La felicidad está en nosotros

Por: Rosalba Castillo…

En tiempos de pandemias, si lográramos medir las emociones podríamos descubrir que, realmente lo único  que queremos es ser  más felices y tener el control de nuestras vidas. Todos deseamos  ir más  allá de esta incertidumbre. Esta  inquietud no nos pertenece exclusivamente  pues en cada catástrofe, estos son los pensamientos  desde épocas milenarias en los que el hombre se ha visto en situaciones donde elementos externos controlan su existencia.

El COVID-19 marcará nuestro andar en el planeta.Diferentes teorías, a partir de los hechos, trataran de explicar  lo sucedido, cada uno desde su perspectiva: filósofos, científicos, religiosos, sicólogos, darán su interpretación a este momento oscuro de la humanidad. Haber sobrevivido nos hará  pasar este nuevo  capítulo de la historia como protagonistas de una batalla contra un enemigo invisible, pero con todo el poder para atacarnos sin percibirlo. Y, por supuesto, alejándonos la posibilidad de la felicidad.

A lo largo de la historia se ha reflexionado sobre la felicidad y sus secretos. Séneca   mencionaba que  “todos los hombres quieren vivir felizmente”. Sócrates por su parte aseguraba: “la necesidad de disfrutar de menos”. Platón decía:  “El hombre hace que todo lo que lleve a la felicidad dependa de él mismo..” Mientras, Aristóteles  se refería a que: “La felicidad depende de nosotros mismos”. “La felicidad más que un deseo, alegría o elección es un deber”, enfatizaba  Kant. ”Es una especie de control que uno tiene sobre su entorno” refería Nietzsche. Todo lo anterior evidencia no solo que cada persona a lo largo de la historia de la humanidad buscó esa elusiva condición que es la felicidad, sino que los grandes pensadores entendieron que ellos debían reflexionar sobre ello y dejar sus preocupaciones para la historia.

La  ciencia,   viene planteando iluminarnos el camino mediante la medición   de los procesos emocionales,  dándonos la posibilidad  de saber por qué y cómo llegamos a ser felices. Existe  una tendencia en  limitar esta condición a la carga genética  con que llegamos al mundo  Así mismo,  a  que depende de los ambientes y experiencias en que nos  desarrollemos.

Los cientificos se han encargado de  observar que, en realidad, este bienestar podría ser una condición humana compleja, existiendo muchos  factores que entran en juego para configurar lo que podría llamarse la “fórmula de la felicidad”. Que no es mas que cuando hacemos la sumatoria de las emociones  y  las  multiplicamos  por la suma de otros tres factores: la capacidad para invertir la energía en un mantenimiento adecuado de la vida, la habilidad para construir momentos felices y el poder para establecer relaciones personales positivas. Ahora bien, también se ubican obstáculos para encontrarla. Esos elementos que limitan o impiden  que alcancemos  la felicidad: el miedo, y todo aquello que el mundo nos impone. De forma sintética, decimos que este camino  implica alejar el miedo, manifestado de muchas formas diferentes, y potenciar las emociones,  el propio bienestar, la búsqueda de actividades placenteras y el establecimiento de relaciones interpersonales positivas.

También obstaculizan  el camino hacia la felicidad esas  cargas sociales y culturales que pesan sobre él cada quien, limitando su libertad, y ante las cuales su capacidad para concretarla es nula o ínfima. En tal sentido, diversos estudios han encontrado que la persistencia de gobiernos corruptos y de sistemas no democráticos incide muy significativamente sobre los niveles de felicidad de sus poblaciones. 

Pero, siendo más pragmáticos,  produzcamos situaciones para ser felices. Lo primero de lo que debemos tomar conciencia es que nuestra cultura ha creado y difundido grandes mitos en torno al concepto Desmitificar ese   criterio de felicidad Dejar de verla como una realidad permanente y por el contrario estimulemos esos pequeños ratos que nos hacen felices y que vienen con el viento, con el sol, con la luna, con el amor, con el café, con la lluvia, en un abrazo, en un mensaje. Soltemos el miedo, la intranquilidad y estemos preparados para  ser felices, cuidando  pequeñas cosas en lugar de obsesionarnos por  grandes proyectos.

Los esfuerzos estarán centrados en hacer aquello que más nos agrada: caminar, crear, escuchar música, leer,  ayudar a quien lo necesite, hacer deportes, cocinar, amar, cuidar, trabajar. Las relaciones personales tienen un mayor impacto sobre la felicidad, así  que trabajemos  en ellas,  abriendo el espacio necesario, y démosle  el cuidado que requieran. Construyamos amigos, reales o virtuales. Escuchémoslos, compartamos la vida. Aceptemos. lo que tenemos y no quejarnos por aquello que no poseemos. En fin, aprovechemos esa capacidad que tenemos para imaginar, para soñar, para visualizar, para crear realidades interiores que nos alimenten  el alma.

Quizá, nunca volvamos a ser tan felices como cuando estábamos en el útero materno.  Nuestro reto  ahora es establecer en vida un estado similar de bienestar, de aquel que tuvimos en nuestros primeros días de existencia, como aseguran los científicos.

Venezuela entró en el Récord Guines del 2008  cómo el país más felíz del mundo.