Ni héroes ni soldados…los batas blancas (Parte II)

Por: Rosalba Castillo R…

Luke Skywalker tenía a Obi Wan, Frodo tenía a Sam, Harry Potter tenía  a Ron, Batman a Robín, Thor tenía a Martillo, aún Hulk necesitaba de sus  amigos, Los Avengers, entonces por qué nuestros héroes tienen que sufrir solos” y morir  finalmente  para subir al cielo convertidos en los  Ángeles de Blanco? Los médicos son  una especie en extinción. Quien atenderá a los que lleguen a los hospitales si poco a poco el equipo sanitario  va muriendo? En fin, quién nos atenderá si los centros  de atención  cierran sus puertas por el fallecimiento de su  personal.

En algunos países son reconocidos como los grandes héroes de la lucha global contra el coronavirus. Se les aplaude. Pero ese reconocimiento no pasa de ser virtual o cargado de un gran romanticismo. Se les reconoce lo que hacen pero no a ellos, como los seres humanos que hay debajo de su bata blanca. Esos mismos médicos hoy día son los más expuestos a la discriminación. Pero el  virus no discrimina.

Trabajando en la emergencia siempre están bajo presión. Ahora, adicionalmente aquello que intentan combatir podría ser un factor de muerte. Las tasas de mortalidad  han sido alarmantes en todo el mundo. Este virus parece afectar muy particularmente al personal de la salud, a pesar de lo  jóvenes que son. En estos momentos enfrentan esta gran batalla casi sin protección, sin recursos y bastante agotados. Afectando de esta manera un recurso humano insustituible. Los batas blancas no quieren ser héroes de cementerio sino que se les reconozca como los más vulnerables y en situación de riesgo.

Cuando decidieron ser médicos olvidaron su juventud sólo por dedicarse a estudiar. Con una fuerte  carga académica, ingresaron a  la  Facultad de Medicina. Con maestros muy exigentes y en ocasiones intolerantes  así como compañeros  competitivos, viven bajo presión, olvidándose inclusive de sus propias vidas. Logran  su título de Médico Cirujano, su vida laboral comienza con la rural donde comparten con las comunidades, pasando luego  al internado. Guardias y guardias. Llegan posteriormente  a la residencia  de postgrado. Más guardias y trabajo. Últimamente deben ser apadrinados para poder continuar sus estudios. La gente del hospital se convierte en  su familia pues viven allí. No duermen, no se alimentan adecuadamente, padecen de insomnio, estrés, depresión, ansiedad y muchos terminan enfermándose y estando solos.

Ser médicos llega a ser una forma de vida difícil. Solo saben ser médicos y enfrentan cualquier contingencia para ayudar a sus pacientes. En nuestro país ya no estamos en los tiempos donde ser médico era un honor.Se les etiqueta de mercaderes de la salud. Se les impusieron médicos de otra nacionalidad que nunca realizaron estudios superiores como ellos. Se les pagan sueldos de miseria. Hasta hoy no se había visto una movilización por los héroes. Centenares de ellos huyeron. Otros países los recibieron sin haberlos formado. El costo de  un médico es elevado para cualquier nación. Hoy en día están en la primera línea de otros hospitales fuera del país  dando la batalla. Aquí en cambio, muchos  están presos. Se exponen diariamente a contagiarse del virus. Todos hacen lo mejor que pueden.No solo es la pandemia sino ejercer en un país donde la salud no es la prioridad.

Médicos Sin Frontera declara: “Trabajar en 3 grandes ejes: apoyar a las autoridades sanitarias para ofrecer mejor atención a los pacientes COVID-19, proteger al personal vulnerable,  en riesgo y mantener en funcionamiento los  servicios médicos esenciales”. Esa es la fórmula para controlar sanitariamente la expansión del virus y a la vez ofrecer tratamiento médico a quienes se contagien. Es imprescindible proteger a nuestros doctores.  No podemos permitir que pasen de ser médicos a pacientes del COVID-19.  

En todo el mundo la gente de la  salud necesita, con carácter de urgencia, equipos  de protección individual(EPI). La escasez de estos materiales de bioseguridad,  indican la fragilidad del sistema de salud de la mayoría de los países.No es posible que luego de haber vivido varias pandemias aun no podamos disponer del material necesario para protegernos adecuadamente.

El virus ha traído una carga emocional muy alta especialmente para la gente de las emergencias y los  cuidados intensivos. El temor a contagiarse siempre está presente. Se le  tiene más miedo al contagio que al virus. Por eso han desarrollado trastornos obsesivos compulsivos por la desinfección. Ataques de pánico al llegar a sus casas. A lo cual se le agrega  la inseguridad del equipo, los permanentes escándalos en la entrega de materiales de bioseguridad, los turnos prolongados, las muertes de pacientes y de colegas. Están agotados y con un  sistema colapsado. Se están enfermando más que los pacientes. Las estadísticas son cada vez más altas. Bailan la danza de la muerte  al ejercer su trabajo y aún así los enviamos al cielo con el título de Ángeles de Blanco.

rosaltillo@yahoo.com

“Ojala  me contagie de una vez. Ojala me contagie al final. Ojala me contagie cuando haya vacuna. Ojala me contagie yo solo y no mi familia .Ojala que cuando me contagie no necesite respirador”Anónimo