sábado, junio 22, 2024

¿Jugando sucio?

Por: Antonio José Monagas

Indiscutiblemente, los extremos perjudican. Asirse a posturas extremistas, conduce a serios errores. En política, estos desaciertos acosan con igual o mayor insidia. No sólo cuando la praxis política se somete a los dictámenes del capitalismo. Igualmente, con el socialismo. Y peor, ya que sus propuestas asfixian libertades, derechos humanos y garantías políticas. La historia es elocuente cuando retrata situaciones convulsionadas a consecuencia del pandemónium vivido por sociedades que concibieron en el socialismo el fundamento del sistema político seguido. Sin embargo países que apostaron su futuro al capitalismo, no escaparon de vivencias repulsivas.

No hay duda de que el capitalismo llegó al momento en el que se desbordaron los principios que originariamente validaron sus postulados. Aunque a decir del socialismo, pudiera decirse que expiró sin alcanzar a demostrar lo que sus mecenas alegaron en torno a sus razones. No obstante, muchas dudas fueron sembrándose a su alrededor toda vez que naciones que pretendieron prenderse al socialismo, terminaron implosionando social y económicamente. Por algo, Winston Churchill, expresó que “el vicio inherente al capitalismo es el desigual reparto de bienes. Mientras que la virtud inherente al socialismo es el equitativo reparto de la miseria”. Más aún, refiriéndose al socialismo, manifestó que “es la filosofía del fracaso, el credo a la ignorancia y la prédica a la envidia”.

En medio de tan cuestionadas ideologías políticas, todas con elevadas aspiraciones y avezados compromisos, al menos a nivel declarativo, las crisis políticas y económicas terminaron por hundir al hombre en el fragor de legítimas expectativas. Venezuela no fue exceptuada en tan inclemente ejercicio de gobierno. A pesar del concepto de Estado democrático y social de Derecho y de Justicia aludido en las dos últimas Constituciones (1961 y 1999)

Aún así, las realidades no han mejorado. Por el contrario, han venido desarreglándose al punto que, luego del encadenamiento político que durante 14 años mantuvo el dominio del comandante Hugo Chávez, el país se atascó. Ni siquiera alcanzó a llegar a algún punto de inflexión desde el cual podrían haberse realizado mínimos ajustes dirigidos a corregir desviaciones que rebasaron niveles de contención y comunicación. Luego del deslucido 10 de Enero 2013, fecha ésta fijada por la Constitución Nacional para que el candidato electo tome posesión del cargo de presidente de la República, el país se anquilosó como resultado de hundirse en el fango del fascismo gubernamental al trabar no sólo la economía. También los restantes procesos de los cuales se sirve la nación para impulsar su discurrir político y social. Todo fue como vivir el fantasma de un  país llamado Venezuela.

Por breve que sea cualquier registro del discurrir nacional, resulta difícil de aceptar tanta intriga. Quienes ahora persisten en perpetuarse en el poder, contra cualquier intención de legitimidad, se han valido de múltiples engaños para exacerbar la compasión necesaria que favoreciera la creación de un mito aprovechándose  grotescamente de la imagen de un difunto cuya vida pública giró alrededor de la chequera petrolera gracias a la cual se impuso silenciando cualquier pensamiento distinto del suyo. Pero aún cuando el juego pueda estar hoy trancado, la conciencia del venezolano demócrata no se doblegará como burdo acto de constricción ideológico. El destino esperanzador de la democracia, está más consolidado que nunca. Muy a pesar de que el régimen continúe especulando realidades a partir de vulgares falsedades toda vez que sigue jugando sucio.

Ventana de papel

“EN EL RING”

La crisis política que abruma a Venezuela, no sólo sensibiliza a quienes directamente son afectados por sus nefastas consecuencias. También, a quienes allende los mares se involucran con una situación que supera fronteras. Más, quienes conciencian el inmenso peso del mundo al comprender que, basta la agonía de una flor en cualquier lugar del planeta, para que tan ínfima razón genere un desbalance en el universo. El Internet permite dar con personas que manifiestan su apego a problemas como los que arrastra el país.

El encuentro con una digna representante de mundo mexicano, entregada a la poesía, la literatura y a la música, deja ver el grado de compenetración que ha fusionando su vida con las dolencias del venezolano. La necesidad por expresar lo que seduce sus sentidos y moviliza su alma y razón, hizo que su pluma plasmara lo que intitula “En el ring” (¿Hay algo mejor que callar?).

Así, Esmeralda Mora Luviano, quien apela al hermoso nombre de Alondra Mares, escribe: “Pelearán por varios siglos / (a morir anuncian) / socialismo y capitalismo. Reglamento: blindarse con armas (de todo tipo) hasta los dientes. Galardón: territorios estratégicos como botín y de paso mercados / (poder, poder, poder…digamos) / ¿Hay árbitro? -preguntan- /¡O…NU!, para el caso es lo mismo / Pronósticos: muy reservados. Desde el palco / Se valen las apuestas con todo y soldados” De esta forma, Alondra Mares, cede su palabra desde la pertinente reflexión que brinda a los venezolanos cuando, con el corazón en lo alto, cargada del coraje del ciudadano herido en su fuero político, sitúa su pensamiento y sus sentimientos“ En el ring”.

 RECUENTO DECLARADO, RECUENTO NEGADO

Desde el primer momento, las dudas estuvieron presentes. La incertidumbre dominante de cara a los comicios del 14-A, sembró la desconfianza necesaria para que la otra mitad de venezolanos que decidió darle el apoyo a Henrique Capriles Radonsky, expresara la justedad de su protesta. Y que además, demostró su cualidad democrática en virtud de lo razonable de sus reclamos. La decisión de un Consejo Nacional Electoral controlado por el gobierno, de concederle a Maduro un margen de victoria de menos de 2% del sufragio, hizo que el país político democrático enardeciera, aunque organizadamente. La veracidad de una victoria tan estrecha, obligó a Nicolás Maduro a aceptar una revisión del conteo, así como de las irregularidades denunciadas por el candidato de la oposición.

Sin embargo fue suficiente un día, para que su opinión se volteara. Tampoco bastó que dicho compromiso trascendiera los límites de la geopolítica, pues la negativa se materializó cuando el organismo electoral formalizó la cuestionada conquista de la presidencia. En un mundo mejor, las objeciones de la Organización de los Estados Americanos hubiese provocado una reacción en contrario. Aún cuando la OEA no ha hecho nada para poner un alto a la pérdida del equilibrio de poderes que sacude a Venezuela. El 14 de abril no ofreció la más mínima transparencia. Problemas de múltiples razones, vieron venirse ante el asombro de quienes habían trabajado para que dichos comicios fueran respetados en su proceder. Desde expulsión de testigos electorales de centros de votación, hasta persecución de electores por supervisores del régimen. Ahora, luego que el Poder Legislativo proclamó a Maduro como presidente constitucional, el problema arreció. Más, cuando el CNE consintió la revisión del resto de los recaudos consignados el día de las elecciones.

La situación sigue sin despejar las dudas surgidas a consecuencia de las inconsistencias detectadas en el proceso electoral. El hecho de auscultar la legitimidad del proceso, es un derecho constitucional. De continuar transitando esta senda de irregularidades, el futuro podría tender hacia un despeñadero. Reconstruir una sociedad libre, dejó de ser una opción para convertirse en obligación de todos. Muy a pesar de que las realidades gubernamentales a confrontar hayan indicado, con total desfachatez: recuento declarado, recuento negado.