Por la calle real: ¡Vuelvan caras!

Por: Fortunato González Cruz…

Aquel enfado fue creciendo lentamente hasta alcanzar la arrechera. También una sensación de humillación que se mete en la barriga y la frunce; de ser víctimas del abuso y de la prepotencia que se mezclan con la mala educación, la incivilidad, el no saber estar, ni vivir, ni compartir espacios. Ese bombardeo de  chabacanería que penetra en los espacios íntimos y los degrada hasta hacerlos insoportables. Uno sabe que esos cuerpos no cultivan los valores estéticos y no es que se les pida que lo hagan, pero tampoco es tolerable que impongan sus escándalos a costillas de un supuesto fuero que los excluye de la comunidad con la que están obligados a compartir como vecinos. Y es que ese fuero no existe porque las normas de convivencia obligan a todos sin distingos, ni privilegios, ni sumisiones. O se está como debe o se van. No hay alternativa.

Tenía que romperse la múcura y estalló como tenía que ser. Aquella noche tronó Santa Bárbara, patrona del vecindario que lleva el nombre de la virgen mártir. Los vecinos estaban hartos la tarde de un sábado que amenazaba con una fiesta llanera a todo pulmón, con todos los decibeles como si se tratara de un hato en medio del llano. De todos los edificios y casas del vecindario salieron sus habitantes cacerolas en ristre para darle un parao a los diuturnos desafueros. Una manifestación de hartazgo contra unos insoportables vecinos que hacen imposible la convivencia. Pero los oídos estaban con el ruido del regatón y el karaoke, no con el de las cacerolas…o ya estaban sordos. Entonces los vecinos cortaron la electricidad que alimentaba los ruidos pseuomusicales, pero los envalentonados de la patria de patio de bolas se buscaron una planta eléctrica que seguro no sería de las que compró Alexis Chávez y le hacen honor, muertas prematuramente, en el parque Giancomédico Puliti abajo del caucho. No  la pudieron pasar porque los vecinos habían decidido que esa noche dormirían en paz.

Los del casino militar aprenden a convivir y respetar la tranquilidad de sus vecinos o se mudan a un descampo. El ejemplo de Santa Bárbara debe ser seguido por otros sectores de Mérida e incluso por todos los merideños. No es posible que se perturbe la tranquilidad de los vecinos de El Encanto porque allí están unas dependencias del CNE, ni el centro histórico bloqueado con unas murallas para que a los gobernantes les baje la intensidad del culillo. Ni el desvío del tránsito frente al cuartel al final de la avenida 5. Ni deben estar las alcabalas de la Guardia Nacional en la avenida principal de La Mata que es zona residencial. Tampoco el constante cierre de la calle 37 cuando a la policía le de la gana. O conviven civilizadamente o seguirán alimentando el repudio colectivo. A fin de cuentas y a estas alturas del proceso ya la colectividad no confía en ninguna de sus instituciones para su seguridad ciudadana ni para la defensa de la patria. Lean las encuestas y miren el rostro de la gente.

Los vecinos de Santa Bárbara despertaron a Fuenteovejuna. ¡Los prepotentes y abusadores están en preaviso! ¿Se acuerdan de aquel grito de Páez en las Queseras del Medio? Vuelvan la cara al pueblo que son su razón de ser, o seguirán alimentando el repudio colectivo.