La convocatoria del cardenal Porras El cardenal Baltazar Porras convocó, en un video dirigido a la feligresía y a la sociedad en general, a reunirse el pasado sábado -7 de febrero- en las cercanías de los centros de reclusión en respaldo de los familiares de los presos políticos.
El llamado purpurado, independientemente del número de personas que hayan podido asistir entre las 10 a.m. y las 12 m. a esos establecimientos, tiene una significación espiritual y social que supera cualquier estimación cuantitativa. Desde su sensibilidad humana, Porras hizo una invitación incluyente porque no olvidó a las otras iglesias y grupos religiosos para que -juntos- pusieran su granito de arena. Sumado a esto, pronunció -con voz suave y firme- unas palabras para que la sociedad civil acudiera a un encuentro, si no inédito en la historia contemporánea de Venezuela, indudablemente difuminado en tiempos convulsos.
El cardenal demostró -nuevamente- que no ha escogido el silencio, que no ha renunciado a la palabra. Solo que en estos momentos, su lenguaje viene marcado por la necesidad. Desde la madrugada del 3 de enero, se han venido produciendo una serie de hechos y sucesos tan inimaginables como el manejo de las relaciones del poder político a control remoto. En la nueva red de relaciones que se están tejiendo, sin embargo, la sociedad civil ha sido vista de soslayo por quienes mandan y por los que acatan y ejecutan.
El escritor Alberto Barrera Tyszka señalaba -con mejores palabras- esa particularidad en una entrevista televisiva con el periodista César Miguel Rondón. Pero, agregaba: la iniciativa del movimiento estudiantil de la Universidad Central de Venezuela de salir a la calle y de motivar a otros centro de estudios para su acompañamiento, es una campanada sonora. En un proceso feliz de creación de voluntades de la sociedad civil es donde la convocatoria del cardenal Porras debería tener su mejor acogida. Porque, aun con fecha y horas ciertas, ya cumplidas, el mensaje sigue siendo atemporal, si no reparamos en la literalidad de las palabras.
El aviso sirve para tender puentes. Para construir y reconstruir lugares de intersección donde la sociedad de afuera y la de adentro se encuentren. Para hallar las vías de regreso de los voluntariados a las cárceles, apuntalados principalmente por instituciones académicas. Para que vuelvan congregaciones religiosas católicas femeninas a cumplir variadas labores de ayuda.
Una convocatoria que invite a tener contacto, a establecer intercomunicación con una parte vulnerable de la realidad venezolana es -sin duda- una manera laudable de democratizar la sociedad.
Argenis Riera Encinoza 17-2-2026




