¿Cuál es? Aquel el cual impide que las palabras se alejen de su sentido, y a la vez favorece la expresión de puntos de vista diversos. Es decir, el poder de emitir un significado y al mismo tiempo producir un efecto. Las palabras revelan aspectos sapienciales como populares, pues ellas acogen el esfuerzo requerido en la elaboración de ordinarios o regios conceptos.

Los conceptos reúnen, en primer lugar, el conocimiento de las cosas más próximas a la percepción, y, en segundo lugar, los elementos significativos en los que clarifican términos dudosos en precisos.

Esta clarificación es locuaz cuando el esfuerzo por delimitar los términos concilia al entendimiento de los mismos con el ámbito científico y popular. Desde luego, la precisión de los términos es conceptuar, y la de ésta generar significaciones para el otro.

Cierto, la generación de significados requiere la atención.

El que piensa y elabora el concepto deduce los objetos en tipos (clases) bien definidos y reconocibles en sus funciones propias, y el que lo recibe reconstruye el sentido real de los objetos en la acepción en que han sido estudiados y conocidos.

Gramatical y lógicamente existen modos básicos en la interpretación de los conceptos. Así se cuenta en primer lugar con el verbo que, no sólo señala el tiempo, sino también la completitud del enunciado (oración, proposición, etc.). El hombre habla o el hombre está hablando son frases distintas desde el punto de vista del efecto comunicativo. En la segunda el interlocutor busca cómo alcanzar un sentido completo. Por ende, el verbo signa la oración sustancial a partir de la cual se obtienen las secundarias o accidentales.

Esto produce, en segundo lugar, la unidad distintiva de la coherencia de las proposiciones. Éstas, atendiendo la explicación básica, van abriéndose en la mente de los lectores a una gradual emancipación creadora que enriquece el retorno a las cosas para corroborar las nociones. Con esto no se incurre en un círculo vicioso o en un proceso ad infinitum, sino a un descender en las palabras, a un subrayar en ellas aquello de lo cual y con lo cual tratamos.

De esta forma, en tercer lugar, en las proposiciones las palabras desabrigan su cualidad en contribución de un sujeto, que no es ellas pero que ellas potencialmente denotan en la importancia que le compete.

Estos tres modos no los imponen absurdamente a las cosas analizadas, porque la univocidad de una cosa, de un objeto, está abierta a la variedad de significados que otros buscan entender de la mejor manera.

19-05-24

Pbro. Dr. Horacio R. Carrero C.