Miseria caribeña 2021

Por: Ramsés Uribe

Top secret. (Ultra secreto). ¿Es verdad que la pobreza devora a Venezuela? ¿No será una burda exageración de un grupo minoritario con intereses inconfesables? Lo que está sucediendo con la presencia grotesca y bochornosa, aparte de indignante, situación de empobrecimiento al parecer indetenible del pueblo venezolano, no es un sotto voce (secreto en voz baja). La actual emergencia humanitaria compleja más la pandemia agravan el cuadro de la miseria nacional y de todo el resto del mundo. La Comisión Económica para América Latina, Cepal (2021) estima que la “pandemia provoca aumento en los niveles de pobreza sin precedentes en las últimas décadas e impacta fuertemente en la desigualdad y el empleo”. Los datos aportados por la Encovi y el Observatorio Venezolano de las Finanzas (2021), denuncian la escandalosa cifra de 90% de la población en situación de pobreza. Por si esas noticias fueran poca cosa, la guinda del pastel lo trajo este año el índice de miseria de Hanke (Hami), publicado por National Review en el que nuestro país ocupa la primera posición (3827,6) por su altísima inflación (hiperinflación de 3713,3%), alto desempleo (50,3%), escasos préstamos bancarios  (33,1%) y el bajo crecimiento del producto interno bruto, PIB (-30,8%). Lo siguen en la lista Zimbabue, Sudán, Líbano, Surinam, Libia, Argentina, Irán, Angola y Madagascar.

Es una verdadera pena que nuestro país se ubique en los peores índices sociales, económicos y políticos del mundo. Este medieval holocausto social de Venezuela no es casual, sino del todo causal. El origen es el pillaje socialista tolerado y aplaudido por gente veleidosa y sin un mínimo sentido de identidad nacional en estos poco más de veinte años que coloca al país en una situación comprometida con grave peligro para la población indefensa frente a la embestida brutal del régimen adorador de la ignominia y productor de múltiples carencias. La pobreza no es por culpa exclusivamente de la pandemia y las sanciones contra el país porque antes de eso ya había miseria y demás penurias sociales.  

La estratificación social imperante en todas partes del globo terráqueo, ocurrida a lo largo de la historia de la civilización ha marcado la cotidianidad con la división de clases sociales. Este infame invento humano en parte ha causado la indigencia social.  Aunque el coloso del pensamiento, Aristóteles, advirtió hace siglos que en todo Estado hay tres clases sociales: la rica, otra muy pobre y la que se encuentra entre las dos, hoy día la desigualdad continúa y en forma aplanada como se refieren a cierta estabilidad de la pandemia, la clase arruinada que se apoderó casi de las otras dos clases sociales en la totalidad del planeta entero. Se exceptúan los dueños de las grandes corporaciones multinacionales que vieron aumentar sus ganancias, como Amazon. El personaje bíblico más importante de la historia, el Señor Jesucristo, pronosticó acertadamente que los pobres estarían siempre entre nosotros (Mateo 16:11). Indefectiblemente así es y ha sido. Carlos Marx desgraciadamente atinó también algunos de sus vaticinios sociales en occidente y sobretodo en la Venezuela actual: la clase media desaparecerá, la clase trabajadora llegará a una pauperización progresiva, la propiedad se concentrará en pocas personas y los proletarios dirigirán la sociedad.  

En esa oprimida dirección, Vanessa Cartaya (2001) afirmó que en los años ochenta y noventa había un “impresionante deterioro de la situación social, que ha sumido en la pobreza a millones de venezolanos”.  La miseria creció significativamente; la encuesta social Enso98 indicó que cerca de un millón de hogares no contaba con recursos para alimentarse y representó el 42%.

Como se puede percatar, la pobreza es otro virus de vieja data que urge combatir también con todo el arsenal social posible. Luego de un par de décadas con el socialismo cancerígeno sigue el problema. Es verdad que en el pasado democrático hubo pobreza pero nunca llegó a los niveles dantescos de este 2021. En la continuidad de la miseria social la seguridad alimentaria ya no es tal porque es bastante insegura, no garantiza la calidad, variedad y cantidad de alimento como antes. Los transportistas, productores e industriales agropecuarios no pueden trabajar de manera efectiva para el beneficio del pueblo caribeño.   

Es inconcebible que un país otrora rico en todo tipo de recursos, ahora sea pobre por la corrupción y su manejo inadecuado.  Donde antes había recursos hídricos (agua) abundantes para el país y para exportar, petróleo para producir, refinar y exportar y por extensión para generar riqueza en divisas (los apetecibles dólares),  ahora no hay combustible, gasolina ni para una fogata. La deforestación forestal es otro de sus efectos pues muchos no pueden ni cocinar con gas. Y lo más lamentable, donde antes había gran cantidad de compatriotas para empujar el progreso nacional ahora se han marchado millones de venezolanos productivos con sueños hacia un destino incierto como el que dejaron atrás.

La peor miseria es la mental y espiritual. La mendicidad material es un impedimento para el futuro del país, de la infancia hoy abandonada, desnutrida e ignorante. La pobreza mental obstaculiza todo cambio social. Sólo la voluntad y conciencia cívica con una buena porción de virtud y solidaridad, productividad y competitividad del país puede sacarnos pronto adelante, Dios mediante, una vez que cambie tanto la mentalidad caduca y de un sistema político como el que conocemos por uno mejor y de corte democrático como debe ser. En este sentido, una clave bíblica recomienda: “Porque no faltarán menesterosos en medio de la tierra; por eso yo te mando, diciendo: Abrirás tu mano a tu hermano, al pobre y al menesteroso en tu tierra”. (Deuteronomio 15:11). Por lo tanto, hay que ayudar a los chavistas y afines que también andan pelando, al menos los que no están en la cúpula del poder.

Correo: ramaseum@yahoo.com

25-05-2021