Por la calle real: El general de las caraotas

Por: Fortunato González Cruz…

Así lo anunció el ministro para la defensa y jefe de la Gran Misión Abastecimiento Soberano y Seguro, General en Jefe Vladimir Padrino López: “En el vértice de precio y rendimiento he ordenado asignar un General por cada rubro alimenticio; es decir, va a haber un general jefe para el arroz, por ejemplo, que va a mostrar un mapa de la comercialización y distribución de ese rubro (…) con esto lo que buscamos es gobernar realmente los 18 productos primarios tanto de farmacia como de consumo”.

El anuncio causó sorpresa, luego risa y en seguida pena. ¿Un general por cada rubro alimenticio? Distribuir arroz, azúcar, pollo o caraotas ¿es un asunto militar? ¿El escenario económico del país es de guerra? ¿El mundo civil no se puede ocupar de esos menesteres? ¿Hace falta ser experto en tácticas de guerra, bombas, blindados, armas  y en matar gente para asegurar el abastecimiento de harina de maíz? ¿Cuánto le cuesta al país un general y su tropa para ponerlos a vender pollos? ¿Qué es “gobernar” un producto”?

Cuando comenzó esta locura, Venezuela se autoabastecía e incluso exportaba arroz, sorgo, maíz, granos, café, cacao, carne, pollo, cerdo y otros rubros. Lo hacían los productores en sus fincas con apenas apoyo crediticio de algunos bancos y se aseguraban las semillas e insumos mediante empresas como Agroisleña. Las políticas oficiales se centraban en  infraestructuras de vialidad, riego, electricidad y capacitación. La seguridad en el campo la garantizaban las leyes, el respeto a la propiedad, policías honestas estadales y municipales y una Guardia Nacional más eficaz, aunque ya desde entonces comenzaba a perder el honor en la medida en que dejaba su naturaleza civil y se hacía más militar.

Hay asuntos que por su naturaleza son civiles y pertenecen a la sociedad, y las hay militares propias de quienes visten uniforme y portan las armas de la república. Hoy los accesos a los abastos y mercados están custodiados por militares armados con fisiles AK-47  y granadas, como si una humilde ama de casa estuviese allí en la cola durante horas interminables representando al imperialismo yanqui. Y llegan a los abastos algunos alimentos como si fuesen rancho de tropa en medio de un campo de batalla, bajo el comando de un “vértice de precio y rendimiento” que por  rocambolesco mueve a risa de no ser por la tragedia que significa semejante absurdo.

La destrucción de la sociedad civil y de la estructura productiva es tan grande como de las instituciones públicas entre ellas la militar que ha llegado al extremo del ridículo y del absurdo de tener generales de caraotas. Parece una locura pero es parte de la sorprendente realidad venezolana.