Nuestros pastores de la Iglesia católica ejemplo de valentía y justicia social.

El domingo 29 de agosto, se hizo viral en las redes sociales y medios de comunicación nacionales e internacionales, el incidente que tuvo el Obispo Auxiliar de Mérida, Luis Enrique Rojas, conocido cariñosamente como el padre Kike, con efectivos de la Guardia Nacional Bolivariana, quienes de forma arbitraria, poco respetuosa e intolerante, trataron de evitar que la ayuda humanitaria, que el propio Monseñor llevaba a las zonas afectadas por las torrenciales lluvias acaecidas en la zona del Mocotíes, llegara a su destino. Fue, justamente, en una de las regiones más azotadas por las tormentas, la  población de Tovar, donde el pastor de la Iglesia tuvo que sacar a relucir todo el coraje y el valor para con palabras y acciones bien ponderadas, pero contundentes, esos funcionarios entraran en razón. No fue una cruzada fácil la que le tocó librar a nuestro padre Kike, porque esos señores bien armados, con sus uniformes verde oliva y talantes déspotas, pretendían mantener la negativa para dejar pasar las donaciones, porque según ellos, tenían “órdenes superiores”. Sin embargo, el obispo no se amilanó, no le tembló la voz y con su crucifijo en el pecho, su fuerza de carácter, asistido por la verdad y la probidad,  además con apoyo cercano de la comunidad, logró finalmente hacer valer los derechos de esa gente tan necesitada, tan vulnerable: hambrienta, sedienta, enferma, conmocionada de ver cómo en un momento aciago, el barro cubrió sus viviendas, sepultó a muchos de sus pobladores y los llenó de incertidumbre y temor.

El padre Kike, es un merideño ejemplar. Su feligresía ya está acostumbrada a verlo a lomos de un burro o de un caballo. En la tolva de un camión o en cualquier vehículo que lo pueda llevar a donde  se requiera de su presencia. Es un hombre amable, conversador, solidario con los problemas que sufren los venezolanos en la actualidad, pero también es un hombre con una profunda vocación religiosa que se apega a las enseñanzas de Nuestro Señor, y cumple cabalmente con su función de pastor de la Iglesia. El padre Kike, sin proponérselo, es hoy una figura aún más admirada y respetada por millones de personas en el mundo entero porque con dignidad y sin perder la calma, pudo exorcizar los demonios de la incomprensión, el abuso de poder, la intolerancia y la falta de educación de esos efectivos que actuaron de forma incomprensible y absurda, pero… como dijo Jesús de Nazaret: “Padre perdónalos porque no saben lo que hacen”.

Al Obispo Auxiliar de Mérida lo felicitamos y le damos las gracias más sinceras por su labor y su tenacidad para cumplir con la hermosa misión que Dios le encomendó.

Opresores del Justo

Por su parte, Monseñor Mario Moronta, Obispo de San Cristóbal, escribió una reflexión que contiene un análisis profundo de la realidad que se está viviendo ante los constantes abusos de la fuerzas del orden público contra el pueblo al que debe proteger. Es una pieza magistral que debe ser leída  por todos los que vivimos en este país y sobre todo que llegue a las instancias del poder político que son quienes deben poner correcciones y enmendar los errores que se cometen a diario. En su carta, Monseñor Mario Moronta, señala, entre otros temas: ”Nos ha llamado poderosamente la atención cómo funcionarios de la GNB intentaron evitar que se pudiera recibir ayuda que estaba destinada a los damnificados y que había sido llevada por el Obispo Auxiliar y personal de Cáritas y de otras Instituciones… La forma como fue tratado el Obispo Auxiliar desdice de la educación que pudieran haber recibido alguna vez dichos funcionarios.

Da vergüenza- señala Monseñor Mario Moronta – lo que está sucediendo y que es reflejo de una situación que se ha hecho costumbre en todas las alcabalas y puntos de control en cada rincón del país y en todas sus carreteras…Así mismo, en el mensaje,  hace un exhorto en los siguientes términos: “En el nombre de Dios, les hacemos un llamado a esos funcionarios para que se pongan, de una vez por todas, del lado del pueblo, de donde han salido y del cual forman parte sus familiares. ¿Por qué aumentan el sufrimiento y la desesperanza de un pueblo golpeado por una tragedia, atendiendo a supuestas órdenes superiores divorciadas del bien común del pueblo?…”

Una vez más la Iglesia católica y sus representantes alzan su voz de protesta ante las injusticias y muestran su solidaridad con la feligresía, sin temor a represalias y movidos por la fuerza del amor al prójimo y a su vocación sacerdotal.

Todo el país, espera rectificaciones, espera que se acaben las figuraciones personales o partidistas en momentos en que Venezuela está sufriendo no solamente por las inclemencias del tiempo, sino también por la gran brecha que, lamentablemente, está presente entre quienes han sido presa de odios y divisiones. Pues, no señor, todos somos venezolanos, respiramos el mismo aire y nos necesitamos los unos a los otros para juntos lograr una nación prospera, con igualdad de oportunidades y con capacidad de respuesta ante las dificultades.

Redacción: Comunicación Continua-Arinda Engelke

31-08-2021