Por la calle real: El tornaviaje de Mariano Picón Salas

Por: Fortunato González Cruz…

Las cenizas de Mariano Picón Salas fueron colocadas en el mausoleo del cementerio de El Espejoel 9 de octubre de 1992. Le fue acordado los honores del Panteón Nacional, pero su voluntad era descansar en el camposanto merideño al pié de la Sierra Nevada, arrullado por el torrentoso Chama y el canto de los pájaros, cerca de algún árbol de naranjas. 24 años después, el domingo 9 de octubre de 2016, vuelve a su redoma de la avenida Universidad, esta vez fundido en eterno bronce en la fragua del Mucujún, en tamaño natural, obra de Christian Hernández, aventajado discípulo de Manuel de la Fuente. La placa colocada en el pedestal dice: “Estatua donada a la ciudad de Mérida por el Dr. Alfredo Morles Hernández para cumplir el deseo de Delia Picón-Salas de Morles de perpetuar la memoria de su padre».De alguna manera, así concluye la errancia del gran escritor que vuelve para siempre a la ciudad que cargó a cuestas por todos los caminos.

Los merideños han reconocido los extraordinarios méritos de su amante hijo y su nombre está inscrito en la nomenclatura y en los toponímicos de la geografía merideña y venezolana. Su retrato preside el Aula Magna de la Universidad de Los Andes en compañía de los más destacados académicos, y prestigia la sede del Ayuntamiento de Mérida y de la Academia.  Pero la ciudad no contaba con un monumento acorde con la magnitud de su significación universal. Ahora sí, cuando vuelve a la vieja redoma de su nombre donde alguna vez fue colocado un busto de escaso valor estético, ahora en la urbanización Los Sauzales. Quiera Dios y la voluntad de nuestras autoridades locales darle honrosa compañía devolviendo las estatuas de Cristóbal Mendoza y Caracciolo Parra y Olmedo a la avenida Universidad, donde originariamente fueron colocadas, para darle más significado al nombre de la vía que le da entrada a la ciudad por el norte. Incluso se deben colocar la estatua de Pedro Rincón Gutiérrez en los terrenos donde se proyecta la construcción del Núcleo de las Artes. Y faltarían los monumentos de Antonio Ignacio Rodríguez Picón y don Tulio Febres Cordero para que la ciudad rinda homenaje en bronce a sus más grandes valores.

Alfredo Morles Hernández es de Escuque uno de los emplazamientos de la ciudad portátil, como denominaron a Trujillo por su afán andariego. Su vida la ha dedicado al conocimiento y a la práctica del Derecho y sus libros son de lectura obligatoria para quienes desean conocer el Derecho Civil, el Derecho Mercantil y los valores esenciales dela ciencia de la Justicia. Su abundante y valiosa obra de investigación, su trabajo docente y el impecable ejercicio profesional ha  sido reconocido de muchas maneras en particular al ser designado Individuo de Número de la Academia de Ciencias Políticas y Sociales y presidente de su Junta Directiva. Su vinculación a Mérida ha sido permanente en particular con la familia Picón por haber sido yerno de Mariano Picón Salas, y también con la Universidad de Los Andes en cuyas aulas ha dictado cátedra. A su generosidad se debe que a partir de hoy tengamos un nuevo valor artístico que representa a quien es considerado uno de los mejores ensayistas de la lengua castellana.

La obra literaria de Mariano Picón Salas es abundante, de prosa cuidada cargada de sabiduría y de nostalgia, analítica y de un profundo sentido filosófico. La Universidad de Los Andes, el Estado Mérida y el Ayuntamiento de Mérida debieran patrocinar la edición de al menos su “Comprensión de Venezuela”, “Viaje al Amanecer” y “Nieves de Antaño” para la lectura en todos los centros educativos de Mérida y de Venezuela, por el enorme potencial forjador de ciudadanía y patriotismo, en el mejor sentido.