El sistema financiero venezolano. Un caso de inclusión financiera con poca profundidad

Tal y como se indico en entregas pasadas, la inclusión financiera en Venezuela ha mejorado de forma significativa, y sin duda alguna, esto ha ido en beneficio del crecimiento económico del país. Según las estadísticas contenidas en el Informe Global Findex del Banco Mundial, Venezuela ha visto mejorar sus niveles de acceso, uso, costo y calidad respecto a productos y servicios financieros.

Esta mejora en la inclusión financiera implica que el Sistema Financiero Nacional se encuentra contribuyendo con un mejor desarrollo financiero; capaz de apoyar el crecimiento económico, el incremento de la productividad, la acumulación de capital, la reducción de la desigualdad del ingreso y el alivio de la pobreza. Virtudes que se asocian a sistemas financieros capaces de producir información; destinar capital a usos productivos; monitorear inversiones y ejercer control corporativo; movilizar y centralizar ahorros; facilitar la negociación, diversificación y gestión de riesgos; y facilitar el intercambio de bienes y servicios.

Pero debe tenerse presente que la inclusión financiera es solo un aspecto del buen desarrollo financiero. Otro aspecto a considerar es la profundidad financiera. Ésta tiene que ver con la relación del crédito al sector privado sobre la producción nacional medida a través del Producto Interno Bruto (PUIB) y la relación entre la capitalización bursátil o el volumen de transacciones sobre el PIB. En otras palabras, tiene que ver con la cantidad de fondos en calidad de prestamos que el sector privado consigue para llevar adelante actividades productivas.

Al igual que ocurre con la inclusión, una mayor profundidad financiera se asocia con mejoras en el crecimiento, la productividad, la acumulación de capital, menos desigualdad de ingresos y alivio de la pobreza.

Respecto al comportamiento de este aspecto del desarrollo financiero para el caso venezolano, ya desde la primera década del siglo XXI, se pueden encontrar estudios llevados a cabo por economistas nacionales destacados como Leonardo Vera y Leonardo Maldonado, publicados en revistas científicas de prestigio como Análisis de Coyuntura, que dejan en evidencia la sostenida caída de la participación de los fondos crediticios en la producción nacional. Según los datos mostrados en los estudios señalados, para los años 1988 y 1989, la razón crédito/PIB se ubicaba cerca del 30%; pero en el año 2010 solo alcanzaba a ser del 16%.

Más recientemente, en el año 2022, en el Foro Propuestas para el Presente y Futuro de Venezuela, coordinado por Asdrúbal Oliveros, distintos expertos coincidieron en afirmar, que, como parte de la política monetaria adelantada por el Ejecutivo Nacional para luchar contra la hiperinflación, la reducción del crédito al sector privado de la economía era una pieza fundamental, ya que contribuía a disminuir la presión sobre la demanda de divisas y con ello a evitar la volatilidad del tipo de cambio.

Sondeos de opinión hechos a representantes de distintos gremios empresariales, entre ellos Conindustria y Consecomercio, revelan que entre los seis principales problemas que enfrentan en los actuales momentos destaca la restricción del crédito interno. Se argumenta que los recursos propios son insuficientes para fortalecer actividades productivas que les permitan aprovechar oportunidades que se hacen presentes en el mercado interno e internacional. A esto se debe añadir, que los expertos como Leonardo Bumiak afirman que la banca venezolana se quedó sin dinero para prestar. Que dejo de ser una banca enfocada en la intermediación para ser solo una banca enfocada en lo transaccional.

Las cifras más recientes que aporta el Banco Central de Venezuela (BCV) respecto a las cuentas activas de los bancos en Venezuela, dejan ver que la cartera de créditos representa no más del 18% del total de las cuentas activas para el caso de la banca universal. Un valor que se considera, en función de estándares internacionales, sumamente bajo. En el caso de la banca comercial esta razón se acerca al 12%. Y en el caso del sector bancario microfinanciero se ubica en 46%.

Toda esta evidencia deja al descubierto un desarrollo financiero cuestionable en el país. Un desarrollo que tiende a ser cada vez más inclusivo, pero poco profundo. Lo cual limita de manera importante el potencial de contribución que tiene el buen desarrollo financiero respecto al crecimiento económico, el aumento de la productividad, la acumulación de capital, la reducción de la desigualdad de ingresos y el alivio de la pobreza.

Econ. Albio Márquez

Director del IIES-ULA

26-05-2024