV, son el reflejo de la destrucción institucional gestada, que se pretende recomponer con show mediáticos en la oscuridad. La casa que vence las sombras, arropada por el manto oscuro y tenebroso del destructor, quien, con poderes usurpados emite rayos cósmicos que destruyen todo a su paso.          

La riqueza y el crecimiento económico de un país se explican en parte por sus capacidades para generar investigación, crear conocimiento, apropiarse de él y convertirlo en nuevas tecnologías. Hoy el acceso y la disponibilidad de información y conocimiento no son un problema. Sin embargo, existen naciones que utilizan los conocimientos existentes de una manera más productiva que otras. Las grandes transformaciones que caracterizan al mundo actual responden, en gran medida, a los avances experimentados por el desarrollo de nuevos conocimientos científicos y tecnológicos, a su rápida incorporación en variados ámbitos de la sociedad y a las posibilidades de difusión. El desarrollo nacional incorpora la ciencia, la tecnología y la innovación como un eje central que permitirá resolver los problemas nacionales, mejorar las condiciones de vida de la población, incrementar la capacidad de producción con valor agregado y tener un mejor conocimiento de nuestro entorno para garantizar sustentabilidad ambiental y cultural.

En Venezuela, en estos años infelices de revolución, con intención y desprecio se ha gestado un proceso de destrucción institucional que ha socavado las capacidades de crear conocimiento y en consecuencia contar con un nivel tecnológico propio. Las universidades autónomas cercadas financieramente languidecen lentamente, hasta su apagón general. Las insuficiencias son notables, tanto en infraestructura como dotación de insumos reactivos y material didáctico, restricciones que afectan la calidad investigativa. Los robos, desmantelamientos de equipos y destrucción de la infraestructura por la ausencia de mantenimientos preventivos, colocan a las instituciones universitarias en una situación de letargo colectivo. Los cepos colocados derivaron en daños definitivos. Es muy difícil que la institución pueda sobrevivir al cataclismo gestado por la revolución. Para guinda del pastel, la pandemia ha servido como excusa para terminar de sepultar a las universidades, los recintos lucen abandonados, enmontados y totalmente silentes.

El destructor aparece como superhéroe para reconstruir la Universidad con poderes especiales difíciles de poder observar, bajo el amparo de la noche y la protección de brigadas de bien trajeados guardaespaldas.  El derroche de elegancia contradice las deplorables imágenes de la Universidad, hasta los pupitres muestras los surcos del desastre revolucionario. El nombramiento de autoridades a dedo agravará la situación de destrucción de las instituciones universitarias, no existen poderes ni habilidades extraordinarias para revertir los daños producidos, muchos de ellos son irreversibles. Como el proyecto Manhattan, la universidad fue destruida por una bomba atómica revolucionaria. En palabras de Oppenheimer luego de la explosión de la bomba atómica, citando el libro sagrado hindú Bhagavad Gita, ahora me he convertido en la Muerte, el destructor de mundos. El Drax Tropical, el destructor de la Universidad.  

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