La política monetaria entubada

Por: Germán Rodriguez Bustamante…

La negligente, incapaz y corrupta administración de Maduro de acuerdo a un informe elaborado por Blommberg, está preparando una nueva reconversión monetaria eliminando seis ceros de la moneda, con el fin de simplificar las transacciones. Muy poco oxigeno logró aspiran el Bolívar Soberano, solamente un poco menos de 3 años fueron suficientes para que la singular moneda ingresará en coma entubado, como los pacientes graves afectados por la pandemia. En definitiva, una política monetaria en manos de esta jauría de ignorantes tiene un fracaso anticipado. Con toda seguridad la medida se tomará a trompicones sin estudios y medidas complementarias para que la misma puede producir los resultados deseados. En primer lugar, es fundamental realizar las adecuaciones y las pruebas pilotos, para medir la respuesta de la estructura electrónica y humana a la nueva realidad monetaria. La eliminación de ceros surge como medida necesaria para hacer posible las transacciones derivada de la elevada hiperinflación, que ha acabado con el poder de compra de la moneda.

Es innegable la necesidad de tomar medidas para perfeccionar los intercambios y evitar el costo de oportunidad del efectivo y la dolarización espontanea que se da en toda la economía nacional. Sin embargo, si la acción no es acompañada con acciones complementarias, en el muy corto plazo necesitaremos una nueva familia, ya que, la hiperinflación pulverizará el poder de compra de la misma. De hecho, actualmente circula y es aceptado un solo billete de la reconversión del 2.018, el de 50.000 bolívares, los otros tres son los emitidos este año, que tristemente se murieron sin que la mayoría de venezolanos los pudiera contemplar. Una política monetaria sana utiliza la cantidad de dinero como elemento para controlar y mantener la estabilidad económica. Los bancos centrales en el marco de sus competencias tienen como objetivos fundamentales: la estabilidad del valor del dinero para contener de precios y evitar la inflación, elevar el crecimiento económico, lograr plena ocupación y evitar desequilibrios en la balanza de pagos manteniendo un tipo de cambio estable que proteja las reservas internacionales.

El BCV actúa como compinche del régimen socavando la credibilidad institucional atesorada en el pasado por el ente, generándole a la elite burocrática que dirige al país oscuridades y nebulosas informativas, para propiciar la deformación de las realidades existentes en la economía nacional. Las políticas de controles de precios, de canales de producción y comercialización, amenazas de expropiaciones a sectores privados y las burbujas de lujos son la bitácora para navegar en esas penumbras, lastimosamente son los ciudadanos y sobre todo los asalariados, a quienes les toca la carga más pesada. El directorio del BCV subordinó su actuación al ejecutivo, renunciando a su autonomía, dejando la coordinación de la política económica en manos de una banda de malhechores. Con el cuento del millarcito y las reservas internacionales excedentarias, rasparon más de 50 mil millones de dólares de las reservas internacionales, dilapidadas y malgastadas en el FONDEM. Por otro lado, permitieron los niveles de endeudamiento del país, sin elaborar un rustico papel sobre las implicaciones de tales financiamientos. El directorio es responsable por el incumplimiento de los objetivos fundamentales del ente como son: la estabilidad de precios y el de preservar el valor de la moneda.

La política monetaria en cuidados intensivos derivado de medidas improvisadas y divorciadas del contexto donde serán aplicadas. En este momento resultaría más barato, eficiente y de fácil aplicación la dolarización de la economía, que una incompleta e inconexa reconversión monetaria, para mantener el nombre de Bolívar en una moneda en estado de agonía.  Venezuela lleva sumergida en la pesadilla de la hiperinflación desde noviembre de 2.017, que ha derivado en una dolarización espontánea como tabla de salvación. En los últimos meses el incremento de los precios ha comenzado a frenarse, lo que alimenta la esperanza de dejar atrás el mal insomnio. Desafortunadamente la plaga de la hiperinflación tardara más de los esperado, igual que la derivada del COVID-19, por manejos negligentes de los mismos actores. La salud en cuarentena y la política monetaria en retiro: la pandemia mantendrá su ritmo destructivo reportando cifras de fallecidos y contagiados, y la política monetaria lanzando a mayor número de ciudadanos a la pobreza extrema o la indigencia.

El maquillaje cosmético de la eliminación de los seis ceros no será suficiente para detener el empobrecimiento general de la población, la hemorragia de bonos distribuidos por la plataforma patria, serán la flema que taponará los pulmones de la economía. Demandando una nueva medida para esconder las arrugas de una política monetaria mal diseñada e implementada. La medida no ha sido anunciada por el BCV, sin embargo, muchas operaciones para tramites como pago de impuestos, tasas, compensaciones y transacciones normales son extremadamente engorrosos y complicados. Realidad que obliga a corregir el cono monetario para agilizar los intercambios, obviamente el incremento de las operaciones electrónicas puede disminuir los costos de la emisión de la nueva familia de billetes. La discusión no está en el tipo de reconversión monetaria, ni la cantidad de ceros a suprimir, el problema es la necesidad de implementar un programa de estabilidad económica para abatir la hiperinflación. De lo contrario serán medidas transitorias, incompletas y simplemente pasaremos del Bolívar Fuerte, al Soberano y ahora será la enclenque. En virtud del Libertador se debe pasar a una dolarización formal y dejarlo descansar en paz, sin que pase mayor vergüenza.         

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