El entendimiento de las proposiciones

En toda proposición hay un sujeto y un predicado. Por sí el sujeto posee atributos. Éstos no son atribuciones; son factores que estando en el sujeto es como llegan a ser elementos de una particular tarea gramatical. Cierto, los términos favorecen esta tarea, pues ellos se distribuyen en negaciones (no, nada), exclusiones (solamente), excepciones (a no ser que), disyunciones (o bien), conjunciones (y), etc.

Por supuesto, el conocimiento está centrado en aquello que es inmutable y necesario, –el sujeto–, pues los predicados no yacen inmóviles en los términos, sino variables; ciertamente, éstos tampoco refieren una invención arbitraria, más bien un hallazgo en relación al sujeto. Las modificaciones en el lenguaje no alteran las cosas, sino las definiciones que sobre ellas se tiene. Por ende, el intérprete antes de avanzar en esta modificación asume la responsabilidad de clarificar las explicaciones causales, no sólo descriptivas, con las que llega a una conclusión. Es decir, la reciprocidad entre el modo de ser de un fenómeno, el modo de conocerlo y el modo de reseñarlo en el lenguaje.

Es éste un procedimiento analítico, el cual repercute al tener un sujeto con propiedades permanentes de las cuales el verbo con sus características temporales (presente, pasado, futuro) indica un típico estado; y un género, masculino-femenino, en el que se distribuyen las propiedades, así como un neutro el cual puntualiza que algunas de ésas aún quedan indeterminadas. Entonces, la combinación y cooperación entre estos elementos sustenta la construcción de la frase y la conveniencia del concepto.

En fin, la conjunción de las frases en el concepto constituye el argumento, y la congruencia de éste consiste en la difusión de un significado mayor o menor en la mente de los oyentes.

Pbro. Dr. Horacio R. Carrero C.

26-05-24