El diálogo inicia y la guerra avanza

Por: German Rodríguez Bustamante…

El diálogo planteado en México entre la oposición liderada por Guaidó y El régimen encabezado por Maduro, inició con la firma de memorándum de entendimiento, en el cual ambas delegaciones mostraron su disposición a acordar las condiciones necesarias para que se lleven a cabo los procesos electorales consagrados en la Constitución con todas las garantías y entendiendo la necesidad de que sean levantadas las sanciones internacionales. En la segunda ronda de encuentros programados, se llegaron a acuerdos parciales, dos específicamente, el primero tiene que ver la protección económica y social del pueblo venezolano y otro sobre la defensa de la Guayana Esequiba. A pesar que las vocerías fuera de la mesa envían mensajes cargados de histeria y camorra, lo cierto es que el avance es muy poco, en virtud de la emergencia humanitaria compleja que vive el país. Obviamente los tiempos de la gente son más demandantes que el de los negociadores, estos últimos pueden tantear para mantener la mesa en pie, dejando a los ciudadanos desprovistos de alguna esperanza.

El reciente informe de la plataforma de coordinación interagencial de refugiados y migrantes de Venezuela (R4V) de la ONU, señala que 6.024.351 venezolanos se han visto obligados a abandonar su país ante la crisis que se padece. Este flujo es difícil de explicar por la ausencia de un conflicto bélico interno. Los ciudadanos continúan saliendo por la inseguridad y las amenazas, así como la falta de alimento, medicamentos y servicios esenciales. Esta emigración es una de las principales crisis de desplazados ocurridas en el mundo. Los acontecimientos políticos, de derechos humanos y socioeconómicos en desarrollo en la Nación, obligan a un número creciente de niños, mujeres y hombre a irse a los países vecinos y más allá. La gran mayoría llegan asustados, cansados y en extrema necesidad de asistencia. Pareciera una guerra sin balas y morteros que impone el régimen a la población, forzándola a desplazarse para buscar mejores condiciones de vida.

Lo cierto es que, la Nación muestra las huellas de una guerra convencional expresada en servicios en términos generales destruidos: interrupciones en el fluido eléctrico a nivel nacional, suministro de agua potables irregular, vías de comunicación terrestre en estado de vulnerabilidad absoluta, sistemas de comunicaciones telefónicas y redes digitales en mengua total y la recaudación de desechos sólidos es una calamidad. Estas son las señales de una economía de guerra producida por el socialismo del siglo XXI. La realidad es concluyente la supuesta guerra económica es entre una cínica unión cívico militar y la gran mayoría de los ciudadanos que deben sobrevivir a condiciones de exterminio impuestas. La elite dominante y sus cortesanos no sufren las calamidades del pueblo, el esquema económico montado les permite resguardarse de las baterías sociales y económicas. Mientras un porcentaje significativo de la población rebusca la comida de la basura, por el mundo se pasean muchos muchachones, dignos representantes y embajadores del saqueo realizado en Venezuela. Las riquezas exhibidas por estos bolichicos golpean con dureza a los ciudadanos, que les corresponde resistir a los escenarios de aniquilación revolucionaria.

El esquema montado por la banda de la unión cívico militar, arrincona al ciudadano llevándolo al extremo de renunciar a sus querencias, afectos y familia para abandonar el territorio o sobrevivir en el mismo bajo las condiciones de guerra colocadas. El ejército de ocupación controla el espacio geográfico, hasta en los eventos fortuitos derivados de la naturaleza. Son ellos quienes deciden que se hace y como, los apoyos y ayudas deben ser canalizadas por las fuerzas de ocupación. Los ciudadanos a merced de un conjunto de resentidos, ignorantes y obedientes uniformados. Toda la estructura de poder civil agregada a los cuarteles. Este esquema de guerra no convencional condena al ciudadano al desplazamiento espontaneo, ya que es difícil sobrevivir a una batería de artillería socioeconómica tan despiadada. Las sirenas que anuncian los bombardeos se asemejan a los cortes intempestivos de servicios que hacen la vida insoportable.

El truco de la unión cívico militar impuesta como bandera de la revolución, pretendía convencer a la sociedad, que la fuerte presencia militar en un gobierno garantizaba su estabilidad. El asalto de la gerencia publica fundamentada en la reserva moral y la capacidad profesional de los integrantes de la fuerza armada, quedo seriamente cuestionada, sometiendo al componente a un deslave pronunciado en su credibilidad por parte de la sociedad.  Lejos quedaron los valores del militar nuevo; de ser responsable en todo momento por sus actos u omisiones en los cuales incurra directamente o como consecuencia de sus funciones; ser justo en citrato con sus subalternos y no ordenar nada que atente contra la dignidad e integridad moral; ser honesto en todos los actos de la vida profesional y privada; entre otros. Las actuaciones de la gran mayoría de militares en funciones gerenciales han desnudado su incapacidad y sus niveles elevados de corrupción. A pesar de la evidencia de los resultados, los militaristas mantienen una fuerte presencia en la estructura de gestión del régimen actualmente, profundizando la guerra en contra del ciudadano.

Desafortunadamente el diálogo podrá producir resultados importantes en lo que tiene que ver con las salidas políticas y económicas para el año 2.022. Posiblemente la crisis humanitaria podrá ser abordada este año dada la gravedad del problema y la necesidad urgente de la población. Existen eventos en desarrollo a nivel internacional, que pueden colocar ingredientes para que la negociación logre avanzar a mejores velocidades, y conseguir acuerdos parciales que mejoren las condiciones de guerra impuestas por el régimen. Pero también pueden ser una motivación para patear la mesa, con lo cual se agravará el conflicto interno y la guerra no convencional, seguirá produciendo muertos y desplazados.           

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