El Economista del Siglo XXI: ¿Hacia un Nuevo Modelo Económico?

Con motivo del 67 aniversario de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad de los Andes (ULA) y en el marco de la celebración del Día del Economista, el economista Dr. Albio Márquez, director del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales- ULA, reflexionó sobre el papel crucial de su profesión en un contexto global en profunda transformación. La conferencia, titulada «El Economista y la Economía Mundial en el Temporado del Siglo XXI», sirvió como un urgente llamado a comprender las fuerzas que reconfiguran nuestro mundo.

El conferencista destacó que desde los albores de este siglo, se vislumbró una era de «libre tecnologización», un salto cualitativo en la globalización donde las fronteras nacionales parecían difuminarse para dar paso a un flujo sin precedentes de capitales, producción y comercio. Los Estados, guiados por un ideal de acceso libre y una fe inquebrantable en la eficiencia de los mercados, impulsaron la internacionalización de sus economías. Las corporaciones, en un proceso progresivo y luego acelerado, tomaron las riendas de esta dinámica, privatizando en gran medida el proceso de globalización.

Este fenómeno trajo consigo un desarrollo exponencial de las cadenas globales de valor, pero también un «desbordamiento» de la economía financiera, la cual comenzó a crecer a un ritmo que sobrepasó con creces el de la economía real y productiva. Este desacople generó distorsiones profundas, evidenciando que el crecimiento de los indicadores financieros no siempre se traduce en bienestar tangible, advirtió.

A esto se suma una crisis en la capacidad de los Estados para diseñar y ejecutar políticas económicas soberanas. El economista destacó que en un escenario de «democracia de masas» y con la creciente complejidad de los mercados globales, la capacidad de los gobiernos para cumplir con las demandas sociales y gestionar políticas efectivas se ve severamente comprometida. Esta pérdida de soberanía económica alimenta la desigualdad entre naciones y dentro de ellas, creando un caldo de cultivo para la inestabilidad.

Añadió que la crisis financiera del Atlántico de 2008 fue un punto de inflexión. Puso en evidencia las vulnerabilidades inherentes a este modelo de globalización desregulada. Le siguieron shocks globales como la desaceleración del comercio internacional, la pandemia del COVID-19 y conflictos geopolíticos, que no hicieron más que acelerar una tendencia: la del crecimiento alarmante de la pobreza y la desigualdad a escala mundial.

Frente a este panorama, muchos hablan de una desglobalización o de una profunda reorganización de la economía mundial. «Ya no podemos entender la globalización solo desde la óptica del comercio internacional. Estamos ante un proceso más complejo y fragmentado, caracterizado por lo que algunos han denominado un «hegemonismo» en transformación. Este no es solo un concepto político; es una organización humana y digital que configura un nuevo ecosistema económico», explicó el economista.

La economía digital se ha erigido como el centro neurálgico de la industria global y la vida social. Sin embargo, el Dr. Márquez explicó que «estamos presenciando un cambio tectónico: el centro de gravedad de esta economía ya no es exclusivo de las potencias tradicionales. Un segundo grupo de naciones, a través de grandes esfuerzos estatales en innovación y una transición de economías basadas en materias primas a economías del conocimiento y la manufactura de valor agregado, está emergiendo con fuerza». 

Prosiguió, «nos encaminamos, queramos o no, hacia un nuevo modelo económico. Un modelo que ya no puede privilegiar la eficiencia financiera por encima de todo. El desafío para los economistas del siglo XXI es monumental: debemos ser los arquitectos de un paradigma que, aprovechando las herramientas digitales y la búsqueda de eficiencia, no sacrifique la equidad, la soberanía nacional ni la sostenibilidad».

Finalizó su conferencia puntualizando que «tenemos frente a nosotros la tarea de analizar, comprender y moldear este nuevo orden. No se trata de rechazar el progreso, sino de orientarlo. La verdadera «política extraordinaria» que necesitamos es aquella que sea capaz de domar las fuerzas del mercado global para ponerlas al servicio del desarrollo humano integral. Ese es el reto de nuestra generación de economistas: garantizar que la próxima globalización sea, por fin, voluntaria, justa e inclusiva».

Pltga. Angélica Villamizar

Investigadora IIES-ULA

23-11-2025