In memoriam: Padre Jhon De Jesús González Ortega

Por: Cardenal Baltazar Porras Cardozo…

En la mañana del 13 de octubre de 2021 dejó de existir en Ejido el Padre Jhon González a causa de un fulminante infarto. Como pólvora se corrió la noticia que enlutó a su querida comunidad de San Miguel, a todo Ejido, a sus familiares, al presbiterio merideño y a los numerosos amigos entre los que sobresalen los niños, los pobres y los indigentes. Jhon no tenía enemigos porque de manera desordenada pero siempre listo, socorría o recurría a quien le pidiera cualquier favor.

No tenía tiempo para el descanso porque andaba permanentemente en búsqueda de recursos para la edificación del complejo parroquial de San Miguel Febres Cordero. Corría a atender la capellanía de la Policía estadal, lo llamaban de los campos, sobre todo de las aldeas de San José del Sur, y corría a atenderlos. Andaba a pie, en moto, en carro, o montado en una cola en un jeep para que lo condujera a donde había adquirido un compromiso pastoral. En una ocasión, lo recogí en el camino de los pueblos del sur merideño, pues iba montado en el capó de un jeep que se había accidentado en la vía.

Más de una vez le llamé la atención por el descuido de sí mismo, por no tener la prudencia en la conducción de la moto en la que tuvo varios percances. Con una sonrisa me pedía perdón y me aseguraba que lo haría mejor en el futuro, cosa de la que hacía poco caso. Compartía con todos y con sus hermanos sacerdotes en las muchas reuniones y encuentros que solemos tener. Ciertamente deja un vacío en el presbiterio porque su forma andariega de servir le atrajo el cariño y la admiración de propios y extraños. Su muerte y conducción a su última morada en el Panteón Sacerdotal de El Espejo es la mejor manifestación de desbordante fe y simpatía por el hermano y amigo que deja esta tierra. Con olor a oveja, con cercanía y sintonía con la gente sencilla, cubría sus deficiencias con la entrega a los demás.

Jhon nació en Mérida el 8 de septiembre de 1965 y creció en la populosa barriada de San José Obrero. Sus padres Néstor González y Luisa Elena Ortega de González; y sus hermanos Carmen, Coromoto, José Gregorio, Lander, Norma y Néstor. Las aguas bautismales las recibió en San José Obrero, el 26 de febrero de 1966 de manos del Pbro. Roberto Dávila Uzcátegui. La primaria la cursó en el Grupo Escolar Rafael Antonio Godoy y la secundaria en el liceo Antonio Nicolás Rangel donde se graduó de bachiller.

Ingresó al Seminario Franciscano Cristo Rey de Caracas, y en la capital cursó los estudios de filosofía y teología en el ITER. El diaconado lo recibió de manos del Obispo Auxiliar Mons. Mario Moronta en Caracas, el 13 de junio de 1992. El presbiterado el 6 de febrero de 1993 de manos del también Obispo Auxiliar de Caracas, Mons. Diego Padrón Sánchez.

Como franciscano ejerció como Vicario Parroquial en El Tigre, en la parroquia de San Antonio de Padua (1993); y Vicario Parroquial de San Pedro en Caracas (1994), asistente nacional de la Tercera Orden y Juventud Franciscana. En 1995, vuelve a su tierra natal con permiso de su Orden, y se radicó en Mérida hasta su muerte.

En la Arquidiócesis de Mérida ejerció como Capellán de las Fuerzas Armadas Policiales desde su llegada hasta el presente. Y prácticamente su ministerio sacerdotal lo realizó en la ciudad de Ejido; primero como Vicario Parroquial del Espíritu Santo (1995), con el mismo cargo en Nuestra Señora del Carmen de Montalbán (1996) y Rector de la iglesia y aldeas de San José del Sur (1996). Desde septiembre de 1996, primero como Administrador Parroquial y luego como Párroco, con gran empeño le dio vida y sede a la Parroquia de San Miguel Febres Cordero, en el populoso barrio y sectores vecinos de dicho sector. Se dedicó contra viento y marea a la construcción de la casa cural y del templo parroquial, haciendo mil maromas para conseguir recursos oficiales y privados, con la participación generosa de los habitantes de la parroquia. El templo requiere todavía su conclusión, pero será, espacioso para orgullo y disfrute de sus fieles.

El carisma franciscano de sencillez y apego a la gente humilde y a las exigencias de su religiosidad encontraron en el Padre Jhon un auténtico apóstol, lo que quedó patente en las exequias en olor de multitudes que lo lloraron y lloran. El Señor y la Virgen Santísima lo reciban en su seno para la mayor gloria de Dios.

57.- 21-10-21 (4372)