De Roma para Mérida en pos de un sueño

Franco Della Prugna es italiano de nacimiento pero merideño de corazón. Llegó a Venezuela muy joven en un viaje que se suponía de 45 días, pero aquí se quedó compartiendo con sus tres amantes: la astronomía, la música y la fotografía, pero siempre en compañía de su gran amor, María del Carmen, su esposa hace ya más de 40 años.

Nació en un lugar cerca de Roma, pero al poco tiempo sus padres se mudaron a la capital italiana. Durante su infancia estuvo rodeado por la propaganda de las misiones espaciales. El 4 de octubre de 1957 fue lanzado el Sputnik 1, el primer satélite artificial, y años después, el 20 de julio de 1969 la misión norteamericana Apolo 11, colocaba a los primeros hombres en la Luna.

-En aquella época- dice Franco- yo quería ser astronauta como todos los niños de la era espacial. No pude ser de los que viajan al espacio, pero sí astronauta en tierra ya que trabajé muchos años en un observatorio astronómico. La  astronomía -asegura- ha sido una de las pasiones que más me han motivado en toda mi vida. Soy un astronauta sin haber estado en órbita, explica con una amplia sonrisa.

El Tío de América

El joven italiano, comenzó a estudiar en la universidad de Roma la carrera de física, pero a los dos años tuvo que venirse a Venezuela. Él nos relata cómo sucedieron los acontecimientos. “El verano del 78, yo  estaba listo para pasarla bien con mis amigos disfrutando de una merecidas vacaciones, pero en un momento, todo cambió. Yo tenía un “tío de américa” como en Italia, llamábamos, cariñosamente,  a las personas que emigraban al nuevo continente y que además habían echado raíces. Un día, recibo una llamada telefónica donde me piden que pase por las oficinas de VIASA, a recoger un boleto para viajar a Venezuela, inmediatamente. Yo quedé muy sorprendido y nada entusiasmado con la idea. Eso,  no  estaba en mis planes. Llegué a Mérida donde vivía mi tío que era un personaje influyente y conocía a mucha gente, profesionales que trabajaban en el instituto que administra el Observatorio Astronómico Llano del Hato. Todos me invitaban a quedarme para que siguiera mi carrera de física en la ULA y desarrollara paralelamente actividades relacionadas con la astronomía en el CIDA. Allí conocí al Doctor Jurgen Stock quien era el director fundador de ese centro. Después  fui su pasante y él  se convirtió en mi guía profesional. A Italia regresé después de 15 años.

Franco, tiene un porte elegante, de cabellos abundantes y entrecanos, con una voz pausada, y aun cuando habla muy bien el castellano, no deja de tener ese acento tan melodioso de su idioma natal. Él nos confiesa:” Mi corazón está dividido, soy medio romano y medio andino.

-Yo no soy astrónomo en la manera formal -aclara- soy un físico, pero que, naturalmente a lo largo del desempeño profesional he estado involucrado con la astronomía y en particular en lo referido a la instrumentación astronómica. Mi afán por construir telescopios a los 14 años, ha resultado muy útil a estas alturas porque la parte de diseño, de ingeniería y de fabricación en óptica aplicada, es mi área de especialización.

El astrónomo, sus tres amantes y la mejor esposa.

Con su característico sentido del humor, a veces muy negro, Franco confiesa que en su adolescencia fue muy precoz porque tenía tres amantes: la astronomía, la música y la fotografía y “esas tres amantes nunca me han abandonado, sin embargo, fue la astronomía la que desarrollé  profesionalmente, pero nunca renuncié a las otras ni ellas a mí”. Eso sí – explica pícaramente- con el permiso de mi querida esposa María del Carmen

-¿Cómo y cuándo conoció a su esposa? preguntamos un tanto intrigados

-Ella estaba cursando su carrera de medicina, pero por cosas del destino, quizás, también había logrado un contrato en el CIDA, y estaba trabajando con el doctor Stock de asistente científico. Hubo química, algo muy particular se dio entre los dos. Allí empezó nuestra historia de amor, y hasta ahora, gracias a Dios, estamos juntos y felices en mutua compañía.

Un sueño hecho realidad.

-Desde que era un adolescente -comenta Franco- siempre soñé con tener mi propio observatorio con su telescopio. Después de que me jubilé, contando con más tiempo, algunos recursos y una casa en el campo donde ya habíamos previsto tener una terraza muy amplia acorde con los requerimientos del observatorio, cumplí mi sueño.  Desde ese lugar, tengo todo el horizonte disponible y las condiciones del cielo, si bien por la cercanía a la ciudad de Mérida hay algo de contaminación lumínica, el firmamento todavía es “razonablemente bueno” para hacer las fotografías astronómicas que es lo que yo realizo con mi telescopio, diseñado para captar imágenes de objetos débiles como nebulosas, galaxias, pero obviamente si quiero fotografiar la luna también lo puedo hacer sin inconvenientes.

Una visita real

Franco fue invitado a visitar el Real Observatorio de la Armada en España que se encuentra en la provincia de Cádiz. El ROA, como se le llama coloquialmente, se dedica a hacer telemetría de satélites artificiales.  Es lo que llamamos -explica Franco- el tiempo de viaje de ida y vuelta de un pulso de luz desde la tierra al satélite y de regreso. Así se calcula la distancia  a la que se encuentra el satélite.

-Tuve la oportunidad de trabajar en  el ROA,  en el 2006. Me solicitaron la  verificación de algunos instrumentos. En el 2017 el director me pidió que fuera otra vez para una asesoría. Ellos iban a emprender un proyecto de monitorear satélites inactivos que se convierten en chatarra y son muy peligrosos porque pueden chocar en cualquier momento con otros satélites 

Franco, se fue para allá, instaló el equipo y tuvo el privilegio, el honor y el orgullo de haber contribuido con las primeras observaciones de “chatarra espacial”, que se llevaron a cabo cuando él estaba presente, y de hecho-comenta entusiasmado -la noche en que finalmente logramos tener un “eco” es decir, un rebote de luz de una basura espacial, yo era parte del grupo de observadores. He vuelto varias veces, porque siempre hay cosas que afinar y los del ROA han quedado satisfechos con mi trabajo, gracias a la experiencia que he acumulado en el observatorio de Mérida.

Una vida fascinante, colmada de retos, aventuras y triunfos profesionales. Para Venezuela es un honor haber adoptado como hijo a este italiano-andino  , quien con su carácter sereno, su gusto por el conocimiento y su capacidad para investigar el universo, llegó a Mérida para quedarse, formar un hogar y continuar escudriñando el cielo , fotografiar las nebulosas y encontrar la estrella más brillante que iluminará el camino de la reconstrucción del país.

Una orientación celestial

Nuestro amigo Franco ha preparado un curso digital para identificar las estrellas que brillan en el firmamento. Es una oportunidad única que no nos podemos perder. Si alguna vez se ha preguntado qué estrella o constelación es esa, o por dónde saldrá el Sol al amanecer, anótese en ese interesante curso. Averigüe más escribiendo al correo electrónico oapjs.astro@gmail.com

Redacción: Arinda Engelke. C.C.

1-11-2020