Por: Germán Rodríguez Bustamante…
Según el informe Estado de la Democracia en las Américas 2.021 de IDEA Internacional, la mitad de los países de América Latina y el Caribe muestran señales de erosión democrática. En tanto, Latinobarómetro advierte que la mitad de los latinoamericanos tolerarían un gobierno no democrático mientras resuelva sus problemas. Los niveles de confianza hacia las instituciones públicas permanecen bajos, el descontento respecto de la calidad de los servicios públicos aumenta y las redes sociales imprimen una velocidad a las demandas sociales que el Estado no es capaz de procesar.
En el marco de la pandemia, aunque el número de democracias se ha mantenido, más de la mitad de los países han experimentado erosión en sus características elementales, llevando a que los regímenes híbridos se autocraticen y las dictaduras se consoliden (IDEA Internacional, GSOD 2.021. Muchos gobiernos aprovecharon las restricciones sanitarias para debilitar el estado de derecho, las libertades y los controles institucionales. Una característica distintiva de este proceso de deterioro democrático, es que las amenazas provienen predominantemente de gobernantes electos que erosionan desde adentro sus instituciones y libertades. Desafortunadamente, los mecanismos regionales creados para la protección de la democracia, como la Carta Democrática Interamericana, no están actualizados a estas amenazas, y requieren de urgente precisiones y modernización para incrementar la eficiencia en su objetivo.
En el caso venezolano la insatisfacción ciudadana con el desempeño de los gobiernos se reflejó en las visiones políticas de corto plazo y el voto castigo. Esta apatía con las élites alimento el sentimiento anti-élite, lo que llevo a los ciudadanos a probar los cantos de sirenas que propuso un candidato populista con tintes autoritarios. Los 22 años de la revolución bolivariana es la muestra palpable de propuestas fantasiosas y engañosas que mantienen a una población, bajo un control social total.
El 2.021 finalizó para Venezuela con una economía recuperándose, luego de la debacle acumulada en los últimos 7 años. Pero una recuperación insuficiente y con modesta proyección de un 5% para el 2.022. Una Nación que sigue lidiando con una emergencia sanitaria global y que hoy enfrenta una crisis humanitaria compleja.
La democracia venezolana esta estancada en un nivel de desempeño mediocre con tendencia a un deterioro peor, por lo tanto, se necesitan reformas institucionales urgentes para los nuevos tiempos que incorporen criterios de inclusión, eficiencia, transparencia y gobernabilidad. También se requiere de élites políticas y ciudadanos más comprometidos con los valores democráticos. La renovación de estas élites con vocación de escucha y responsabilidad social es una tarea imperiosa para la salud democrática. El riesgo de profundizar la desconexión actual de las élites con las demandas de la ciudadanía, puede terminar obstaculizando el consenso democrático, y más grave consolidando al régimen imperante.
En los años de Maduro en el poder la vocación autoritaria del régimen se ha profundizado, lo que derivó en la crisis migratoria que vive el país y que, a pesar de su disminución, la tendencia es que se mantenga mientras no exista un cambio en la expectativa de futuro. Los migrantes venezolanos soportan leyes de inmigración más estrictas, el impacto de la pandemia, los cierres fronterizos para detener el Covid-19, regulaciones de visado cada vez más exigentes y la xenofobia en aumento. Condiciones crueles para poder emigrar.
La economía venezolana muestra señales claras de actividades ilícitas, las cuales pareciera ser consentidas desde el poder. La producción y tráfico de drogas, el tráfico de personas, el blanqueo de capitales entre otras, son algunas de las actividades que evolucionan a una estructura de crimen organizado. En el país existen espacios de debilidad y poca presencia del Estado, para que bandas puedan operar con libertad y capacidad de coerción hacia sus habitantes. Simplemente es otorgar el control de personas y flujos ilícitos a instituciones permeables a la violencia y la corrupción.
Situaciones que refuerzan las cifras del Índice de Percepción de Corrupción 2.021. Según el estudio de Transparencia Internacional, y con una puntuación de 15 puntos, la convierten en la Nación más corrupta del continente. Un país como un polo de corrupción y mala gestión de fondos, en el marco de una pandemia. La corrupción no sólo socava la respuesta sanitaria en relación a la pandemia, sino que contribuye a mantener a los ciudadanos en un perpetuo estado de crisis frente a la poca inversión en salud y capacidad limitada del Estado para enfrentar el brote del virus.
La erosión democrática obviamente se refleja en el poco flujo de inversión extranjera: controles de precios, restricciones fiscales, presiones inflacionarias, incumplimiento de deudas y problemas de narcotráfico son ingredientes nocivos para la inversión. Con debilidad institucional y falta de certeza jurídica será muy difícil captar inversión extranjera, a pesar de que la inestabilidad política no esté presente en este momento. La incertidumbre permanece en niveles altos y el Estado de Derecho no atraviesa su mejor momento, con un nuevo TSJ amañado. El régimen autoritario socava la democracia en Venezuela, poco a poco, a paso de vencedores.
09-05-2022



