En busca de la salud

¡En busca de la salud!, me dijo un señor, con una sonrisa amable en el rostro. Su camisa de cuadros recién planchada, cabello entrecano y ese porte de los andinos recios que delata el gentilicio merideño. En efecto, cuando nos encontramos en el caminito de San Benito, y me vio con mi atuendo deportivo, acertó con su comentario, porque según los entendido, hacer ejercicios, trotar, andar largos trechos, bailar, montar en bicicleta, son actividades que ayudan a las personas a mantenerse en forma y sentirse bien.

En verdad, cada domingo, cuando emprendo el sendero de arena blanquita bordead de árboles frondosos y acompañada del murmullo del río Chama, una se siente feliz, libre, sanita.

Respirar el aire puro de la mañana que a veces tiene aroma a café que los habitantes del caserío están colando sobre maderos  encendidos en un fogón, y es que por allí es costumbre recoger leña de los bosques cercanos y así reemplazan el inexistente gas, con la práctica ancestral de cocinar a leña.

El caminito como lo llaman comúnmente, tiene un encanto singular. A la derecha, si viene desde El Arenal, hay una pared de montaña que está cortada porque por encima pasa la carretera trasandina. A la izquierda, allá a lo lejos hay un paisaje de verdes colinas y cielos muy azules .La naturaleza es coqueta y sabe utilizar los colores más lindos cuando quiere maquillarse.

Ocasionalmente, a esas horas tempranas, aparece alguna señora, barriendo el patio de su casita, regando las flores  o un muchacho cortando pasto, pero los más amistosos son los perritos que salen moviendo el rabo y ladrando con muchas ínfulas y sueños de grandeza, aunque sean pequeños.

Al llegar a un recodo de “el caminito”, y levantar la vista podemos observar con claridad la meseta donde se asienta la ciudad de Mérida. Se ven fachadas de casas encaramadas en las laderas y la torre de una iglesia que destaca sobre las demás edificaciones. Sí, arriba está la ciudad que era la más bonita de toda Venezuela. El lugar preferido de los vacacionistas que venían con gran entusiasmo luciendo sus gorros y hasta sus guantes, porque antes, había mucho frío, pero hasta ese asiduo huésped, este año, dejó de venir. Debe ser por aquello tan preocupante del cambio climático.

Pensar en la Mérida bonita y acogedora, ahora nos arruga el corazón, porque por la acción de circunstancias que nadie entiende y que parecieran no tener solución, paulatinamente se ha ido convirtiendo en un gran estacionamiento. En este  país petrolero, no hay suficiente ni eficiente suministro de gasolina  para abastecer la demanda de nuestros Estados Andinos. Calles y avenidas despiden hedor a orina y excremento, porque los conductores que tienen que pernoctar y pasar días metidos en las largas e interminables filas, al no encontrar otra salida, hacen sus necesidades en potes o por allí, y todo eso contamina el ambiente. Además y por si fuera poco, la historia de terror no termina aquí. No. Los pescadores en río revuelto (bachaqueros de la gasolina) hacen de las suyas vendiendo pimpinas de combustible a precios dolarizados. Si no tiene veinte dólares en su bolsillo, se fregó .Deberá  hacer su cola y afrontar todas las vicisitudes que este viacrucis tiene reservado para usted: un atentado contra la salud mental y física de los ciudadanos.

Una señora muy bonita, a punto de un ataque de nervios comentaba con sus compañeros de infortunio “me enfermé de cistitis por aguantar tanto tiempo las ganas de ir al baño. Tuve que ir al médico y pagar 10 dólares por la consulta, ¿ y las medicinas?, carísimas”. Las colas en Mérida son una fuente constante de noticias para el periodista acucioso. Recabar testimonios y darlos a conocer es importante, las experiencias de los demás pueden ayudar a otros.

Para buscar salud, hay que tratar de alejarse, al menos por un día,  del feo espectáculo de nuestra ciudad contaminada. Afortunadamente, existen muchos sitios aptos para estar en contacto con la naturaleza. No tiene, si no quiere o no puede, que  usar un vehículo, basta una buena carga de disposición. Le aseguro que en el momento que emprenda su aventura la energía lo acompañará. Cuando después de la jornada regrese a su hogar, se sentirá renovado. Habrá respirado aire puro. Tendrá la mente despejada y estará en óptimas condiciones para enfrentar nuevos retos,  que de seguro los tendrá, porque vivimos en un país en crisisconstante, pero como toda crisis ha de tener un final ¿bueno, malo? eso nadie lo sabe, pero lo que si es cierto es que nada es eterno, ni lo bueno ni lo malo.

Arinda Engelke.