La modalidad del diálogo. La corrección en el diálogo no es un instrumento de control (II)

El diálogo es una reformulación del sentido en la explicación de la visión del mundo. ¿Quién, al menos rudimentariamente, no posee una visión del mundo que pueda referir al otro? Tiene un significado de la vida, del cosmos, de las cosas pequeñas o grandes que tarde o temprano despeja en sus propias palabras. Selecciona en el análisis de lo que ve lo que ha de decir, haciendo lo posible que sea pertinente a la información ofrecida en el discurso.

El diálogo instituye una interacción, un vínculo entre remitente y receptor, esto es, una especificidad de signos consonánticos y vocálicos entrelazados con gestos en los que actúa la sinergia entre órganos físicos y procedimientos mentales. La relación cuerpo y mente trasluce en los significados que sobre el mundo comparten los dialogantes.

Ahora, el intercambio de ideas, de frases, se realiza en el plano no sólo de los conceptos puros de la filosofía, la ciencia, la tecnología, la comunicación, sino además en el de la imaginación, pues con ella la singularidad de las experiencias cobra una razón más clara al llevarlas a los signos lingüísticos frecuentemente empleados.

Por supuesto, un diálogo en el que los abusos lingüísticos exageran las experiencias descuida el poder de la palabra y establece una arbitraria contradicción entre pensamiento y realidad. Todo acto de entendimiento y significación está íntimamente implicado con todo lo que se sabe del entorno. Por eso, describirlo de manera fácil o compleja precisa cualidades cognitivas y afectivas con las cuales tal saber se forma. Estas cualidades son esenciales al hombre antes de llegar a una interpretación; de hecho, en ese respaldo no son artificiales, y deberían cavilarse tales solamente en la reconstrucción de la creatividad.

La reconstrucción de la creatividad radica en la comunicación de las ideas a través del habla como ejercicio coparticipado. Hablando, dialogando, el hombre práctica los empleos de las formas semánticas con las que elabora argumentos sobre la comprensión de lo existente.

Esta elaboración de argumentos consiste en la coalición de contextos y palabras en el lenguaje científico, filosófico y ordinario. Tanto uno como el otro busca en lo posible describir las circunstancias en la estabilidad de sus caracteres y evitar denominarlas como a cada quien le plazca. De este modo, la coalición de lenguajes está en el ejercicio de la corrección, pues en ella la enseñanza es compartida siempre y cuando lo primero en sobresalir no sea la clasificación de los dialogantes por sus cualidades y roles. En efecto, la corrección exige humildad, escucha, para no transformarla en un instrumento de control.

La humildad, porque todo diálogo acoge la dinámica de preguntar y responder con el objeto de asegurar en las palabras la verificación del significado de aquello por lo que se interpela.

La escucha, porque en la verificación acaece contemporáneamente la petición de esclarecimientos de términos y conceptos oscuros y difíciles, a lo cual se une la paciencia, es decir, saber esperar las respuestas sin atropellar el oído y la mente con las preguntas. Cuando sucede este atropello –premura impaciente en intuir el qué y por qué de las cosas– quien pregunta o quien responde confunde los elementos gramaticales, utiliza, por ejemplo, un adverbio cuando debería usar un adjetivo, o un pronombre cuando debiera ser un artículo. Atropellando las preguntas y las respuestas, liando el género de las palabras, sin prestar suficiente atención a las frases, se llega a este desenlace: el significado que debiera reiterar algo en concreto evoluciona en un significado de nada.

Así, en el diálogo la corrección no es un instrumento de control. Por supuesto, en esto es prioritario enmendar los razonamientos errados; pero precaviendo al máximo la pedantería del sabelotodo. En fin, hablar de las cosas en infinitos significados es una indefinición que a la larga no permite acoger alguno; además, los que interactúan con la palabra no ven cómo aproximarse a la seguridad del más correcto.

Pbro. Dr. Horacio R. Carrero C.

21-04-24