Digo «leamos nuestro país», es decir: aunque contamos con nuevas técnicas de explicación y visualización de la diversidad territorial de nuestra amada Venezuela —región capital, central, centro-occidental, zuliana, los andes, los llanos, nor-oriental, insular, Guayana—, no tenemos únicamente una extraordinaria importancia (evitemos los regionalismos), sino neoformaciones autóctonas:

  • Circuito Teatral Emergente del Eje Bellas Artes-Chacao (Capital)
  • Clúster Agroindustrial de Economía Circular (Central)
  • Redes Agroecológicas y de Torrefacción Artesanal en Lara y Portuguesa (Centro-occidental)
  • Emprendimiento de Generación Energética Híbrida Comunitaria (Zuliana)
  • Rutas Agroecoturísticas de Altura (Andes)
  • Redes de Distribución Directa de Lácteos Artesanales (Llanos)
  • Acuicultura Comunitaria Sustentable de Moluscos (Nor-oriental)
  • Formatos Gastronómicos de Rescate Marino (Insular)
  • Sistema de Microeconomía Forestal No Maderable (Guayana)

Estas neoformaciones guardan nuestra idiosincrasia y nuestra localización única y precisa en el universo: en la parte septentrional de América del Sur.

Esta localización, su estructura geológica, geopolítica, la riqueza del suelo, la fauna, la vegetación y las aguas dulces y saladas —en lugar de someternos a envenenamientos o emponzoñamientos por injerencias tanto endógenas (desde dentro) como exógenas (desde fuera), provocadoras de un hedonismo nacionalista por el cual los venezolanos no nos tomamos en serio a nosotros mismos— deben servirnos para apoyarnos en la soledad más profunda, sustancial y sonora para la toma de decisiones cruciales.

Por eso, la otra parte del título, «el lugar donde adquirimos y equilibramos nuestra armonía funcional», nos señala que, después de tanto cambio, tanta tecnología y tanta crítica, volvamos la mirada al venezolano. Él nos sigue enseñando y demostrando desde Venezuela qué es lo verdadero y qué es la justicia.

Esta forma de leer, que podemos llamar neoforma, no está desglosada en largos relatos emancipatorios o especulativos (los de adentro, los de afuera) como si fueran relatos únicos y uniformados. Se compone de las acciones de todo un país —nuestro país, como asentamos en el título— que busca un equilibrio regional, nacional y mundial. El logro de dicho equilibrio no lo descargamos totalmente en lo tecnológico ni en lo burocrático, sino en un medio humano, biótico y místico en el cual interactúan desde el campesino hasta el profesional, desde el maestro hasta el sacerdote, y desde el niño hasta el adulto mayor.

Desde luego, con ello no solo perseguimos el conocimiento por el conocimiento, ni la inversión de dinero en investigaciones buscando fuertes dividendos; perseguimos la firme intención y resolución de transformar la sociedad mediante nuestras cualidades nativas, suficientemente ensayadas, hacia la consecución de un adelanto donde el individuo no sea un simple número o un ente de producción, sino un ser originario con dignidad intrínseca. En efecto: Leamos nuestro país como el lugar donde adquirimos y equilibramos nuestra armonía funcional.

20-08-26

Pbro. Dr. Horacio R. Carrero C.

horaraf1976@gmail.com