Muere el Bolívar soberano

Por: Germán Rodríguez Bustamante…

El BCV es una institución en la cual la sociedad delego la capacidad de emitir dinero y de regular el nivel de crédito de la economía, en consecuencia debe adoptar medidas de política monetaria  para procurar una inflación baja y estable, para preservar el valor de la moneda. La Constitución de La República Bolivariana de Venezuela, en su artículo 319, establece la obligación del BCV de rendir informes periódicos sobre el comportamiento de las variables macroeconómicas del país y sobre los demás asuntos que se soliciten, e incluirán los análisis que permitan su evaluación, el incumplimiento sin causa justificada del objetivo y de las metas, dará lugar a la remoción del directorio y a sanciones administrativas, de acuerdo con la ley. Ante la ausencia de una política monetaria, el BCV actúa como cómplice de la Tiranía socavando la credibilidad institucional atesorada en el pasado por el ente. Permitiendo que la elite burocrática que dirige al país construya oscuridades y nebulosas informativas, para propiciar la  deformación de  las realidades existentes en la economía nacional.

En la Venezuela revolucionaria el precio de nuestra moneda ha sufrido una devaluación acelerada, llegando al extremo de gozar de muy poca aceptación por parte de los actores económicos, sean estos corporativos o individuales. Las correcciones monetarias sirvieron para intentar ocultar el descalabro, fueron 8 ceros que fueron eliminados del signo monetario, si los colocamos en el valor del dólar en este momento, mínimo podemos quedar cegados. En este momento más del 80 % de las transacciones que se realizan en el territorio son en moneda extranjera (dólares o pesos), teniendo mayor peso dependiendo de la ubicación geográfica donde se pactan. El Bolívar Soberano ha perdido terreno como medio para perfeccionar intercambios, el régimen por su manejo deficiente lo permite, renunciando a su obligación constitucional. La Tiranía observa el mercado y utiliza a los venezolanos como experimento en esta trágica comedia del mercado cambiario. Desde el 2.003 cuando comenzó el control cambiario, se instrumentó un mecanismo sofisticado para saquear las riquezas de la Nación, dejándola en la ruina total. El sistema diferenciado de tipos de cambio, facilito la sustracción de las divisas derivadas del ingreso petrolero y los financiamientos recibidos, recursos que fueron acumulados en cuentas individuales. La nula inversión de las divisas recibidas en la tragedia socialista, originaron la precariedad de los servicios públicos que tiene el país en este momento. 

La manipulación del valor de la moneda local y la dolarización consentida por el régimen, ha producido burbujas de confort y lujo en el territorio nacional. Conviven dos realidades: una protegida de las inclemencias económicas y sociales con sistema de soporte para mitigar el costo de la vida y las deficiencias de los servicios públicos, y otra golpeada por la crisis comiendo de la basura, alumbrándose con velas y cocinando con leña. En 21 años de revolución socialista, las brechas entre los ricos y los pobres son cada día  más anchas. La clase política dominante, aislada del mundo debido a las sanciones políticas y económicas impuestas por buena parte de las democracias occidentales, se abriga en las principales ciudades: Caracas, Maracaibo, Valencia, Barquisimeto, Puerto Lacruz y Puerto Ordaz. Viven y mercadean con moneda extranjera, compran autos y casas de lujo, se exhiben en comercios llenos de mercancía importada. El resto del país sobrevive con deficiencias en los servicios públicos, combustible, transporte, así como la falta de alimentos, medicinas y trabajos bien remunerados. La Venezuela esquelética depende de su moneda local, el bolívar enclenque o de la buena voluntad de algún pariente que, desde el exterior, envíe dinero. No todo el mundo tiene benefactores generosos.

Desde inicios del mes de noviembre de este año, la devaluación del Bolívar en comparación con el dólar paso de 542.413 bolívares/$ el 01 de noviembre, a 691.680 bolívares/$ el 13 de noviembre en el marcador paralelo, y en el oficial de 519.082 bolívares/$ a 646.322 bolívares/$. Lo que traduce una devaluación del 27,51 % en el paralelo y del 24, 51 % en el oficial, en conclusión no existe una guerra económica, la devaluación del signo monetario es estimulada por el propio ente emisor. Para completar su descalabro y reconocer su responsabilidad en la muerte del Bolívar Soberano, el crecimiento de la liquidez monetaria en el mismo periodo estuvo por arriba del 25 %. La hemorragia de bonos, compensaciones y tímidos anuncios de salarios mínimos, financiados con dinero inorgánico estimula la presión sobre el tipo de cambio.

Los anuncios de cotillones electorales de la farsa montada y de las navidades felices en el marco de la pandemia con la repartición de migajas, desato un virus más mortal que el COVID-19, la hiperinflación, que produce hambre, miseria y muerte. Este régimen terminara de sumergir al Bolívar Soberano con su incapacidad y negligencia en el manejo de la política monetaria, y tristemente el BCV actúa como cortesana tasada, renunciando a su independencia y autonomía. Las proyecciones económicas no son alentadoras, el PIB caerá  otro 25% este año, sumado al 70 % acumulado desde el 2.013. Una Nación sin ahorros, sin capacidad de obtener fondos en los mercados internacionales, sin estructura productiva, con una destrucción institucional irreversible enterrará en las fosas tenebrosas del socialismo del siglo XXI al signo monetario. El Bolívar devaluado a fuerte y sepultado en soberano. La economía sigue en un estado precario, para hablar de una recuperación es necesaria una reforma completa en la economía, que inevitablemente pasa por un cambio político.

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