No hay tregua para la Iglesia en Nicaragua

Adviento y Navidad son dos tiempos del año litúrgico católico especialmente destinados a la
reflexión de los misterios del amor de Dios que se humaniza en la persona de Cristo, naciendo en la humildad de la gruta de Belén. Pero estas festividades en medio del año 2023 tienen una connotación particular, primero, la propia Tierra Santa enfrenta una situación de guerra atizada por un extremismo que cada día adopta formas y estrategias más despiadas, tal y como pudimos ver en los hechos del pasado 7 de octubre, y, por otro lado, la guerra ruso-ucraniana lamentablemente sigue sin posibilidad de alcanzar un desenlace definitivo que ponga fin al conflicto cainita.

Estos y otros escenarios que desafían la paz fueron recordados por el Papa Francisco en el mensaje “Urbi et Orbi” del pasado 25 de diciembre de 2023 1 , donde reiteró con la fuerza de la palabra del sucesor del ministerio petrino que: “Entonces, decir “sí” al Príncipe de la paz significa decir “no” a la guerra, y esto con valentía, decir “no” a la guerra, a toda guerra, a la misma lógica de la guerra, un viaje sin meta, una derrota sin vencedores, una locura sin excusas”.

Llama poderosamente la atención el uso del termino “lógica de la guerra”, puesto que en el razonamiento de muchas personas la guerra no tendría porque tener una lógica, es intrínsecamente un fracaso. Sin embargo, paradójicamente la guerra efectivamente tiene una lógica, que es nefasta y perversa, y lo hemos visto a lo largo de la historia cada vez que se inician las hostilidades en bandos que invocan sus “razones” y por tanto construyen sus propios discursos, que se traducen en unas “lógicas propias” que justifican lo que parece no tener justificación: la guerra. Por eso, la lógica de la guerra implica “un viaje sin meta, una derrota sin vencedores, una locura sin excusas”. Contra la guerra surge la figura del Príncipe de la Paz, al cual cantó el profeta Isaías, y  cuyo reinado implica que ya no “no levantará la espada una nación contra otra”; y por lo tanto los hombres “no se adiestrarán más para la guerra”, por el contrario “con sus espadas forjarán arados y podaderas con sus lanzas” (Cfr. Is. 2,4).

Se desprende del mensaje del Papa Francisco que, lamentablemente, la lógica de la guerra
instrumentaliza la violencia a través de las armas, una industria que es tan antigua como la
profesión de los herreros que desde la antigüedad forjaron espadas, pero que en el XX surgió por todas partes con característica inusitadas y en los albores del siglo XXI sigue su carrera dirigida a crear armas cada más sofisticadas y con una aterradora capacidad de destrucción. El comercio de armas que alimenta la guerra, hace disponibles para la venta todo un arsenal que, ya sea por vías legales o subrepticias, permite que los diversos tipos de extremismos encuentran allí sus formas de concretar el odio, pues como señaló el Papa: “Pero para decir “no” a la guerra es necesario decir “no” a las armas. Porque si el hombre, cuyo corazón es inestable y está herido, encuentra instrumentos de muerte entre sus manos, antes o después los usará”.

Hechas estas precisiones acerca del mensaje que el Papa Francisco nos dejó en esta Navidad, debemos trasladarnos a otros escenarios de conflicto, pues no solo la guerra en diferentes lugares de la tierra impide a los pueblos disfrutar de la posibilidad de desarrollarse integralmente por caminos de concordia y progreso, sino que la intolerancia religiosa, hace difícil la convivencia. En tal sentido, no podemos dejar de pasar por alto un caso muy cercano a nostros, se trata de los ataques a la Iglesia en Nicaragua.

El gobierno nicaragüense, presidido Daniel Ortega, quien ya gobernó el país entre 1984 hasta 1990, y luego se ha mantenido ininterrumpidamente en el poder desde 2006 hasta la actualidad, mantiene un escenario de conflicto con diversas instituciones, y una de ellas es la Iglesia Católica. En el año 2022 las tensiones comenzaron con mayor fuerza, estableciéndose medidas que limitan la práctica libre del culto católico, y llegando a su máximo desencuentro con enjuiciamiento y condena del obispo de la Diócesis de Matagalpa, Mons. Rolando José Álvarez, privado de libertad desde 2022, y sentenciado a 26 años de prisión por traición a la patria a comienzos de 2023. Pero justo ahora, en un momento, en momentos en que la Navidad invita a la concordia y la paz, el pasado 20 de diciembre, el obispo de Siuna, Mons. Isidoro del Carmen Mora Ortega, es detenido junto a dos seminaristas por hacer oración por el bienestar de Mons. Rolando Álvarez y de su comunidad en
Matagalpa.

A esta situación, se han sumado otras irregularidades que suceden en el marco de las jornadas de oración propias de este tiempo y que nos llaman reflexionar, especialmente cuando se detiene a un Obispo que, en el ejercicio de su propio ministerio, canónicamente instituido y cumpliendo a cabalidad con su función de pastor y profeta, se le juzga no por elevar su voz en un discurso, sino que se le acusa por rezar. Cuando se detiene a un Obispo por cumplir con su misión, se actúa contra el cuerpo orgánicamente constituido de la Iglesia, cuya cabeza es el Obispo de Roma, pero cuyas partes de siembran como Iglesias locales por todo el mundo. Retener a un Obispo por rezar es como detener a una persona por respirar, pues la oración es para el creyente una bocana de aire que alienta
a los pulmones en un impulso de vida.

A la luz de los hechos podemos decir que la Iglesia en Nicaragua pasa por las angustias que a lo largo de la historia los testigos de la fe de Cristo han tenido que experimentar de diversas formas. Es difícil comprender que se penalice los sentimientos expresados en forma de oración, algo que no es solo propio de cristianismo, sino que se extiende como eje transversal por todas las grandes religiones, y que se manifiesta de diversas formas. Con la oración, el creyente manifiesta sus anhelos al Creador y no busca otra cosa que hacer eco de las necesidades personales o grupales de aquellos que se reúne como “comunidad de creyentes”, y precisamente, como creyentes, seguimos atentos a la Iglesia cuyo peregrinar en tierras nicaragüenses se hace difícil y complejo, y reclama
más oración y solidaridad.

Por Ricardo R. Contreras

28-12-2023