Por: Germán Rodríguez Bustamante…
Uno de los principales objetivos de la política económica de un país es mantener la estabilidad monetaria. Los bancos centrales de los países son los encargados de llevar a cabo la política monetaria, para esto, cuentan con instrumentos que le permiten influir en el nivel de precios de una economía y la cantidad de dinero que circula, a través de la emisión de letras y bonos, regulaciones sobre la tasa de interés, regulaciones sobre el mercado financiero y otros medios o herramientas. La estabilidad monetaria es un sinónimo de la estabilidad de precios, es decir, una situación económica en la cual el nivel general de precios no sufre grandes fluctuaciones.
La economía venezolana presento en el pasado cercano un sostenido y elevado proceso inflacionario, que inevitablemente conllevó a la progresiva sustitución de la moneda local en todos sus usos convencionales. Con la dolarización de la economía se modificó sustancialmente la naturaleza del proceso inflacionario, pasando a ocupar un lugar protagónico en su explicación factores como: la evolución del tipo de cambio, la formación de las expectativas de depreciación cambiaria y, no menos importante, el comportamiento de la demanda de dinero local. Además, la traslación de los ajustes en el tipo de cambio a los precios internos, se incrementa a medida que se acentúa la dolarización y se reduce la demanda de saldos monetarios reales. La importancia de esos elementos como responsables del proceso inflacionario se agudiza a medida que el carácter multimoneda se consolidaba. Una vez apuntalada la dolarización consentida, ahora la orientación es aprovechar el alivio de sanciones, la mejora de la economía y la inyección de dólares al mercado monetaria por parte las empresas petroleras con licencias, para estabilizar la economía.
En los últimos meses Venezuela ha logrado contener el crecimiento de precios, con una política agresiva de control de la tasa de cambio, luego de vivir niveles de hiperinflación desde el 2.017. Sin embargo, esta política ha significa un retroceso de los niveles de vida de la clase trabajadora. Salarios sobre todo en el sector público que tienen más de dos años que el mínimo, base para el cálculo de otros beneficios de carácter salarial se encuentra congelado. El gobierno ha mantenido una política de bonificación del salario, para disminuir los impactos inflacionarios, pero esto no logra recuperar el poder de compra del ingreso. Por más bonos que el gobierno instrumente, la perdida de los derechos laborales es una realidad, los golpes sobre los futuros jubilados es brutal, por ello intentan fijar un parafiscal para supuestamente crear un fondo para atender esta problemática. Tristemente, la experiencia del gobierno en el manejo de finanzas públicas y de fondos especiales es poco recomendada, oscura y corrupta. En consecuencia, las dudas sobre el manejo y destino de estos recursos son toda una certeza. Con toda seguridad será un nuevo filón para el saqueo continuado.
El sostenimiento de esta política de control de precios depende en gran medida de que el alivio de sanciones se mantenga, y que los flujos del petróleo sigan monetizando la economía, en caso contrario las adversidades de la clase trabajadora serán mucho peores. El reciente ajuste tímido del ingreso de los trabajadores del 01 de mayo, se convertirá en una bocanada de aire para un tísico, con un impacto imaginario para los trabajadores. La realidad es que algunos empresarios con razón o no ya ajustaron precios, anticipándose a un ajuste del ingreso inevitable para el gobierno, sobre todo por su rezago, y la coyuntura electoral. Los consumidores este fin de semana podrán medir y descubrir los ajustes que impactarán duramente sus presupuestos. Ajuste que jamás serán adecuados a las condiciones reales del incremento salarial.
Las políticas implementadas por Maduro, profundizó la crisis y llevo a los venezolanos a tener el salario mínimo más bajo del planeta. La feroz pobreza no se puede resolver con aumentos nominales decretados por el Ejecutivo. Es evidente que esos incrementos sólo se han visto acompañados por un deterioro del salario real, es decir, del poder adquisitivo efectivo que el salario permite cubrir. No hay forma, ni manera de incrementar el poder adquisitivo sin un drástico incremento de la producción, productividad y eficiencia. Ello implica un cambio substancial en las políticas económicas que permitan un desarrollo sostenido de las fuerzas productivas, con base en un aumento en la capitalización de las empresas, de la escala productiva y de la inversión. Con este nefasto régimen es imposible lograr estos propósitos, visto su pobre y corrupto desempeño.
La comisión de encuesta de la OIT determino que, el diálogo social ha de operar como herramienta tanto para hacer frente a las transformaciones del mundo del trabajo y a las necesidades del desarrollo económico sostenible, como para contribuir a la democracia, la reconciliación nacional y la justicia social para una paz y prosperidad duraderas en Venezuela. A pesar de esta declaratoria el régimen encabezado por Maduro manifiesta un desprecio total por los trabajadores, de allí que muy poco se ha logrado avanzar en el llamado dialogo social. La imposición del salario vía bonificación del mismo no es un dialogo social.
La política de estabilización de precios no puede ejecutarse sobre los hombros de la clase tragadora, ya golpeada con restricciones sociales inmensas. La tragedia no se limita a la remuneración que reciben los trabajadores, también impacta la seguridad social. Entendiendo esta como un derecho social, que garantice la salud y asegure protección en contingencias enfermedad, invalidez, enfermedades catastróficas, discapacidad, necesidades especiales, riesgos laborales, pérdida de empleo, desempleo, vejez, viudedad, orfandad, vivienda, cargas derivadas de la vida familiar y cualquier otra circunstancia de previsión social. Así como, los recursos destinados para la atención de la seguridad social incluyendo el salario no pueden utilizarse para otros fines. No existe justificación financiera sustentada, para incumplir esa responsabilidad del Estado. Mucho menos en tiempos de comedias de corrupción increíbles, con guiones dignos de películas de ciencia ficción, en las cuales nadie es culpable de nada, pero la plata si se la robaron.
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06-05-2024



