En el trópico, Gaudí emeritense  

Por: Ramsés Uribe…

Un toque de biografía. Gaudí es el arquitecto considerado hoy como el precursor de la sostenibilidad de la arquitectura. Joan Castellar-Gassol (1984), relata la vida de nuestro arquitecto con los altibajos de toda persona; nace en Reus, Andorra, España. Fue un niño enfermizo, estudiante nada brillante pero constante hasta culminar sus estudios universitarios a la par que realiza trabajos varios para mantener a su familia. Socialmente, por temperamento era practicante de las afinidades selectivas, pero de trato esquivo con sus coterráneos. No era uno más, se destacaba en muchas cosas. De joven era elegante, barbudo aunque calvo, un poco descuidado, de estatura mediana, fumaba puros. En su personalidad, era un espíritu retraído, se diría psicológicamente hoy, extrovertido; estaba dotado de una rara imaginación y originalidad. De su influencia familiar se moldeó una fuerte determinación, facciones severas y caracteres duros.

En el área psicomotriz, Gaudí era diestro con las manos y la cabeza. Hábil artesano, aprendió oficios variados como los de carpintero, forjador, alfarero, vidriero; artes menores fundamentales para darle forma genial a sus creaciones arquitectónicas. Así que tenemos un arquitecto a la par como escultor y dibujante, vale decir, aclarar, artista. Desde luego, ahora se sabe que un arquitecto a juro tendría que ser un duro en dibujo; no tan consumado en las artes visuales, pero sí con una formación básica en ese campo cultural. Nuestro catalán, en ocasiones realizaba trabajos a gusto y sin remuneración alguna. Parece un creyente ingenuo en la igualdad fraternal de la gente. El artista de las extrañas formas, fue un ciudadano ejemplar, gran trabajador infatigable en su ardua labor. Otro legado fue una pauta de modelización mental de conducta ejemplar para las actuales y futuras generaciones de españoles y de hispanoamericanos. Sorprende su dedicación al trabajo con afán perfeccionista. Un soñador e idealista, afortunadamente.  Sin embargo, La Unesco declaró 7 de las obras gaudianas como patrimonio de la humanidad. Las utopías pueden ser admiradas universalmente.  

Habilidad y destreza. Castellar-Gassol sostiene que Gaudí era un “manitas”, a la par que estudiaba arquitectura. Hoy y en nuestro país le diríamos un “utilites” o más popularmente, un “todero”; internacionalmente sería un “freelance”. La penosa y paupérrima circunstancia nacional convierte a la mayoría de venezolanos en esa especie nueva resiliente que además, borra de un plumazo la especialización de muchos oficios y profesiones. Por un lado es una actitud buena para el alma, de otra parte, menoscaba la especialización del trabajo. La formación propedéutica de Gaudí, lo convierte en experto artesano, lo que le permite ser más competente al acometer obras monumentales; muchos detalles especiales son los toques artísticos engranados con la obra arquitectónica total. El también proyectista Joan Bassegoda Noel comenta que Gaudí, disfrutaba diseñar un pestillo, un armario hasta un edificio completo. ¿Cuántos disfrutan apasionadamente lo que hacen a diario?. Vale desvivirse por lo menudo hasta lo gigante, Ortega y Gasset destaca que lo importante no sólo son los grandes temas sino lo pequeño, lo minúsculo de la vida cotidiana. Quien no brilla en lo pequeño, sin duda, no podrá con lo grandioso. Gaudí nos muestra que si dominamos el ámbito doméstico luego si podremos con lo profesional. Y más allá, si se logra superar este calvario nacional, con el esfuerzo sostenido y mancomunado de todos los venezolanos, se podrá reconstruir el país que queremos y disfrutar en grande.

Gaudí del caribe. Si Gaudí hubiese nacido en Venezuela, seguramente habría sido un gran inventor aunque no hubiera pasado por las aulas o un gran científico o profesional muy destacado con su sapiencia. Decía el gran catalán hacedor material de sueños, “hay que trabajar mucho para salir del paso”. Entonces los problemas se enfrentan en lugar de eludirlos. El obstáculo se vence en la medida en que se le dedique mucho hasta lograrlo. La problemática nacional seguro se resuelve afrontando obstinadamente las soluciones de toda índole.   

La invitación es para todos ser un tanto Gaudianos. ¿En qué sentido?. En todos los sentidos. Gaudianos son todos aquellos que luchan a brazo partido por sus sueños durante toda la vida, aunque sean utopías idealistas, románticas. Dejan huellas perennes e inspiran a seguirles.  Universitario a carta cabal con toda la ética profesional en su pecho, aunque a veces era un empecinado artista. Hombre piadoso que practicó la fe cristiana llevándola a su quehacer arquitectónico cotidiano. Como persona de familia; buen hijo y hermano, tío ejemplar; devoto de su familia. Como artista, hizo de su vida una obra de arte. Cultivó el afán artesanal y técnico; destacándose en esas otras artes que llevó a cuestas hasta inyectarlas en sus trabajos de diseño y construcción de casas o iglesias. En Venezuela, hay muchos gaudíes o Gaudianos. En nuestro apaleado país muchos han tenido que reinventarse integralmente para sobrevivir en esta severa crisis. Algunos anónimos, otros brillantes que destacan por sus aportes extraordinarios. Salido del corazón del pueblo andino, brota el gaudiano autóctono Don Luis Zambrano es un arquitecto del ingenio técnico que impulsó el progreso regional; sus inventos fueron revolucionarios para aquella época en muchos sentidos, de tal magnitud, que siempre es justo recordar que la ULA le otorgó el doctorado en ciencias por sus extraordinarios méritos, producto de su intuición. El Dr. J. Rafael Prado Pérez, excelente académico con postdoctorados, orgullo de nuestra Universidad de los Andes, también es un infatigable artesano del conocimiento en ciencias sociales que brinda sus adelantos científicos a la comunidad académica regional, nacional e internacional; gerente académico, especialmente destacado en materia de educación especial, deportiva y de desarrollo humano. Es un gaudiano por su empedernido afán de trabajo sin descanso y éxitos académicos sin par.

Un visionario talentoso de la arquitectura. El idealista universitario español, junto a otros de sus connacionales hispanos, sentían un profundo interés por un naturalismo científico y artístico para regenerar y modernizar la sociedad catalana. Nos recuerda el afán regeneracionista del filósofo Ortega y Gasset por su España atrasada. El colega de Gaudí, Martorell, lo recomendó para que se encargara de continuar la fabulosa obra de la Sagrada Familia que lleva a cabo durante gran parte de su vida hasta que fallece con las botas puestas.

profesor de la ULA

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