Karina: Un testimonio merideño de curación del doctor José Gregorio Hernández

29Ese ser humano con cualidades especiales que fue, en vida, el doctor José Gregorio Hernández. El hombre “íntegro, respetuoso que se caracterizó por su formalidad y puntualidad, responsable y cumplidor del deber”, sigue haciendo milagros por doquier. Acaba de ser nombrado beato por la Santa Sede y le falta un peldaño para que oficialmente sea un Santo, aunque desde hace muchísimo tiempo ya en nuestra querida Venezuela lo es, y con sobradas razones porque, no hay un lugar por más alejado que se encuentre: pueblo, ciudad , caserío, donde la presencia espiritual del médico de los pobres, no haya entrado para hacer curaciones sorprendentes , las cuales , han dejado perplejos a los galenos que diagnosticaron a personas quienes aseguran que su sanación se debió a la intersección de José Gregorio Hernández.

Karina la joven que fue curada.

Joven, bonita, alegre, deportista, escaladora de nuestra Sierra Nevada, así es Karina, la muchacha que asegura haber sido curada por José Gregorio Hernández.

Ella, amablemente, aceptó dar su testimonio a Comunicación Continua, porque considera que es muy importante para todos conocer el alcance del poder milagroso del Benemérito y nos relató su historia.

“Mi Nombre es Karina Rosalger Ramírez Gutiérrez, actualmente tengo 24 años de edad, vivo en Ejido, Edo Mérida – Venezuela, y soy estudiante de Segundo año de Medicina de la Universidad de Los Andes. Hoy, luego de 4 años puedo decir que soy uno, de los tantos testimonios del gran poder milagroso y de sanación del Dr. José Gregorio Hernández, de quien soy fiel devota desde que era una niña.

Mi relato inicia a los 15 años de edad, cuando comencé a observar que se me hacía difícil caminar y mantener el equilibrio. Mi caso fue atendido por varios especialistas, quienes tras estudios y exámenes médicos, determinaron que existía una diferencia de longitud de 3 centímetros entre una pierna y otra. El fémur de mi pierna izquierda era más pequeño que el de la derecha, aunado a eso mi cadera se había desviado y mi columna comenzaba a presentar una severa escoliosis. Ante el diagnostico se sugirió que por mi edad, y por el proceso de formación y desarrollo, aún me faltaba crecer, así que lo más recomendable sería usar un calzado especial para tener estabilidad.

Pasaron los años y yo usaba constantemente mis zapatos especiales, y cuidaba mi columna. Pero, no podía realizar actividades deportivas, o que amerita un gran esfuerzo físico, constantemente se me luxaba mi fémur izquierdo.

Con el pasar del tiempo se hizo muy evidente y notorio que tenía una pierna más larga que la otra. Para entonces logre culminar mis estudios de bachiller, y fui asignada para estudiar inicialmente en la Escuela de Enfermería en la Universidad de Los Andes. Cuando avancé en mi carrera e inicie mis pasantías en el Hospital Universitario de Los Andes, comencé a notar que mi cuerpo ya no rendía lo suficiente. Tenía fuertes dolores de columna, entonces, me dirigí a CamiUla.

El traumatólogo que me había valorado cuando era una niña volvió a atenderme. En ésta oportunidad mis piernas ya tenían 7cm de diferencia. El médico tratante, observando lo complejo del caso me sugirió una cirugía correctiva para lograr que ambas piernas tuvieran la misma longitud. Dicha cirugía, consistía en alargar mi hueso mediante unos aparatos especiales. La operación era de gran impacto y traumática, para ello era necesario buscar un clavo intramedular y un elongador femoral el cual sería puesto en mi pierna y ayudaría al hueso a alargarse, diariamente, un milímetro.

Después de algunos contratiempos, finalmente el Miércoles 20 de julio del año 2016 a las 9.40 am, entré al quirófano, pero sucedió un hecho que conmocionó a muchas personas. Todo estaba listo. Yo me encontraba sedada y entubada. En el momento en el que el doctor Emiro Zambrano tenía el bisturí en la mano para realizar la primera incisión… por alguna razón superior, algo lo freno (según el propio relato del médico), por lo que soltó el bisturí y al examinarme de nuevo, notó mis piernas parejitas, es decir, median igual, y mi cuerpo estaba prodigiosamente derecho. El doctor quedó sorprendido y no se explicaba qué había podido suceder. Con lágrimas en sus ojos por la emoción, suspendió la cirugía. Pidió una cinta métrica y midió mis piernas, estaban perfectamente niveladas. Me tomo 3 fotos y salió del quirófano a buscar a mi mamá, y habló con ella. “…Qué le puedo decir, conocemos el caso de Karina. No tengo una explicación y la mejor operación de mi vida fue la que en el día de hoy no realicé…” Aquí están las equipos, véndalos, regálelos, alquílelos, haga con ellos los que desee, pero Karina jamás en su vida los volverá a necesitar.

Fui llevada a mi habitación y al despertar de la anestesia, recordé que antes de entrar al quirófano me dejaron en sala de espera. Yo me encontraba sola en la camilla. Estaba sentada y tenía mucho miedo. Soy una mujer sensata, una mujer de ciencia, pero creo firmemente en un Dios y soy fiel devota del Doctor José Gregorio Hernández, desde que era tan solo una niña. Por ese motivo , antes de entrar al quirófano le hice una oración muy sentida y le dije: “aquí estoy, después de tanto luchar, de tantos obstáculos, gracias por permitirme llegar tan lejos, esta enfermedad me ha hecho crecer como persona, he aprendido a vivir con ella, me hizo ser fuerte y creer que la palabra discapacidad se podía transformar es capacidad, porque siempre tuve la fortaleza de llegar más lejos de lo que podía, este reto me hizo entender cuán difícil es a veces caminar haciendo grandes esfuerzos y justo cuando creía no poder seguir yo luchaba y encontré muchas personas que creyeron en mí y me ayudaron infinitamente. Le agradecí por todos los obstáculos que logré superar, le agradecí por colocarme éste reto y expresé con mucha fe: Doctor José Gregorio Hernández, te entrego mi enfermedad, porque estoy convencida que no es mía, no me pertenece y sin ellas yo puedo hacer grandes acciones en mi vida como profesional, te entrego mis dolores y preocupaciones, te entrego mi padecimiento de salud, no me pertenecen.

Fue en ese momento, en el que alguien me ordenó que me durmiera, con tanta autoridad que quedé sumergida en un sueño tan real, tan tangible. Cerré mis ojos y sentí la presencia de un hombre delgado y alto. Irradiaba mucha luz, era como celestial. Escuché martillazos en mi cuerpo. Temblaba sin poderme incorporar. Ese doctor estaba parado frente a mí.

Cuando desperté, en la habitación de la clínica, sin dolor alguno, con mis piernas completamente iguales y mis huesos perfectamente sanos, se imaginarán la alegría y el agradecimiento que sentí, porque yo sabía que había sido el doctor José Gregorio Hernández que había obrado un milagro en mí.

Conmovedor y verídico relato.

En la causa de José Gregorio Hernández, el caso de Karina fue estudiado con cautela como un posible milagro hacia la beatificación de José Gregorio, porque estaba ampliamente sustentado con evidencia y documentación medica de años. Karina, se siente orgullosa de aportar “un granito de arena a la enorme lista de historias y milagros realizados a los venezolanos por el Médico de los Pobres “solo hace falta creer que los milagro existen y tener fe para que sucedan- asegura Karina – con una bella sonrisa en su juvenil rostro.

Si algún lector quiere compartir su testimonio de sanación con nosotros, envíelo a nuestro correo electrónico, y con mucho gusto, lo editaremos y lo publicaremos. Así seguiremos dando a conocer la maravillosa presencia en Venezuela de José Gregorio Hernández, cuya causa hacia la santidad, “va por buen camino”.

Arinda Engelke. C.C.