Por: Fortunato González Cruz…
Chávez sostuvo su fascinación sobre tres pilares: su carisma personal, el reparto de dinero a manos llenas a los íntimos y a migajas a los pobres, y un discurso populista. Maduro no tiene carisma, el dinero apenas alcanza para el sostenimiento de lo esencial del aparato burocrático y para la corrupción, y el discurso es mediocre. El gobierno del PSUV quiere mantenerse en el poder y no les queda sino apelar a los mecanismos propios de los totalitarismos semejantes al cubano y al norcoreano. China, Vietnam y Laos son totalitarismos con etiqueta socialista pero su economía es liberal capitalista, con lo cual aseguran los recursos. El rocambolesco modelo venezolano no encuentra acomodo en ninguna teoría política ni económica. Es un gigantesco desastre montado por el grupo dominante que ha perdido todo vínculo con el Estado de Derecho, la constitución o el socialismo y su único objetivo es mantenerse en el poder a cualquier costo. En esa estrategia se anota el carnet de la patria, como los colectivos de delincuentes y las milicias.
Explícitamente –lo ha dicho el mismo presidente Maduro- el carnet de la patria es para los militantes del PSUV, como las bolsas del clap. Es posible que alguien penetre el férreo control que ejercen sobre el reparto de productos básicos a los que pretenden convertir en siervos de la gleba, pero se disponen controlarlo más mediante el carnet de la patria, diseñado para los que se suponen son patria o muerte. No es así ciertamente porque esto es Venezuela, no Cuba ni Corea del Norte y aquí viven venezolanos que tienen un espíritu libertario del que ya probó el gobierno el 6 de diciembre del 2015. Tampoco se vive en la edad media.
Esto es llanamente un mecanismo de control, sometimiento y humillación que trata de reducir a los venezolanos a una condición de servidumbre del Estado. Tomo de la página web del Ministerio de Comunicación e Información lo siguiente: “En este proceso de carnetización pueden participar personas mayores de 15 años, las personas que integran las misiones sociales de la revolución. También se van a registrar las organizaciones y movimientos que hacen vida en el Congreso de la Patria; las estructuras regionales, municipales y parroquiales del Partido Socialista Unido de Venezuela; los voceros de los consejos comunales y comunas, los pensionados y los servidores públicos. ¿Quiénes van a hacer el registro? Más de 12 mil jóvenes integrantes de las organizaciones: Brigadas Robert Serra, misioneras y misioneros jóvenes del Sistema de Misiones Sociales, la Juventud del Partido Socialista de Venezuela y el Frente Francisco de Miranda.” Los venezolanos no militantes del PSUV no tienen acceso a dicho carnet a menos que sean servidores públicos y pensionados, supuestamente más susceptibles al chantaje. Fascismo puro y duro.
El infame mecanismo sirve para perfeccionar la clasificación de los venezolanos desde aquella tristemente célebre “lista Tascón” en oficialistas y opositores. Inútil sin duda, pues las últimas encuestas de diciembre del 2016 pusieron en evidencia que a Maduro lo rechaza más del 80% de la población, 60% de los cuales eran chavistas, que no es lo mismo que maduristas, pero que siguen allí, en una resistencia silenciosa y subterránea aferrados a la sobrevivencia y a la dignidad que solo pueden vivir en su intimidad para poder comer en espera de una nueva oportunidad.




